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El lugar donde el tiempo se equivoca

 

 Sinopsis

Vera Torres es una cronista de viajes que pasa grandes temporadas fuera de casa. A la vuelta de su último viaje el desconcierto la espera tras la puerta de su hogar. Aliada de un temor que hasta el momento ignoraba y acompañada por las contradicciones que lleva tácita la soledad, decide regresar a poner tierra por el medio y ampararse en su mejor aliado, el trabajo. Sin ganas, desolada y con la convicción de haber perdido la capacidad de contar algo alén de su dolor, llega a un oculto pueblo de Andalucía con el único objetivo de hacer llegar a sus lectores la nada habitual historia del sitio.

Lo que en un inicio era sufrimiento se transforma en una forma nueva de viajar, unos nuevos ojos dónde verse reflejada, una forma nueva de conocer a gente y una nueva versión de sí que aun la hacen dudar de quién es realmente.
El sitio donde el tiempo se confunde es una historia de principios, de encuentros, de reconocerse, de despedidas y evidentemente, de amor.

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Ya me vas a contar lo de este viaje. No pagamos el transporte…, no
pagamos la casa…
—Sí. Yo asimismo estoy por solicitar que me lo pongáis como vacaciones.
—Pero, ¿has trabajado?
—Sí, claro. Pero ha sido…, no sé, diferente.

—Oye, ¿y Pedro?
—No sabe que estoy acá ya. Espero que me dé unos días de tregua
pues tampoco me lo ha puesto simple. Si viene o bien llama no le afirmes nada,
¿vale?
—Tranquila. No creo que llame más. La última vez lo mandé al carajo.
—¡Eres la mejor!
—Pues la mejor desea saber los detalles.
—Los vas a tener. Hoy como con mi madre, mas esta semana hacemos algo
sin falta. Además, te quiero plantear algo.
—Miedo me das.
—¿La jefe está?
—La otra jefe.
Vera soltó un bufido. No le agradaba que la tratasen como alguien superior.
Era siendo consciente de que ella sin Dalía no sería nada en el terreno
laboral. Eran un equipo.
—La mía, si bien asimismo es la tuya.
—Está arriba.

—¿Disponible?
—Creo que sí.
—Genial. Voy a verla. ¡Hablamos!
Le dio un beso en la mejilla dejándole las carpetitas en la mesa.

Comió con su madre y charlaron como no recordaba haberlo hecho ya antes.
Cercanas, entretenidas, íntimas…
—Estás diferente, Vera.
—¿En serio?
—Absolutamente.
—Yo asimismo podría decir lo mismo de ti.
—Yo prosigo siendo exactamente la misma, solo que a lo largo de un tiempo he sido invisible
para vosotras —prosiguió antes que Vera la interrumpiera—. Siendo
honesta, creo que asimismo fui invisible para mí.
—Ambas hemos abierto los ojos y eso…, eso está bien, mamá. Es bonito
el panorama que se ve.
—¿Me charlas de la persona que has conocido?
—¿Te importa si te digo que todavía no?
—Lo comprendo, despreocúpate.
—¿Y ? ¿Me cuentas algo?
—No deseo que os creáis que es un substituto de vuestro padre, ¿eh?
—¡Mamá, por favor! ¿Se puede ser más retrógrado? No tienes nada que
justificar.

—A vosotras os debo todas y cada una de las justificaciones del planeta.
—No nos debes ninguna. Tienes todo el derecho del planeta a ser feliz. Ni
más ni menos que cualquiera.
—Estoy en el camino. Oye, si el día de hoy será el día de las confesiones
francas, ¿me confiesas algo?
—Dime.
—¿Tú estás bien?
—¡Claro! ¿No me ves?
—Digo de lo tuyo. De tu enfermedad.
—¿De qué enfermedad me charlas, mamá?
—¿De la que prácticamente te mata?
Vera se llevó la mano a la boca: —¿De qué forma sabes eso?
—¿Piensas que tu padre no me lo iba a contar? Cuando se fue Claudia,
quien además de esto se iba por un buen tiempo y sin haber acabado la carrera… No
solo me lo contó, sino además de esto me hizo jurar que no te afirmaría nada a tu
vuelta. Lloré un río, que lo sepas.
—¡Ay mamá! —La abrazó—. ¡Qué gran tipo era papá! Y sí, estoy bien.
Por suerte, estoy bien.
—Cada vez que viajas a un país extraño es una agonía, ¿lo sabes?
—No tienes de qué preocuparte pues estoy plenamente recuperada. Al
principio la desinformación fue mi mayor inconveniente.

No deseaba ni abrir las ventanas por temor a que me picara un mosquito.
—¿Te puede pasar algo si te pica uno?
—No. El inconveniente vendría si cogiera el dengue nuevamente. Cogería de otro
tipo del que tuve y eso sí que sería peligroso. Pero es realmente difícil que eso
pase. Me debería picar un género de mosquito muy concreto y encima que
fuera portador del virus. Serían demasiadas casualidades juntas.
»Puedes estar sosegada pues me informo de los niveles de dengue en
los países a los que viajo.

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