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Libro El imperio final

 Sinopsis

Durante mil años, han caído las cenizas y nada florece. Durante mil años, los skaa han sido esclavizados y viven sumidos en un miedo inevitable. Durante mil años, el Lord Legislador reina con un poder absoluto gracias al terror y a su divina invencibilidad.

Le ayudan los «obligadores» y los «inquisidores», junto a la poderosa magia de la «alomancia», que reside en los nobles. Algunos, sólo algunos, son capaces de «quemar» los metales que han tragado y que les otorgan poderes sobrenaturales. Diferentes metales, actuando en pares, otorgan poderes distintos. Pero los nobles, demasiado a menudo, han tenido trato sexual con jóvenes skaa y, aunque la ley lo prohíbe, algunos de sus bastardos han sobrevivido.

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Y algunos han heredado los poderes alománticos. Los «brumosos» (mistings) tienen sólo uno de esos poderes, pero los «nacidos de la bruma» (mistborns) son capaces de dominarlos todos. Ahora, Kelsier, el «superviviente», el único que ha logrado huir de los Pozos de Hathsin, ha encontrado a Vin, una pobre chica skaa con mucha Suerte… Tal vez los dos unidos a la rebelión que los skaa intentan desde hace mil años puedan cambiar el mundo y la atroz dominación del Lord Legislador.

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Kelsier se paró ante el hombre, los brazos ocultos bajo la capa de bruma. No le
interesaba que un informador callejero se diera cuenta de que el «noble» desconocido
con el que se reunía tenía en los brazos las cicatrices de Hathsin.
–Vienes bien recomendado –dijo Kelsier, imitando el acento despectivo de un
noble.

–Soy uno de los mejores, mi señor.
Todo el que es capaz de sobrevivir tanto como tú debe de ser bueno, pensó
Kelsier. A los lores no les gustaba la idea de que otros hombres conocieran sus
secretos. Los informadores no solían vivir mucho.
–Necesito saber algo, informador –dijo Kelsier–. Pero primero debes jurar que
nunca le hablarás a nadie de este encuentro.
–Por supuesto, mi señor –dijo Hoid. Probablemente rompería la promesa antes de
que acabara la noche: otro motivo por el que los informadores no solían vivir
mucho–. Está, sin embargo, el asunto del pago…
–Tendrás tu dinero, skaa –replicó Kelsier.
–Por supuesto, mi señor –dijo Hoid, agachando rápidamente la cabeza–. Pediste

información sobre la Casa Renoux, creo…
–Sí. ¿Qué se sabe? ¿Con qué casas está aliada? Debo saber esas cosas.
–En realidad no hay mucho que saber, mi señor. Lord Renoux es nuevo en la
zona, y es un hombre cuidadoso. No tiene ni aliados ni enemigos por el momento…
Está comprando gran número de armas y armaduras, pero probablemente lo hace para
una amplia gama de casas y mercaderes, para congraciarse con todos. Una sabia
táctica. Tendrá, tal vez, un exceso de mercancía, pero también un exceso de amigos,
¿no?
Kelsier bufó.
–No veo por qué debería pagarte por eso.
–Tendrá demasiada mercancía, mi señor –dijo Hoid rápidamente–. Podrías sacar
un buen beneficio de saber que Renoux consigna con pérdidas.
–No soy ningún mercader, skaa –dijo Kelsier–. ¡No me importan los beneficios ni
las consignaciones!
Dejemos que se lo trague. Ahora piensa que pertenezco a una Gran Casa…
Naturalmente, si no lo ha sospechado ya por la capa, entonces no se merece la
reputación que tiene.
–Por supuesto, mi señor –dijo Hoid rápidamente–. Hay más, claro…
Ah, ahora lo veremos. ¿Se sabe en la calle que la Casa Renoux está relacionada
con los rumores de rebelión? Si alguien había descubierto ese secreto, entonces el
grupo de Kelsier corría un serio peligro.
Hoid tosió con suavidad, tendiendo la mano.

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