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Fuimos canciones

 Sinopsis del libro 

Elísabet Benavent, también conocida como @BetaCoqueta, regresa con más fuerza que nunca para hablarnos de amor y de amistad a   partes iguales, de melodías que fuimos, de momentos que seremos.  es la primera parte de su bilogía «Canciones y recuerdos», que apunta directamente al corazón de sus lectoras, aquellas que se atrevieron con Valeria a ser ellas mismas.


Ficha técnica del  libro

  • Título: Fuimos canciones (Canciones y recuerdos 1) (Spanish Edition)
    Autores: Elísabet Benavent
    Tamaño: 0.55MB
    Nº de páginas: 690
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Las dos me miraron a mí, pero fui incapaz de dar mi opinión sobre el asunto. Por el contrario, cogí mi móvil del
bolsillo, abrí el mensaje de Leo que había leído unas tres mil veces y lo tiré en el regazo de Jimena.

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—¿Y esto qué es? Yo quiero que me cuentes lo de mirar a la muerte a los ojos.
Señalé el móvil, incapaz de decir nada más, y ellas lo sostuvieron entre las dos para leer los mensajes que
aparecían en la pantalla.
La primera en reaccionar fue Adriana, que se tapó la boca con la mano. Jimena me miró después, con sus ojos
redondos y claros fuera de sus órbitas.

—¿Cómo no nos cuentas esto antes?
—Llevo día y medio sin poder construir frases coherentes —conseguí responder—. Me llevan los demonios.
—Maca, escúchame… —Adri se acercó a mí, me cogió una mano y me obligó a mirarla—. Este mensaje es un
montón de…
—… mierda —terminé yo por ella.
—No. Bueno, sí, pero lo que quiero decir es que este mensaje es rabia pura. Y… nadie tiene tanta rabia dentro por
alguien que le da igual.
Jimena, que estaba releyendo el mensaje, alzó los ojos hacia nosotras.
—Adri, no lo alimentes, por favor —le pidió—. Olvídalo. Ya está. No le contestes e ignora su existencia.

—Anoche estaba tan cabreada que pensé en pagar a alguien para que…
—¿Para que lo matara? ¡¡Macarena, por Dios!! —gritó Jimena.
—¡No! Que lo matara no, joder. Un par de piernas rotas hubiera bastado.
—¿Hay gente que hace eso por dinero? —se preguntó Adriana en voz alta.
—A ver, pirada, psicópata. —Jimena llamó mi atención—. Explícame por qué mierdas le mandaste tú el mensaje
primero. ¿No habíamos quedado en que estaba superado y…?
—Me dio un viaje astral. —Me eché hacia atrás en el sofá y más objetos no identificados salieron volando de la
funda del sofá—. Cuando pensé que me mataba en el avión…, me dio un viaje de la hostia. Y pensé en todo lo que
dejaría pendiente y en toda la mierda que he ido arrastrando desde hace años y quise hacer limpieza. Empezar de
cero. Solucionar las cosas. Perdonarle aquello de una vez.
Me miraron en silencio y me tapé la cara con las manos, para dejarlas caer después de unos segundos.

—Pensé que saldría bien. Cuando hablé con Pipa y le dije que no podía seguir tratándome mal, creí que saldría
bien. Pero Pipa se cree que soy gilipollas y Leo es un hijo de la gran puta.
—Si te escuchara Rosi… —murmuró Jimena, haciendo referencia a la madre de Leo.

—¿Qué hiciste? —se interesó Adri—. Porque veo que no le contestaste.
—Claro que no. ¿Qué se le contesta a eso? Hasta donde yo sé, las maldiciones hay que echarlas en persona.
Además, estaba con Raquel cuando lo recibí y… me explayé con ella. Le dije algo como que esperaba que con ella
no fuera un psicópata y me fui a llorar a un portal.
Tocó el turno de que se miraran entre ellas y yo volví a taparme la cara con un cojín. Con las manos no bastaba.

—Le escupí en el batido —murmuré.
—¿Qué?
—Le escupí en el batido —volví a susurrar.
Jimena me arrancó el cojín de la cara con mala leche y yo puse cara de pena.
—Le escupí en el batido. Y se lo bebió.
—¿Leo? —me interrogó Jimena muy extrañada.
—Pipa —aclaré.

Una sonrisa se dibujó en sus caras y  pronto se convirtió en una carcajada que me contagió.
—¡Así se hace! —gritó Jimena a la vez que alargaba la mano para intentar chocarla con la mía.

—¡No la animes! —Adriana la apartó sin poder dejar de esbozar una sonrisa—. Las venganzas no solucionan
nada. ¿Es que no has leído El Conde de Montecristo? Las venganzas le destrozan a uno la vida porque, mientras se
dedica a planearlas…, olvida vivir.
Arrugué el labio en un gesto de inconformismo.


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