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¿Crees que es buena para ti? – J.G. García

 Sinopsis del libro 

La historia de un joven que después de haber vivido una tormentosa relación, se enfrasca en una vida llena de dolor, sufrimiento, desengaños y vicios. Todo empieza a cambiar cuando se da cuenta del rumbo que va llevando su vida, después de tomar la decisión de cambiar, el destino le tiene preparado una agradable sorpresa, sin embargo la vida no siempre es color de rosa y no todo sale como él esperaba.


Ficha técnica del  libro

  • Título: ¿Crees que es buena para ti?
    Autores: J.G. García
    Tamaño: 0.67MB
    Nº de páginas: 572
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro Gratis ¿Crees que es buena para ti? – J.G. García

Esta es la parte de mi vida, en que empezaba a entrar en razón, a darme
cuenta de las cosas y de algunos errores que había cometido y que estaba
cometiendo.
Capítulo 6:
Entrando en razón
Mi vida parecía un gráfico de análisis financiero muy deplorable, de
haber estado en la cima, mis acciones se habían desvalorizado tanto, que
habían caído a sus mínimos históricos, sentía que mi vida no valía, muchas
veces pensé en la manera más fácil de acabar con todo esto… ¿Se imaginan
en que pensé?… Sí, había pensado en el suicidio.
Y ahí estaba yo, un sábado por la tarde, vendiendo mis cosas y
recolectando lo último que tenía para irme a vivir a la casa de mis padres. No
era fácil regresar ahí, no me sentía con derecho de estar ahí, después de que
habían gozado de una muy abastecida desatención por mi parte. Pero la
necesidad de no tener a donde ir, y peor aún sin empleo, me obligaban a
hacerlo.

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Como todo padre y madre, me recibieron con un abrazo, una sonrisa,
alegres y felices de tenerme en casa, entonces les dije…
— ¿Puedo quedarme un tiempo en su casa?…
Hubo un breve tiempo en que estuve con la cabeza agacha y en silencio,
y escuche las palabras de mi madre…
— No seas tonto, esta también es tu casa hijito…
Me abrazó, y si no lloraba era porque yo, días antes, le había dicho a
reniegos, que llorar no solucionaba nada. Mi madre era una persona muy
sensible y amorosa, quizás de ella heredé ese sentimentalismo. Mi padre por
otra parte no era una persona tan fría, pero me dio un abrazo, no me dijo
nada, pero sentí su apoyo. No sólo moral, sino también con acciones, mi
padre dejo de usar su habitación para dármela a mí.

Esa noche en que llegué, entre al baño, y me vi en el espejo, mire mi
rostro demacrado y con los pómulos hundidos, luego salí y en el espejo de
cuerpo completo, miraba mi figura muy delgada, no me había percatado de
ese detalle, y cuando tome la balanza y traté de obtener un registro de mi
peso… me daba con la sorpresa de que estaba muy por debajo de lo normal.
Me acosté en la cama, y mirando al techo color gris de la habitación de
mi padre, recordaba una pregunta después de mucho tiempo…
— ¿Crees que es buena para ti?…
Esta vez empezaba a buscar respuestas diferentes, entonces recordé, las
cosas que ella había hecho por mí, y encontré muy pocas, después de un buen
rato pensando, recordé otros hechos, unos que me hacían entender y ofrecer
un poco de razón a lo que estaba enfrentando en realidad.
Me encontraba ahí en la oscuridad de la habitación de mi padre,
dándome cuenta de todo lo que me había quitado, primero me quitó la
felicidad con la que gozaba, no lo sé si intencional, pero lo hizo, quizás haya
tenido errores, pero esa no fue la manera de irse, luego me fue quitando poco
a poco la dignidad, para después quitarme la imagen ante la sociedad, luego
sin escrúpulo alguno, me había quitado un techo donde vivir, y para volver
aún más difícil mi situación, me di cuenta que me había quitado mis deseos
de amar, mi esperanza de volver a ilusionarme, de volver a enamorarme. Pero
la pérdida que más me dolía, era el valioso tiempo que me pasé
persiguiéndola y buscando excusas para olvidarla.

Pero eso podía ser mi problema, no de ella. Entendí entonces que ella
sólo buscó su felicidad, a pesar del dolor de otras personas, ella siempre
priorizó su felicidad, y al parecer lo consiguió. Pero había un ligero
problema, yo no era así, no iba a permitirme hacerle daño a alguien para yo
poder ser feliz. No lo hice nunca, y no lo haría jamás.
Esa noche entendí también, que si ella no fue feliz conmigo, quizás lo
sea con esa persona que había encontrado. En la oscuridad de esa habitación,
entendí que mi vida necesitaba una razón para seguir adelante, un motivo
para vivir, y merecía el derecho a seguir ilusionándome y a seguir
enamorándome, a seguir creyendo en lo que todos piensan que es imposible.
Varias ideas se metieron en mi cabeza esa noche, pero después de
apuntarlas en las notas de mi teléfono, me quede dormido.
A la mañana siguiente, me despertaba a las seis de la mañana, sin saber
qué hacer, con la voz de mi madre despertando a mi hermano menor, era un
dormilón, desordenado y desorganizado, tenía que ir a la universidad y aun
no despertaba. Pero más allá de esos defectos, mi hermano era una persona
noble, muy bueno, cariñoso e inteligente. Su habilidad en los deportes, era
muy evidente, en la secundaria se peleaban para mantenerlo en los grandes
equipos de la región, lo que hizo desarrollar su cuerpo más que el mío.
Cuando mi hermano me vio, se quedó sorprendido, estaba tan flaco que
si me hubiese visto por la calle, ni siquiera se acercaría a saludarme, no por
vergüenza, sino porque no me reconocería.

— ¡Ya me voy mami!… ¡Nos vemos flacuchento!…
Esas fueron sus palabras, saliendo presuroso de la casa, dejándome a mí
y a mi madre sentados en la mesa con mi padre, viendo un poco de noticias.
Así transcurrieron ocho largos meses, viviendo en ese día a día, en esa
rutina familiar unida y llena de apoyo, un día se acercaba el mediodía y se
acercaba diciembre, ese día recibí una llamada inesperada, un antiguo jefe
mío, me daba una excelente noticia…
— Necesito que trabajes conmigo en un proyecto…
Esas fueron sus palabras, de inmediato le dije que sí, no lo dude ni un
solo segundo… mi madre estaba contenta, y me dijo…
— Ya vez hijito, he rezado tanto por ti… que Dios me ha escuchado, por
favor has las cosas bien…
Sentía que mi madre me quería dar un abrazo, pero mi actitud de ogro
reprimido y amargado, quizás por lo que había vivido, no le permitía hacerlo.
Y lo peor de todo es que yo también le quería dar un abrazo, me sentí feliz y
contento, pero esa personalidad fría y calculadora que debía mantener en el
exterior, me lo impedía.
Este fue el nuevo inicio de mi vida, la oportunidad de empezar de cero,
con nuevas razones, con nuevos motivos.


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