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La cura mortal

 Sinopsis del libro 

Thomas no puede confiar en CRUEL. La organización le borro sus recuerdos y lo encerró en el laberinto. Luego lo dejo al borde de la muerte, en el desierto. Y lo separaron de los habitantes, sus únicos amigos. Ahora CRUEL asegura que el tiempo de las mentiras ha terminado. Con toda la información que reunió gracias a las pruebas, está en condiciones de avanzar en la cura de la llamarada.

Pero Thomas debe pasar por la prueba final. ¿Lograra  sobrevivir al procedimiento? ¿Será cierto que se terminaron las mentiras? Quizá la verdad sea más terrible aun…una solución letal, sin retorno. La cura mortal pdf es el esperado final de la saga Maze Runner. En ella James Dashner desarrolla una trama audaz, al límite, donde nadie parece estar a salvo en un mundo enfermo y desesperado, donde la cura y la muerte son el futuro que aguarda a una humanidad derrotada.

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Ficha técnica del  libro

  • Título: La cura mortal
    Autores: James Dashner
    Serie: III de El corredor del laberinto
    Tamaño: 1.24MB
    Nº de páginas: 317
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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El Hombre Rata le ignoró. Se acercó a la cama más próxima y colocó una
mano en el extraño dispositivo que colgaba del techo.
—Esto es algo de lo que estamos muy orgullosos aquí, una proeza de la
ingeniería científica y médica. Se llama «retractor» y será lo que realice el
procedimiento. Se colocará en vuestra cara y os prometo que estaréis igual de
guapos cuando todo haya terminado. Unos pequeños alambres descenderán y
entrarán en vuestros canales auditivos; desde allí extraerán la maquinaria de
vuestro cerebro. Nuestros doctores y enfermeras os darán un sedante para
calmar los nervios y algo para aliviar las molestias —hizo una pausa y echó
un vistazo a la habitación—. Caeréis en un estado de trance mientras los
nervios se reparan y vuelven los recuerdos, algo parecido a lo que algunos de
vosotros experimentasteis durante lo que llamabais «el Cambio» en el
Laberinto. Pero no tan malo, lo prometo. La mayoría de lo que sufristeis era
para estimular los patrones del cerebro. Tenemos varias salas más como esta y
a todo un equipo de médicos esperando para empezar. Bueno, estoy seguro de
que tenéis un millón de preguntas, pero la mayoría la responderán vuestros
propios recuerdos, así que esperaré hasta que finalice el procedimiento para
resolver las dudas que queden —volvió a hacer una pausa y luego terminó—:
Dadme un momento para asegurarme de que los equipos médicos están
preparados. Podéis aprovechar estos minutos para tomar una decisión.
Cruzó la habitación, el roce de los pantalones blancos era el único sonido
que interrumpía el silencio, y desapareció por la primera puerta de acero,
después de cerrarla. El ruido inundó la sala cuando todos comenzaron a hablar
a la vez.
Teresa se acercó a Thomas. Minho se hallaba justo detrás de ella y se
inclinó para que le oyeran por encima de las conversaciones desesperadas.
—Vosotros, pingajos, sabéis y recordáis más que el resto. Teresa, nunca ha
sido un secreto, no me gustas. Pero quiero saber, de todos modos, qué opinas.
Thomas tenía la misma curiosidad por saber la opinión de Teresa. Le hizo
una señal con la cabeza a su antigua amiga y aguardó a que hablara. Todavía
había una pequeña parte de él que esperaba como un tonto que al final ella se
pusiera en contra de lo que CRUEL quería.
—Deberíamos hacerlo —dijo Teresa, y a Thomas no le sorprendió lo más
mínimo. Su esperanza se esfumó definitivamente—. A mí me parece lo
correcto. Necesitamos recuperar la memoria para saberlo todo. Para decidir
qué haremos después.
Thomas le dio vueltas al asunto, intentando aclararse.
—Teresa, sé que no eres estúpida; pero también sé que estás enamorada de
CRUEL. No sé de qué vas, pero no me lo trago.
—Yo tampoco —terció Minho—. ¡Pueden manipularnos, jugar con
nuestros fucos cerebros, tío! ¿Cómo sabremos si nos devuelven nuestros
recuerdos o nos están introduciendo unos nuevos?
Teresa dejó escapar un suspiro.

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—¡No entendéis nada! Si pueden controlarnos, si pueden hacer lo que
quieran con nosotros, si pueden obligarnos a cualquier cosa, entonces ¿por qué
iban a molestarse en montar toda esta farsa de darnos a escoger? Además, ha
dicho que también nos van a quitar la parte que les permite controlarnos. A mí
me parece justo.
—Bueno, nunca he confiado en ti —dijo Minho, sacudiendo la cabeza
despacio—. Y menos aún en ellos. Estoy con Thomas.
—¿Y Aris? —Newt había estado tan callado que Thomas no se dio cuenta
hasta entonces de que estaba detrás de él con Fritanga—. ¿No dijisteis que
estaba con vosotros antes de llegar al Laberinto? ¿Qué opina él?
Thomas examinó la sala hasta que vio a Aris hablando con algunas de sus
amigas del Grupo B. Había estado con ellas desde que Thomas llegó, algo
comprensible, puesto que Aris había pasado por la experiencia del Laberinto
con ese grupo. Pero él jamás podría perdonarle el papel que había
representado ayudando a Teresa en la Quemadura, cuando le llevó a la cámara
en las montañas y le obligó a entrar allí.

—Iré a preguntarle —dijo Teresa.
Thomas y sus amigos observaron cómo se acercaba al grupo, que comenzó
a susurrar furiosamente.
—Odio a esa tía —dijo al final Minho.
—Vamos, no es tan mala —comentó Fritanga.
Minho puso los ojos en blanco.
—Si ella lo hace, yo no.
—Yo tampoco —estuvo de acuerdo Newt—. Y yo soy el que se supone
que tiene el maldito Destello, así que me juego más que ninguno. Pero no voy a
caer en ninguna trampa más.
Thomas ya se había decidido.
—Oigamos qué dice. Aquí viene.
La conversación con Aris había sido breve.
—Sonaba incluso más seguro que nosotros. Todos van a hacerlo.
—Bueno, eso lo deja bien claro —respondió Minho—. Si Aris y Teresa
están de acuerdo, yo me niego.
Thomas no podría haberlo dicho mejor. Todos sus instintos le decían que
Minho tenía razón, pero no expresó su opinión en voz alta y observó la cara de
Teresa. Ella se dio la vuelta y le miró. Era una mirada que conocía muy bien:
la chica esperaba que se pusiera de su parte. Pero la diferencia era que él
encontraba sospechosas las ganas con que Teresa lo deseaba.
Se la quedó mirando, obligándose a mantener un rostro inexpresivo, y el
rostro de la chica se ensombreció.

—Haced lo que os dé la gana.
Negó con la cabeza, luego se dio la vuelta y se marchó. A pesar de todo lo
sucedido, a Thomas le dio un vuelco el corazón mientras ella se alejaba.
—Ay, tío —dijo Fritanga, dándole una palmada en la espalda—, no
podemos dejar que nos pongan eso en la cara, ¿no? ¡Con lo feliz que era yo en

mi cocina de la Hacienda! Te lo juro.
—¿Te has olvidado de los laceradores? —preguntó Newt.
Fritanga se detuvo a pensar un segundo y dijo:
—Nunca se metieron conmigo en la cocina, ¿no?
—Sí, bueno, ya te encontraremos un nuevo sitio para que cocines —Newt
agarró a Thomas y Minho del brazo y los apartó del grupo—. Ya he oído
suficientes argumentos. No voy a La cura mortal epub tumbarme en una de esas camas.
Minho apretó el hombro de Newt.
—Yo tampoco.
—Lo mismo digo —asintió Thomas, y por fin pronunció lo que había
estado pensando durante semanas—: Nos quedaremos por aquí, cooperaremos
y seremos agradables —susurró—. Pero en cuanto tengamos una oportunidad,
nos escaparemos.


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