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El lado equivocado del cielo

Genero: Ciencias

 Sinopsis del libro 

Liv Monroe. Derek Gray. Shawn Bennett. Zazzie, Carter, Kumiko. ¿Qué tienen en común este variado conjunto de ignotos? Que pasarán un largo, complicado y caluroso verano en Hendersonville a resultas de múltiples delitos leves. Todos han sido condenados a prestar servicios comunitarios para abonar su deuda con la sociedad, y qué mejor forma que participar como mano de obra en la restauración de una bella mansión en Carolina del Norte.

Liderados por Adeline, una jefe de obra que los maneja con mano dura, y en la mitad de un ambiente muy, muy diferente al que están habituados, este conjunto de personas tan diferentes entre sí están a puntito de descubrir que ese castigo puede ser la mejor experiencia de sus vidas.

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Ficha técnica del  libro

  • Título: El lado equivocado del cielo
    Genero: Ciencias

    Tamaño: 1.06MB

  • Nº de páginas: 579
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro de El lado equivocado del cielo – Eva M. Soler, Idoia Amoen pdf o bien epub Gratis

Tengo experiencia.
—¿Qué ocurre, os habéis puesto todos conforme? —Retrocedió hacia
Adeline en pos de protección, pese a que esta tenía una brocha en la
mano y aquello tampoco le ofrecía seguridad—. Esto es acoso.
Adeline aprovechó su proximidad para darle la brocha y le apuntó un bote
en el suelo.
—Si no deseas mancharte, bien sabes, trabaja de forma cuidadosa. —Con una
sonrisa, dio dos palmadas de ánimo como habituaba a hacer antes
de empezar un trabajo—. Venga, chicos, a ver si lográis hacer dos
habitaciones el día de hoy, que lo más duro ya está hecho y pintar es muy fácil en
comparación.
Hasta a ella le sonó demasiado optimista, mas en resumen, no perdía la fe en
ellos y, si bien al final del día solo habían terminado una y media, al menos
no habían alterado los tonos del techo por los de la pared ni se habían
tirado la pintura por encima, lo que ya era un triunfo.

Shawn estuvo a puntito de arrancarse el reloj de la muñeca cuando lo
sintió vibrar al día después. Se había recostado agotado y aquellos
madrugones iban a terminar con él. Podía apreciar en su piel que la carencia de horas
de sueño empezaba a hacer estragos, mas no podía desatender su pelo ni
perderse el desayuno, con lo que no le quedaba más antídoto que continuar
levantándose ya antes que el resto.
Le dio un golpe a la pantalla del reloj, se quitó los tapones y el antifaz y
se pasó la mano por la cara, bostezando.
Pero el bostezo se quedó a medias al apreciar su barba. Se incorporó,
asustado, pasándose entonces las dos manos por las mejillas y la barbilla de
forma insistente. ¿Estaría soñando aún? Se pellizcó un brazo, mas el
dolor era muy real. Volvió a tocarse la cara, descreído.
—Ay, Dios, uy, Dios, uy, Dios —murmuró.
Su barba estaba más corta, cuando menos en ciertos sitios. No tenía la
continuidad de siempre y en todo momento, apreciaba como huecos en ciertas partes, zonas en las
que prácticamente raspaba tal y como si estuviese cortísima.

Se llevó las manos a la cabeza, empezando a desesperarse… y entonces
notó que su corazón se paraba de súbito. No, aquel no era su pelo. Estaba
más corto, cuando menos en el lado que tocaba. Bajó la vista a la
almohada y se levantó de un salto, chillando al ver mechones rubios sobre ella.
La puerta se abrió de cuajo, mientras que proseguía chillando, y Adeline entró
corriendo.
—¿Qué ocurre? —preguntó, mirando a su alrededor—. ¿Shawn? ¿Ha
entrado algún animal salvaje?
—¡Peor! —Señaló la almohada—. Mira, lo sabía, ¡mira lo que ha hecho
el agobio! ¡Pierdo pelo!
Adeline prosiguió la dirección de su dedo. Después, se fijó en su cabeza y
barba, y se llevó una mano a la boca, tanto por sorprendo para ocultar
una naciente carcajada. Al pobre daba la sensación de que le habían dado unos cuantos
hachazos en la cabeza o bien que le hubiese cortado el pelo alguien con una
borrachera increíble.
—Shawn… —empezó, sin saber realmente bien de qué manera aliviarlo ante aquel
espectáculo—. No creo que sea el estrés…
Escucharon pasos y, al virarse, vieron al resto de inquilinos en la puerta,
amontonándose unos sobre otros para poder ver qué ocurría.

—Vaya, alguien se ha tomado la justicia por su mano —se rio Zazzie.
Los demás, en aproximadamente medida, la acompañaron con unas risas.
Asustado completamente, Shawn corrió a mirarse en uno de los espéculos de su
dormitorio. Nuevamente, su corazón se detuvo. Se llevó una mano al pecho,
preguntándose si habría por allá algún desfibrilador de urgencia al darse
cuenta de que lo que habían querido decir Zazzie y Adeline: no era agobio,
no, era algo peor: alguien había entrado en su habitación mientras que dormía y
lo había atacado. Con nocturnidad y alevosía, además de esto.
Miró cara la puerta, señalando con el dedo de forma acusatoria a
Derek, si bien al ver su mirada, pasó el dedo a Carter.
—¡Tú! —acusó—. ¡Has sido , te has vengado por el tiempo que paso
en el baño!
—¿Yo? —El chaval abrió los ojos, todo inocencia—. Mas ¿qué afirmas?
—Bien, todo el planeta apacible. —Adeline se interpuso entre Shawn y
el resto, propagando los brazos—. No lancemos acusaciones sin fundamento,
¿conforme? Ha sido una gracieta, solamente, dejémoslo de esta manera y ya está. —Se
puso seria y miró a los demás—. Que no se vuelva a reiterar nada semejante,
¿conforme?
Todos aseveraron, mirándose entre ellos tal y como si de esta manera pudiesen saber quién
había sido.
—Y , vístete. Te espero acá fuera.

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Cerró la puerta para darle amedrentad y, unos minutos después, Shawn
salió. Adeline le cogió del brazo y se abrió paso con él mediante los demás
para bajar al turismo. No deseaba que hubiese inconvenientes en el conjunto y si
empezaban a acusarse sin pruebas, la cosa podría terminar mal. Además de esto, sí
sabía quién había sido… mas claro, no podía decirlo sin sembrar el desconcierto.
—¿Dónde vamos? —preguntó Shawn, con ademán derrotado.
—A la peluquería. Despreocúpate, te lo van a reparar, ya vas a ver.
Shawn estaba seguro de que allá no tendrían ninguno de los productos
que su pelo precisaba, mas estaba tan deprimido pensando en lo que le
había ocurrido a su bella cabellera y a su venerada barba, que no protestó.
Simplemente, se pasó el viaje en silencio, sin dejar de tocarse y mirarse en el
espejo.
La peluquería a la que Adeline lo había llevado era mixta, lo que ya era
un punto negativo. Él solo asistía a exclusivas y expertas en el género
masculino, para estar seguro de percibir un buen servicio.
—¿No hay barbería? —preguntó, tocándose la barbilla.
—Aquí hacen de todo —contestó Adeline, cogiéndole nuevamente del
brazo—. Vamos, vas a ver qué guapo te dejan.

No lo veía nada persuadido, prácticamente le daba pena y todo. Mas, por el lado
positivo, se terminarían todos y cada uno de los inconvenientes de colas en el baño y sus excusas
para no trabajar debido a su pelo, con lo que el hecho de que el chaval estuviera
pasando ese desazón era un mal menor.
Lo empujó al interior de la peluquería, donde había dos mujeres
sentadas mientras que las teñían otras 2. Una tercera, con delantal a juego de
estas últimas, se aproximó a ellos con una sonrisa de oreja a oreja.
Shawn deseó recular al verla acercarse, mas Adeline no lo dejó.
¿Aquella mocosa iba a cortarle el pelo? ¡Si no parecía tener ni veinte años! Y
por Dios, llevaba el pelo de mil colores, rasurado en un lado, con rastas en el
otro… Lo iba a dejar peor, ya lo estaba imaginando.
—Vaya, Adeline, vienes pronto para tu corte de puntas —saludó la chica
—. ¡No me afirmes que al fin has decidido hacerte algo!
—No, no tengo tiempo para esas cosas. Vengo por él. —Lo empujó
hacia ella—. Ha tenido… un problemilla.

—Uy, ya veo, mi madre. —La muchacha lo examinó, tocándole los
mechones y moviéndole la cabeza de un lado a otro para poder ver bien—. Poca
solución hay acá. Siéntate, te lo arreglo en un minuto.
Shawn obedeció, confuso por aquella oración. Pues si había poca
solución, ¿de qué manera se lo iba a reparar en un minuto?
Y entonces su miedo más profundo se hizo realidad en forma de
máquina eléctrica para recortar el pelo. Procuró levantarse al ver de qué manera se
acercaba la peluquera con ella en la mano, mas la muchacha lo sostuvo con firmeza
por el hombro y le pasó la cuchilla por un lateral. Él boqueó como un pez
fuera del agua, en shock. Deseaba escapar de allá, mas la muchacha lo tenía bien
sujeto y prosiguió pasando la maquinilla. Mechón tras mechón, su apreciado pelo
rubio fue desapareciendo. Los veía caer a su alrededor y con cada uno de ellos, notaba
tanto dolor tal y como si el pelo tuviese nervios y pudiese sentir de qué manera los
cortaba.

—Ahora está igualado —anunció la muchacha, con una enorme sonrisa.
—Me… has… rapado… al cero… —consiguió articular Shawn, sin
pestañear desde hacía unos minutos.
—No, al uno. —Le pasó la mano por la cabeza, frotándola tal y como si fuera
una bola de billar—. Has quedado excelente.
Se viró, dejó el aparato y cogió otro más pequeño.
—Ahora esa barba.


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