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Esclava común

 Sinopsis

Bridget tenía prohibido charlar.
Los Alfas no la adquirieron para hablar…
tres altos, musculosos y dominantes jefes de la mafia.

¿Lo peor?
Adam procuraba los placeres y vicios que solo una Omega podía ofrecer.
Erik cariño, mas solo devolviendo atrocidad.
Y Viktor amor… sin saber de qué forma devolverlo.

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Un romance obscuro.
tres mafiosos.
1 esclava.

Dirigida a una audiencia madura.

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Él continuó en las sombras pues dejó que se acostumbrara un tanto
al entorno. Mientras, pensó en ofrecerle algo de tomar, tal vez un tanto de
vino o bien una cerveza. Pero mientras que la miraba como un estúpido entre las sombras,
empezó a mudar poquito a poco de opinión.
Aprovechó para poder ver de qué forma quitó los zapatos para sentirse más
cómoda. Después, se dio cuenta que estaba sola y cuidadosamente se viró
para encontrarse con él. Viktor estaba allá, con los ojos verdes hacia ella, con
el fulgor de ese pelo colorado intenso. El semblante serio y los brazos cruzados en
el pecho, le hizo meditar a Bridget que estaba en la presencia de una suerte de
dios y que, por ende, no le quedó más antídoto que quedarse allá, para
rendirle respeto.
Ese instante fue suficiente a fin de que los dos se acercaran, tal y como si sus psiques
estuviesen acompasadas. Los pasos de Bridget fueron lentos, cautelosos,
al tiempo que los de Viktor eran seguros y firmes.
Quedaron alejados por pocos centímetros hasta el momento en que se volvieron a
hallar con la mirada. Se veían pues se percataron que tenían todo el
tiempo del planeta. La sonrisa de ella se extendió en una caricia que le hizo al
semblante de él, con suavidad, delicadamente.
Él sintió el calor del contacto con esa piel hasta el momento en que al fin la tomó por la
cintura con resolución. La apretó fuertemente y después juntó su frente con la de
ella. Quiso quedarse allá, en ese instante, pues sintió que tendría todas y cada una
las contestaciones a lo que pasaba. Viktor guardaría ese recuerdo por
siempre y en toda circunstancia.
Luego se fue hacia ella, para besarla y toquetearla como no pudo en el parque
de diversiones. La mezcla de sentimientos y emociones que estaba
ensayando, le hizo meditar que no solo esa mujer le despertaba el morbo
como absolutamente nadie, sino más bien como una suerte de fuego poderoso.
Claro, eso lo hacía sentir confundido pues no sabía de qué forma expresarse al
respecto. Estuvo tan extraño a los sentimientos que estaba perdido y torpe.
Además, de ratos no podía explicar que sus sentimientos estuviesen a flor de
piel, tal y como si hubiese una necesidad de que estos se expresasen con todo y
todos, mas, por otra parte, estaba el hecho de que era un hombre criado en la
delincuencia. Las emociones no tenían cabida.
La tomó entre sus brazos y la cargó fuertemente. Ella entrelazó sus piernas
sobre su leño, aferrándose con todas y cada una de las fuerzas posibles de ese cuerpo
glorioso. Volvieron a besarse, a entrelazarse, a tocarse con una desesperación
intensa.

Él empezó a pasear con el objetivo de llevarla a su habitación, la que no estaba
demasiado lejos. Ascendió las escaleras cuidadosamente, no deseó dar ningún
paso en falso, y menos cuando tenía en brazos a ese tesoro incalculable.
Llegaron al piso sin demoras ni accidentes. Viktor trató de sostener el
equilibrio lo más que pudo hasta el momento en que al fin llegó a su enorme y extensa
habitación. Tuvo que hacer sacrificios por no perder el equilibrio pues los
besos de estaban actuando sobre él con más intensidad de lo que pensó.
La dejó entonces sobre la cama y ella se reclinó con la pretensión de recibirlo
entre sus brazos, mas no pasó de esta forma pues más bien se concentró en quitarle
la ropa. Ya estaba bastante molesto por el hecho de tener que lidiar con esas
capas de lona que estaban allá, interrumpiéndole a todo dar.

Sus manos se movieron ágilmente, con rapidez; de forma que poco a
poco quedó en cueros, sobre las sábanas blancas. Al final, la piel morena de
Bridget estaba allá, desnuda, despejada, aguardándolo.
Ella estaba tan excitada que no lo podía pensar. Le llamó la atención que
estuviese tan deseosa por sentirlo entre sus piernas, de probar el calor
de entre sus carnes, de confundir su aliento con el de él. Su cuerpo lo llamaba
poco a poco más y más.

Viktor, por su lado asimismo procedió a desvestirse pues estaba en exactamente la misma
situación. El desespero, las ganas, la necesidad de estar dentro de ella. Así
que se quitó la ropa para dejar en patentiza la preciosa piel blanca que
contrastaba con el colorado de su pelo.
Bridget se levantó de la cama y lo rodeó con sus brazos. Lo miró con ganas de
decirle todo mas no pudo, su único lenguaje era su cuerpo y la calentura que
le generaba. Entonces, la volvió a tomar y sus pieles entraron en contacto.
El calor se hizo más intenso, y la desesperación asimismo. Ya no podían más.
Viktor se acomodó sobre la cama y también hizo que se acoplase a su regazo. De
inmediato empezó a moverse a fin de que la verga de él penetrara y
empalase sus carnes. Cerró los ojos tal y como si necesitara de tiempo para
desprenderse de todo indicio de realidad. En ese instante, ensayó una
especie de ola de calor que le invadió todo el cuerpo.

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