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Abominable

Genero: Terror

 Sinopsis

Año 888 d.C.: ¡Los vikingos han conquistado Inglaterra
Solo el joven rey Alfred de Wessex se sostiene de pie de lucha, mas no va a poder resistir por bastante tiempo el embate del contrincante. Desesperado por salvar al reino, el arzobispo Aethelred recurre a unos viejos conjuros para crear un ejército de bestias infernales capaces de derrotar al

sanguinario invasor. Cuando Alfred se rechaza a usar las artes oscuras y encierra al desquiciante hechicero, este escapa y, en su escapada, transforma en monstruo a cualquiera que ose cruzarse en su camino, sembrando el país de horribles abominaciones. Solamente Wulfric, un noble caballero, tan humilde como gran guerrero, va a poder salvar a Inglaterra de la nueva plaga que la amenaza, si bien para esto deba poner bajo riesgo su cuerpo, su vida y su alma…

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Batallas épicas, criaturas horripilantes, honor, magia, sangre y amor. Así es el enigmático planeta medieval creado por Gary Whitta, argumentista de Rogue One: A Star Wars Story, y de la mejor adaptación para juego para videoconsolas de la serie The Walking Dead

Ficha técnica

  • Título: Abominable
    Autores: Gary Whitta
    Tamaño: 1.54MB
    Nº de páginas: 439
    Idioma: Español

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Wulfric se sentó cruzado de piernas en el centro de aquel prado cubierto de
césped. Examinaba distraído una curiosa flor que había cortado, un tipo que no
había visto ya antes y no podía identificar. Un instante apacible, de los pocos
que le habían tocado en múltiples meses, salvo por el tiempo de sueño y eso
apenas, puesto que las horas de la noche estaban infestadas de pesadillas que se
reproducían a su antojo en su cabeza. Por eso procuraba algo de paz
toda vez que se hallaba con un momento de apacible soledad, como este. Sin
embargo, en honor a la verdad, el no tener exactamente en qué ocupar su psique le volvía más bastante difícil
ignorar ese dolor del que no podía aliviarse.
Meses una vez que aquella bestia irregular lo hubiese atacado en las

mazmorras, Wulfric llevaba todavía la herida en torno a su muñeca, tan fresca
tal y como si se la hubiesen hecho el día de ayer. Había probado todos y cada uno de los linimentos y
tratamientos conocidos, mas aún la sentía arder bajo el vendaje con el
que la cubrió. En ocasiones tenía la impresión de que la lengua de la bestia proseguía allá,
un apéndice espectro envolviendo su muñeca como un grillete al rojo
chamuscando su carne. Porque esa era otra característica de la magia negra de
Æthelred: heridas que se resistían a curar pese al tiempo y de los antídotos.
El sonido de pasos tras él lo sacó de su ensimismamiento.
—Los soldados preguntan si deben sentarse acá toda la mañana
o bien si planeas darles una orden de ataque en algún instante —dijo Edgard.

Desde abajo, Wulfric levantó la mirada cara su compañero. De exactamente la misma
forma en que Wulfric era uno de los pocos hombres en el reino que se había
ganado el derecho a hablarle al rey como su igual, Edgard se contaba entre los
pocos que gozaban de un privilegio afín con Wulfric. Cualquier otro
soldado en Inglaterra, incluyendo los oficiales de más alto rango, se dirigían a
Wulfric con un grado de adoración que volvía imposible mantener con ellos
cualquier género de plática útil y franca. Pero no era de este modo con Edgard, un caballero
que, como Wulfric, había sido un plebeyo alistado en el ejército de Alfred. Había

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