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Culpa nuestra – Mercedes Ron

 Sinopsis del libro 

La relación de Nick y Noah está pasando por su peor momento, y parece que nada podrá volver a ser como antes… Van a tener que pasar por muchas cosas para finalmente comprender si de verdad están hechos el uno para el otro o si por   lo Culpa nuestra pdf contrario, estar separados es lo que de verdad les conviene.

Pero ¿acaso se puede olvidar un amor tan fuerte? ¿Cómo pueden borrarse los recuerdos tatuados en el corazón?

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El amor no siempre es suficiente y el perdón a veces no basta para solucionar las cosas.

¿Serán capaces de dejar atrás el pasado y volver a empezar?


Ficha técnica del libro

  • Título: Culpa nuestra (Culpables 3)
    Autores: Mercedes Ron
    Tamaño: 1.96MB
    Nº de páginas: 369
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Por mucho que quisiera a mi hermana, aquella mañana no era lo que esperaba ver
nada más abrir los ojos. Me incorporé intentando centrarme, intentando determinar
por qué el lado izquierdo de mi cama estaba vacío, cómo no me había dado cuenta de
que Noah se había despertado y había salido de mi habitación. La respuesta a esa
pregunta era que había conseguido dormir profundamente por primera vez en un año.
—¿Dónde está Noah? —preguntaba mi hermana sin cesar, mientras daba
pequeños saltitos en el colchón. Esa pregunta me cogió desprevenido.
¿Cómo que dónde estaba?
—¿No está en su habitación? —dije, levantándome por fin y pasándome la mano
por la cara en un intento de despejarme. Fui hacia el baño para echarme agua y así
centrarme en el nuevo día, un día en el que iba a tener que dar muchas explicaciones y
en el que iba a tener que plantearme muchas cosas.
Lo de ayer no había sido simple sexo, no, en absoluto, había sido mucho más, me
había dejado llevar por sentimientos pasados… y por primera vez en mucho tiempo
me había sentido bien.
—No está, Nick —repitió Maddie.

Con el ceño fruncido fui hasta su habitación, abrí la puerta y, efectivamente, allí
no había nadie. Miré alrededor en busca de sus cosas… sus libros y su pequeña
maleta habían desaparecido.
—¡Joder! —maldije entre dientes.
—¡Has dicho una palabrota!
Bajé la vista y comprendí que no era el mejor momento para tener que encargarme
de Madison.
—Enana, baja a la cocina, Prett te preparará el desayuno, ¡vamos! —la alenté
cuando fue a discutir.
—¿Noah se ha ido? —me preguntó visiblemente disgustada.
Sí, bueno, ya éramos dos.
—No lo sé, ahora baja, no voy a repetírtelo —le dije y por cómo me fulminó con
sus bonitos ojos azules, supe que eso iba a tener consecuencias al cabo de un rato.
Sin decir nada más, se volvió y salió corriendo hacia las escaleras.
Yo me metí en mi habitación y busqué el teléfono móvil hasta dar con él. Sin
siquiera detenerme a pensar marqué su número y no una sino dos veces más.
«Maldita sea, Noah, ¿tenías que irte así?»

Estaba cabreado, mucho, además. Me planteé coger el coche e ir tras ella.
¿Por qué se había ido? ¿La había tratado mal? No, claro que no, joder, la había
tratado como siempre, lo habíamos hecho como cuando estábamos juntos. Sí, vale,
ella había querido más, me había pedido más…
«Dime que me quieres…»
No podía decírselo. Dolía demasiado.
Bajé a la cocina con un humor de perros, allí estaba mi padre con mi hermana,
hablaban animadamente de algo, bueno la que hablaba sin parar era Maddie, y
Rafaella los observaba con una sonrisa en los labios. Al verme entrar ambos se fijaron
en mí y yo mascullé un buenos días antes de encaminarme hacia la puerta de entrada
con una taza de café en las manos.
Cuando vi el coche chatarra de Noah, el alivio de saber que en realidad no se
había marchado me inundó por entero. Pero si el coche estaba ahí, ¿dónde estaba
Noah, dónde estaban sus cosas…?

No tardé mucho en comprobar que el Audi de Noah ya no estaba aparcado en el
garaje.
Se había ido. Me di cuenta en aquel momento de que no decirle lo que había
necesitado oír había sido más efectivo para alejarla de mí que todas mis mentiras.
Había conseguido lo que había querido: que pasase página. Pero entonces… ¿por qué
sentía un vacío en mi interior, un vacío que había desaparecido nada más verla?
No ayudó a mi mal humor que mi padre me llamara a su despacho para hablar
conmigo. Después de la discusión que habíamos tenido el día de Acción de Gracias no
habíamos vuelto a hablar, pero algo me decía que esta vez no quería hablar de trabajo.
—Tu madre me llamó ayer para decirme que se encontró contigo y que te contó
que está enferma —dijo cuando entré en su despacho.
Solté una carcajada irónica mientras me dirigía al bar y me servía una copa.
Eran las diez de la mañana, pero me daba igual.
—Veo que ahora sois muy amigos, os lo contáis todo. ¿Cómo se toma eso
Rafaella, papá? ¿O es que también se lo has ocultado?
Mi padre no entró en mi provocación, simplemente esperó, con las manos
cruzadas sobre su estómago, sentado en su gran sillón de cuero, a que me tomara la
copa y me sirviera otra más. Cuando por fin me vi con el ánimo suficiente de
volverme hacia él lo hice lleno de ira, de ira y de una tristeza profunda y nueva que
nunca había sentido hasta entonces.
—¡¿Cuándo pensabas decírmelo?! —le grité.
—Tu madre me pidió que no lo hiciera —me contestó él con calma fingida.
Me reí con sarcasmo.

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—¿Sabes, papá? Es gracioso ver cómo dependiendo de si te perjudica o no,
decides contar las cosas u ocultarlas. No tuviste problema en ocultarme que engañaste
a mi madre durante prácticamente todo tu matrimonio, tampoco tuviste problema en
ocultarme que ella se fue por ese mismo motivo… ¡Me dejaste creer que se había ido
sin más, sin explicación ninguna!
Mi padre se levantó del sillón y se volvió hacia la ventana.
—Tu madre no pensaba regresar, Nicholas, la conozco, y cuando decidió dejarte
aquí lo hizo siendo muy consciente de lo que hacía. No te conté nada porque no
quería que tuvieses esperanza de volver a verla, no quería que persiguieses una
mentira.
—¡Mi vida entera ha sido una puta mentira! —Necesitaba calmarme, necesitaba
controlar los temblores que parecían querer adueñarse de mi cuerpo y mis manos.
Apreté los puños con fuerza—. ¿Qué va a pasar con Madison?

Mi padre, al ver que controlaba mi tono de voz, se volvió de nuevo hacia mí.
—Tiene que quedarse aquí, es lo mejor para ella —contestó, y yo empecé a negar
con la cabeza… ¿Lo mejor? ¿Lo mejor para quién?—. Nicholas, tu hermana tiene que
estar en un ambiente seguro y cálido, no quiero que esté rodeada de médicos y
hospitales, y que tenga que ver cómo tu madre se somete a quimio, es muy pequeña.
—Necesita a su madre.
Mi padre se me quedó mirando fijamente, sus ojos, tan parecidos a los míos, se
quedaron fijos en mis pupilas. Hacía tiempo que no me miraba así, años tal vez, y
empecé a sentir un nudo en la garganta que se hacía más y más grande.
Mi padre se acercó y con cuidado colocó su mano en mi hombro.
—Esto no es lo mismo que te pasó a ti, Nick —dijo. Al escucharlo solo pude
apretar la mandíbula con fuerza—. No voy a dejar que pase esta vez, te lo prometo;
Maddie verá a su madre, seguirá en contacto con ella, no volveré a cometer el mismo

error. Negué con la cabeza, las palabras estaban atascadas en mi garganta; de repente me
sentí como cuando tenía doce años y mi padre me explicó que mi madre ya no iba a
regresar.
—Nunca te he pedido perdón por eso… Te lo pido ahora… Me equivoqué,
Nicholas, creí que hacía lo mejor para ti, creí que yo iba a ser suficiente, creí que tu
madre solo iba a hacerte más daño, pero debí luchar contra eso, debí luchar porque
permaneciera en tu vida, de cualquier forma, aunque estuvieses viviendo una mentira.
Eso es lo que hacen los padres, hijo, dicen y hacen lo que sea para que os sintáis
protegidos y queridos, y yo no supe hacerlo.
Mis ojos se humedecieron y pestañeé varias veces para poder ver con claridad.
Maldición, aquello era lo último que me esperaba. La vida seguía dándome

sorpresas, dándome golpes, esperando a que me levantara después, dolido, sí, y
dañado, pero alentandome a seguir con mi camino.
—No dejes que Maddie se quede Culpa nuestra epub sin madre —le pedí con la voz quebrada y no
solo me refería a que mi madre tuviese que marcharse. Mi padre entendió exactamente
lo que quería decir.


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