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El trasplante: ¿Hasta dónde llegarías para salvar a tu hijo?

Genero: Terror

 Sinopsis

John Parker, a sus 15 años padece un cambio trágico en su rutina siendo diagnosticado con una grave enfermedad que lo lleva a una insuficiencia nefrítico terminal. Cuando Carlos Luis, su padre, al percatarse de que ingresarlo en la lista de espera para un trasplante

podría costarle la vida al joven, decide lograrle un riñón fuera del sistema, para lo que se instala en una cabaña en el bosque, lugar desde donde deberá ponerse en contacto con un planeta que va mucho alén de lo ético o bien éticamente admisible —como la parte obscura de internet profunda, la coacción, el chantaje y hasta el secuestro— poniendo en riesgo no solo su estabilidad laboral y su matrimonio, sino más bien hasta su vida.

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Mientras John se hallaba conectado a la máquina, respondiendo todo tipo
de preguntas a George, quien no podía opinar que la sangre de su nuevo amigo
estuviera saliendo de su cuerpo para ser limpiada en el aparato y también introducida
de nuevo, Manuel le señaló por señales a Carlos Luis que le acompañara.
Salieron al jardín, donde le dijo:

—Señor Parker, tengo algo que decirle.
—¿De qué se trata? —respondió Carlos, sin mucho ánimo.
—John me contó, por medio de un mensaje, un par de días atrás, que George le iba
a donar el riñón que precisa para recobrarse, lo que me semeja fabuloso.
Yo asimismo deseaba donarle el mío, de veras que deseo que se cure.

—No es tan simple, lo primero es que a fin de que se pueda ejecutar un
trasplante, es preciso que el donante y el receptor sean compatibles, para…
—Lo sé —le interrumpió Manuel— y es lo que deseaba decirle. Hace 2
semanas, mientras que estábamos en el centro de salud, charlamos con el doctor Estrada y
le manifesté mis pretensiones. Él me afirmó lo mismo sobre la compatibilidad
y después de suplicarle mucho, mas mucho, conseguí persuadirle de que me hiciese
los análisis. No deseaba hacerlo pues soy menor y todas y cada una esas cosas,
mas al final mi insistencia fue tanta que conseguí persuadirle de que era algo
inofensivo y que no me iba a hacer daño que me sacase un tanto de sangre;
creo que más por eludir que se lo prosiguiera pidiendo, quizá persuadido de que
no íbamos a resultar compatibles. Lo es cierto que la semana pasada, me afirmó
que los resultados habían sido positivos, que nuestra compatibilidad era prácticamente
del 100 por ciento…
—Pe-mas Manuel —le interrumpió Carlos.
—Espere —le interrumpió el joven a su vez—, permítame charlar. El doctor
me explicó que la única forma de hacerlo es con el permiso de mis
progenitores, me afirmó que charlase con ellos y me solicitó que no les contase que me
había hecho los exámenes, puesto que podía meterlo a él un problema arduo.

—Por supuesto, ni tan siquiera tienes dieciséis —replicó Carlos, sorprendido.
—Lo es cierto que charlé con mi madre, apenas le asomé la posibilidad
tal y como si se tratara de algo trivial y se negó tajantemente, me afirmó que ni
se lo mentase a mi padre, si no deseaba verlo molesto de veras, cosa que…
bueno, es otro tema.
—Entonces ni charlar. Lo que te afirmó el doctor es la verdad, si tus progenitores
no dan su permiso, tristemente poco importa lo que desees —
afirmó Carlos, quien por un minúsculo momento creyó ver la luz al final del túnel,
mas como en las ocasiones precedentes, se trataba de un camión sin frenos que
se le venía de frente cuando ya no había espacio para maniobras.
—Es la razón por la cual vine. En realidad, perdone la expresión, me
importa un carajo lo que opinen. Es mi cuerpo y creo que estoy lo
suficientemente grande para tomar mis resoluciones. Así que, en el caso de
que sea preciso, puede contar conmigo. Quiero hacerlo, lo demás no importa
—dijo Manuel, con resolución.

—Te lo agradezco de corazón. Sé que John te importa y qué harías lo que
fuera por asistirle, mas eso sería un problema arduo para todos. No solo por
lo que podrían hacerte tus progenitores, sino el doctor nunca se prestaría para
ello —a menos que tuviera una pistola apuntándole, pensó— y asimismo me
pondrías a mí en un apuro, creo que hasta podrían mandarme a la prisión
—donde seguro estaré prontísimo, se dijo— con lo que por los instantes
vamos a suplicar a fin de que el riñón de George sea el conveniente.

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