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El secreto del hombre muerto

 Sinopsis

Narrada en primera persona, la novela cuenta la historia de Julia, una joven letrada marcada por la extraña muerte de su padre a lo largo de la adolescencia.

Con la madre desaparecida desde su nacimiento, abandona el pequeño pueblo donde se crió para mudarse a Salamanca con su abuela. Quince años tras la trágica y dura muerte de su padre, una serie de acontencimientos que atentan contra su vida la forzarán a retornar al pueblo, donde poquito a poco va a ver la luz el horrible secreto de su padre que va a marcar su vida por siempre.

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siendo tan invisible para ti –dijo-, que no seas
capaz de estimar todo cuanto hago por ti, todo cuanto estaría presto a
hacer, y lo mucho que me duele tu indiferencia.
– Lo de ayer de noche lo aprecié realmente bien –le afirmé sin pararme a meditar en lo que
afirmaba-. Estaba un tanto obscuro, mas vuestros gemidos podían escucharse
desde la casa de Concha.
– ¡Basta! –me chilló llevándose la manos a los oídos-. No deseo regresar a
saber nada de esa noche. Me avergüenza… me odio a mí con lo que he
hecho.

– Entonces va a ser mejor que te vayas de acá –le afirmé-, pues toda vez que
te mire a la cara será lo único que vea.
– No me iré –sentenció negando con la cabeza-. No hasta el momento en que me
hayas perdonado.
Me disponía a contestarle y chillar de nuevo cuando llamaron a la puerta.
Temblé pensando que Sara podría haberse arrepentido de su resolución de
irse.
Dejé a Martín en medio del corredor y me aproximé indecisa a la puerta.
Cuando abrí no fue la cara de Sara la que hallé.
– ¿Qué haces acá? –le chillé con la saña de Martín todavía amontonada.
Aníbal se metió una mano en el bolsillo y sacó una caja de madera.
– Toma –me afirmó depositándola con rudeza sobre mis manos-. Es el
colgante de tu madre que me diste hace diez años. No creo recomendable que
sea quien lo tenga.

Había olvidado aquel instante, que terminaba de reaparecer del fondo de mi
memoria. Era el único recuerdo que tenía de mi madre y se lo había entregado
a él en la cima de la colina una de las últimas veces que nos vimos, fue una
forma de sellar una promesa de ‘nada ni absolutamente nadie nos apartará nunca.’
Qué doloroso y también irónico resultaba ahora. Le detesté por haberme hecho
recobrar aquel recuerdo.
– Vete de acá, Aníbal –le afirmé con una mezcla de odio y tristeza.
Mientras el hombre ignoto en el que se había transformado el muchacho
que una vez amé bajaba las escaleras del porche, sentí un intenso dolor al
entender cuanta verdad había en las palabras de Daniela. No le recobraría
nunca.
– No deseo verte más, ¿me oyes? –le chillé a fin de que pudiese oírme.
– Así es como ha de ser.
Y se fue cabizbajo por la vieja vereda de piedras.
Volví al interior con el espíritu agitado por los recuerdos y me guardé la
caja en el bolsillo.
– ¿Estás bien? –me preguntó Martín que proseguía en medio del corredor sin
moverse.
Preferí no responder por temor a que tuviese que arrepentirme de mis
palabras después.

Miré cara las escaleras que subían a la biblioteca. El ajedrez estaba
aguardándome ahí arriba y había llegado el momento de poner en práctica mi teoría.
– Vete, Martín –le afirmé empezando a subir los escalones.
Lo vi proseguirme con la mirada hasta el momento en que su semblante desapareció tras las
barandillas de la escalera.

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