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La hija del pintor

Genero: Drama

 Sinopsis del libro 

Un cambio de vida y un matrimonio con un desconocido para acallar un escándalo no parecen ser la mejor vía para llegar al amor. ¿O sí?
Sophie Dupont trabaja en el taller de su padre, retratista. Tiene talento propio y, sin embargo, lo mantiene oculto. De viaje por la costa de Devon, un destino habitual para los pintores de la época, conoce a Wesley Overtree, el primer hombre que le dice que es guapa… El capitán Stephen Overtree está acostumbrado a ocuparse de las obligaciones que su hermano Wesley deja sin atender.

Cuando conoce a la hija del pintor que ha alquilado la casa de su hermano, queda prendado de ella… y al saber que está embarazada de su hermano, que la ha abandonado por otra musa en Italia, decide tomar cartas en el asunto y le propone matrimonio. No le ofrece amor, ni siquiera un futuro juntos, pero puede salvarla del escándalo. Ella acepta casarse con él, y se traslada junto al capitán a Overtree Hall.
Sin embargo, nada ma´s llegar, se da cuenta de que los problemas solo acaban de empezar. ¿Se arrepentira´ de la decisio´n tomada o acabara´ enamora´ndose del extran~o con quien se ha casado?

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Ficha técnica del  libro

  • Título: La hija del pintor
    Autores: Julie Klassen
    Tamaño: 1.96MB
    Nº de páginas: 410
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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La señora Pannet llegó a la hora prevista, preparada para realizar la última
prueba de los vestidos para la fiesta. La señora Overtree llamó a las jóvenes
para que acudieran a sus habitaciones, pues allí podía sentarse, controlarlo
todo cómodamente, hacer observaciones y eventualmente aprobar lo que viera.
La ayudante de la modista ayudó a Kate a ponerse el traje de satén rosa e
hilvanó los dobladillos, mientras la señora Pannet observaba a la chica desde
todos los ángulos posibles.
—¿Qué le parece, señora?
—Perfecto —declaró la señora Overtree.
Le tocó el turno a Sophie. Le colocaron el vestido azul y blanco y la
ayudante anudó los lazos de la espalda, apretando con fuerza y pasando
dificultades a la hora de abrochar los pequeños botones decorativos de la
parte trasera del corpiño.
La modista frunció el ceño.
—¿Ha ganado peso desde la última vez que se probó el vestido y anoté las
medidas?
Sophie notó calor en las mejillas y lanzó una mirada fugaz a la señora
Overtree.

—Me temo que podría haber…
—La verdad es que aquí, en Overtree Hall comemos muy bien —dijo la
señora Overtree—. ¿Verdad, Sophie?
—Sí —confirmó Sophie—. Tengo que confesar que no estaba
acostumbrada a acabar las comidas con dulces, ni a los púdines. A este ritmo
voy a engordar mucho.
—Pues sí. Una dama joven tiene que ser cuidadosa con su peso. Incluso de
recién casada. A no ser… —La señora Overtree no terminó la frase, que se
quedó flotando en el ambiente. Repasó con los ojos toda la figura de Sophie y
finalmente los fijó en el vientre.
—Tendré que cambiar esta parte —dijo la modista con tono sufrido y algo
molesto—. Pero llegaremos a tiempo para el gran día, no se preocupen.
La modista y su ayudante recogieron sus cosas, mientras que las Overtree
se quedaron en la salita de los aposentos de la señora Overtree, en la que
había un confortable sofá y un sillón. Libby les llevó el té y se sentaron para
charlar mientras se lo tomaban.
—Solo quedan unos días, ¡con todo lo que aún falta por hacer! —se quejó
la señora Overtree.
—Madre, habrá invitado al señor Harrison, ¿no? —preguntó Kate.
—Pues no, no lo he invitado. No específicamente. Aunque por supuesto sí
que he tenido que invitar al señor y a la señora Nelson y lo más probable es
que lo traigan con ellos.

—Claro. Después de todo, es su hijo —dijo Kate asintiendo.
—No, no lo es, Katherine. Lo han criado con ellos gracias a su bondad.
Cosa que admiro, no te confundas. Pero ¿por qué intentan hacerlo pasar por un
caballero? Sé que le tienen cariño, es lógico, pero la verdad… No es justo
ponernos a todos los demás en una posición tan incómoda desde el punto de
vista social.
Sophie se acordó de la confidencia que le había hecho Ángela Blake acerca
de las circunstancias del nacimiento del joven.
—¿Tan malos son sus antecedentes familiares?
—Sí. Su madre no estaba casada. No se sabe quién es su padre. Nuestro
pastor y su esposa, que no tenían hijos propios ni podían tenerlos, lo
adoptaron cuando era un crío, tras la muerte de su pobre madre. Algo que
demuestra una gran caridad cristiana por su parte, no lo pongo en duda. Y
cuando viene por aquí para recaudar donaciones para los pobres, le abro mi
puerta con gusto y amabilidad. ¿Pero recibirlo como a un igual? ¿Vestido y
actuando como si fuera un caballero, haciendo que nuestra Katherine se vuelva
a mirarlo por su buen aspecto y sus amplias sonrisas? No, eso no me parece
bien, es deplorable.
—¡Madre! —protestó Kate—. Es usted muy injusta. Sus modales son muy
educados y actúa con una absoluta corrección social. Y sí, además tiene un
aspecto físico magnífico. —Al decir la última parte de la frase, se formaron
unos hoyuelos en las mejillas de Kate.

—Se puede educar a un hombre para que interprete un rol social, pero un
caballero lo es de nacimiento, por su linaje.
—Madre, me gusta el señor Harrison —afirmó Kate, haciendo un mohín—.
Y creo que yo le gusto a él. Yo…
—Pues claro que le gustas, Katherine —convino la señora Overtree—. Por
lo menos le alabo el gusto. Pero tu estás socialmente muy por encima. Debería
saber cuál es su lugar y no salirse de él.
—Madre, habla usted como una arpía.
—Y tú como una romántica que no sabe nada del mundo real, Katherine.
Puedes considerarme todo lo arpía que quieras, pero eso no cambia los
hechos, que son como son. Si te casaras con él, se te cerrarían muchas puertas.
Ni tu padre ni yo aprobaríamos vuestra unión. No por crueldad, sino por todo
lo contrario: porque queremos lo mejor para ti. Así que lo mejor que puedes
hacer es quitártelo de la cabeza.
Iba a pasarle el plato de galletas a Sophie, pero lo pensó mejor y se lo pasó
a Kate.
—Deberías alegrarte, porque hemos invitado a Sefton Darby-Wells. Un
hombre muy atractivo, no podrás negarlo.
—No lo niego, pero jamás ha mostrado el menor interés por mí.
—Es de muy buena familia y está muy bien relacionado. Además, su madre
me escribió haciéndome saber que a él le gustaría ser invitado a Overtree
Hall.—
¿De verdad? Me sorprende saberlo. Pensaba que estaba interesado en la
señorita Parkland.

—Pues parece que no es así. Simplemente prométeme que, si surge, le
darás una oportunidad. No dejes que tu encaprichamiento con el joven señor
Harrison te impida hacer caso de un hombre que te conviene infinitamente
más.—
Muy bien, madre. Al menos la señorita Blake y yo tendremos otra
posible pareja. Creo recordar que el señor Darby-Wells baila muy bien. —
Respiró por la nariz y murmuró como para sí misma según subía hacia la boca
la taza de té—. De todas formas, espero que el señor Harrison venga también.


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