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Fire & gasoline (Fuego y gasolina) – (Moteros 05)

 Sinopsis

Cuando el amor le mostró su semblante más atroz, Harley abandonó Londres para comenzar de cero en otra parte. Seis años después, vive holgadamente de su profesión de tatuadora, tiene una tienda a medias con su amiga Jana y tantos hombres de una sola noche como su apretada agenda le deja. Es una superviviente y, como tal, hace lo que resulta preciso para subsistir, incluido sostener su corazón cerrado a cal y canto. Entonces, la una parte del negocio del que se ocupa Jana comienza a ir cuesta abajo y Harley se ve obligada a buscar empleo extra fuera de la tienda para eludir hundirse con el navío. Está con el agua al cuello cuando recibe una oferta de su ídolo, B.B.Cox.

B.B.Cox es un tatuador de fama internacional, dueño de un emporio con sucursales en múltiples puntos del planeta. Detrás de su testera de excéntrico triunfador, se oculta un hombre con un pasado controvertible y heridas en el corazón. Ahora, diez años tras haber conseguido renacer de las cenizas, la repentina muerte de sus mejores amigos, activa una vieja promesa que pone su vida al revés. Necesita alguien talentoso y de confianza en quien delegar profesionalmente mientras que sale del embrollo y, si bien recurrir a ella es lo último que quiere, sabe que solo hay una persona capaz de ayudarlo: Harley.

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Lo que parecía la solución idónea para los 2, pronto se muestra como lo que verdaderamente es; una peligrosa trampa de la que no van a salir indemnes.

¿De qué forma podrían?

Él es fuego, es gasolina. Nada ni absolutamente nadie va a poder eludir la deflagración.

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Hacía apenas unos meses que Harley se había instalado en Ámsterdam. El
resumen de su situación de aquella temporada se limitaba a 2 cosas; la primera,
vivir al día, con lo poco que iba sacando como tatuadora plenamente
ignota, y cuando no lograba ningún cliente del servicio, ejercitando de azafata de
congresos por medio de una compañía de empleo temporal. La segunda, emplear
la poco energía sobrante y el misérrimo dinero que le quedaba en una terapia
sicológica que le ayudase a salir del pozo en el que James la había dejado.
Mucho tiempo tras su muerte, proseguía padeciendo pesadillas horribles, de
las que apenas recordaba algún detalle, mas que la despertaban en medio de la
noche con el corazón latiendo enloquecido y un temor cerval adueñándose
totalmente de ella.
Había asistido a su terapia el día que conoció a Marietta. Oírla plañir le
había desgarrado el ánima. No había mucho que pudiese hacer por ella y se le
ocurrió que transformar las huellas de su desgracia en algo que no se lo recordase
toda vez que se quitaba la ropa, podía ser un buen inicio. Nunca había
hecho algo semejante ya antes. Jamás había tatuado más que piel llana y libre de
imperfecciones. Y el proceso, tal y como había contado Marietta, había sido
muy, muy duro. Pero, de alguna manera que no podía explicar, conforme avanzaba
centímetros diseñando sobre la piel de su cliente del servicio, las pesadillas habían ido
espaciándose en el tiempo. Quizás fuera coincidencia, y la auténtica solución
la hubiese aportado la terapia, y no Marietta. Fuera como fuera, asimismo su
vida había alterado con aquel tatuaje, aun ya antes de concluirlo. Había
comenzado a percibir llamadas de personas interesadas en esa clase de trabajo,
su nombre había ido pasando de cliente del servicio en cliente del servicio y, poquito a poco, fue
transformándose en su primordial fuente de ingresos. Era algo que le aportaba no
solo un medio de vida, asimismo un sentimiento útil que ya antes no tenía.
Era siendo consciente de cuánto alivio intentaba a quienes asistían a ella, y
eso formaba una experiencia muy gratificante. Poco después, Brandon le
había presentado a Jana y habían congeniado. Ella estaba a puntito de abrir su
tienda, negociaron una participación a fin de que Harley ofreciese sus servicios
allá. Al cabo de un tiempo, Jana le había ofrecido transformarse en asociada, y la
tienda pasó a llamarse Boutique J & H.
Y de repente, el temor volvía; Per retornaba a la vida de Jana, amenazador
como había sido siempre y en toda circunstancia y diez días después, Marietta resurgía en su vida y
con ella, todos y cada uno de los recuerdos.
Solo que ahora, no tenía la menor idea de de qué forma enfrentarse al tema. ¿Por
qué todo había vuelto? ¿Acaso los efectos secundarios de las experiencias
traumáticas eran cíclicos, desaparecían a lo largo de cierto tiempo, mas jamás lo
hacían claramente?
En aquel instante, cuando con los ojos llenos de lágrimas y el maquillaje
corrido, se miraba a sí en el espéculo procurando comprender lo que sucedía,
la puerta del baño se abrió y apareció Jana.
Harley se apuró a esconder su semblante bajando la cabeza mientras que se
lavaba las manos.
—¿Tienes prisa? Enseguida te dejo el baño, cari…
Jana avanzó hasta ella con resolución. Se puso a su lado y se inclinó,
buscando su mirada.
—No necesito el baño, lo que necesito es saber qué es lo que pasa,

Harley. ¿Por qué lloras?
Ella respiró hondo, procuró adecentarse las mejillas enjugando las lágrimas
con un pequeño pedazo de papel del váter. También procuró eliminar hierro al
tema, dándole la primera explicación que le vino a la mente:
—No me hagas caso… Hace tanto de lo de Marietta, que no sé… Me llenó
de recuerdos… Pero no pasa nada, cari, no tienes por qué razón preocuparte…
—¿Que no tengo por qué razón preocuparme? Harley, puedo contar con los
dedos de una mano las veces que te he visto plañir en estos años, ¿y sabes
qué? Todas fueron por saña, no por otra cosa.
—Bueno, bien sabes que me agrada reír… Pero en ocasiones, asimismo me
conmuevo, soy de carne y hueso… Venga, despreocúpate. Estoy bien, de
verdad.

Jana se cruzó de brazos, resistiéndose a tomarse de verdad lo que oía. Ni su
asociada era mujer de emotividades, ni se chupaba el dedo.
—Vamos a ver, Harley… No soy ciega, algo cambia, no es solo
esta repentina emoción tuya que me ha puesto los pelos de punta…
Harley volvió a tirar del rollo de papel del váter, y esta vez se hizo con un
buen pedazo. Se sonó la nariz bulliciosamente y se inclinó para tomar un sorbo a
morro del grifo. Bastante más recuperada, prosiguió con su política de eliminar
hierro al tema.

—Claro que algo cambia, es lo normal. Estoy trabajando para el
tatuador más conocido del planeta, si no cambiara algo sería para pegarse un
tiro, ¿no te semeja? De hecho, si lo piensas, que Marietta haya venido el día de hoy, es
una consecuencia directa de que ahora me muevo en otras esferas —dijo,
apelando al humor para eludir que Jana prosiguiera escarbando en el tema—. No
habría sido de esta forma, si no fuera por ese artículo que André escribirá sobre mí…
—No me refiero solo a eso y lo sabes.

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