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La ciudad del rey

Genero: Terror

 Sinopsis del libro 

El 6 de octubre de 1474 un violento ataque a la comunidad de judíos conversos de Ciudad Real precipita que el arzobispo de Toledo envíe a la ciudad al licenciado Tomás de Cuenca, con atribuciones de juez delegado inquisidor. Mientras este investiga una posible herejía de  La ciudad del rey pdf los principales ciudadanos conversos, descubre, junto con el joven Hernán Pérez del Pulgar (años más tarde, héroe de

la conquista de Granada), el intento de don Rodrigo Téllez Girón, poderoso maestre de la Orden de Calatrava, de apoderarse de la ciudad, como parte de una conspiración que podría cambiar el destino de Castilla. Los acontecimientos que se desencadenarán tras la muerte del rey Enrique IV, cambiarán para siempre la percepción del inquisidor sobre las relaciones de poder, la religión y las mujeres…

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Ficha técnica del libro

  • Título: La ciudad del rey
    Autores: Marcelino Santiago Yustres
    Tamaño: 1.88MB
    Nº de páginas: 437
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Los niños corrían como dos exhalaciones por las habitaciones y escaleras de
la casa sin que Teresa pudiera detenerlos. Se habían escapado de la vivienda
contigua, donde vivía su hermano Juan con su familia. Aprovecharon un
descuido de la joven y subieron las escaleras de la torre en la que Sancho de
Ciudad acostumbraba a realizar sus oraciones en soledad, donde lo
sorprendieron con el talit en la cabeza. Detrás de ellos entró Teresa, fatigosa y
sorprendida por la vitalidad de la que hacían gala los pequeños.
—Lo siento, padre —dijo casi sin aliento—. Han entrado como dos
centellas y no he podido detenerlos.
—No te preocupes; acabo de terminar mis oraciones —dijo abrazando a
los pequeños casi en cuclillas para ponerse a su altura.
—Abuelo, cuéntanos una historia.
—¡Ah, no, de eso nada! —dijo Teresa intentando cogerlos de las manos
para llevárselos abajo—. Vuestro abuelo está cansado y vosotros tenéis que

dormir para que mañana podáis estar fuertes y vigorosos.
Sancho se resentía del golpe que había recibido en el costado el día que
atacaron su casa, y las magulladuras todavía eran evidentes en su rostro.
Sonreía al sentir los besos de sus nietos en ambas mejillas mientras se ponía
en pie y se sentaba, luego, en un viejo sillón de madera labrada.
—¿Pero por qué no? —refunfuñaban los chiquillos—. Todas las noches
nos cuentas una.
—Sí, pero hoy ya es tarde. —Teresa se esforzaba en disuadirlos.
—Está bien, está bien —cedió Sancho ante la insistencia de sus nietos.
—Cuéntanos cuando viste la estrella en el cielo. —Los dos niños se
sentaron en el suelo a los pies de Sancho de Ciudad, sobre una alfombra que
los aislaba del frío.
El hombre miró de reojo a Teresa, que ya había claudicado ante la
insistencia de los pequeños.
—Está bien, os hablaré de la estrella, aunque tendréis que perdonarme si

olvido algún detalle, porque aquello ocurrió hace más de veinte años. —Hizo
una pausa antes de comenzar su relato—. Aquella noche nos reunimos en esta
misma habitación con otros familiares y amigos, pero era verano y la
temperatura, más agradable.
En ese instante entró por la puerta Juan de Ciudad, el padre de los niños,
que no pudieron verlo porque estaban de espaldas. Intentó no hacer ruido para
no romper la magia del relato de su padre y se quedó apoyado en la jamba
mientras Teresa le advertía de que mantuviera silencio.
—El cielo se encontraba despejado, sin nubes, y no había luna; solamente
las estrellas brillaban con una intensidad fuera de lo normal. De repente,
apareció por la ventana la estrella con la luz más bonita que jamás se haya
podido ver desde la visión de la zarza ardiente que tuvo Moisés. Todos
corrimos escaleras arriba para admirarla desde la azotea de la torre. La
hermosa luz se hizo grande y se extendió por toda la ciudad, arrastraba tras de
sí un enorme manto luminoso, como la capa de un rey tejida en oro. Aquella
estrella cambió nuestros rostros, que se iluminaron contagiados por su belleza
como niños que acababan de ver el regalo más hermoso que nadie jamás
pudiera hacerles. Todos creímos La ciudad del rey epub  que el Salvador acababa de nacer en

Constantinopla, y rezamos dando las gracias a Dios por ello. Algunos decían:
«El destinado a salvarnos ha nacido», y bailamos de gozo y de entusiasmo
toda la noche.


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