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La hija mayor

La hija mayor pdf

La hija mayor Sinopsis

Tras las puertas de aquella mansión se escondían pasiones y oscuros secretos…
Hayley Thomas siempre había sido la más atrevida y audaz de las dos gemelas herederas de Heartskeep… hasta que comenzaron los desvanecimientos, las puertas que se cerraban solas y los susurros a media noche. Parecía que alguien estaba jugando con ella, ¿o acaso se estaba volviendo loca? Dada la ausencia de su hermana, no le quedó más remedio que pedir ayuda a un inquietante y sensual desconocido…
Con su pecaminosa sonrisa y su aire de poder, Bram Myers podría haber sido el mismísimo Satán,

y sin embargo se había convertido en el ángel guardián de aquella tozuda mujer, cuya sola presencia le trastocaba los sentidos. Y, cuando la tuvo temblorosa entre sus brazos, supo que sería capaz de cualquier cosa con tal de protegerla del mal que la acorralaba…


Ficha técnica

Título: La hija mayor (eLit)
Autores: Dani Sinclair
Serie: I de La herencia de Heartskeep
Nº de páginas: 345
Idioma: Español
OS: iOs, Android, Windows
Servidores: Google drive, 1Fichier, Zippyshare, y Onedrive

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Al instante siguiente se hubiera mordido la lengua. Bram la miraba en
silencio
y ella sabía bien lo que pensaba.

—No quería decir conmigo —corrigió—. Quería decir en una cama.
Hay muchas habitaciones libres, puedes elegir. He pensado que te gustaría no
tener que dormir en el suelo y, ya que te preocupa que me quede aquí sola…
Sabía que tartamudeaba como una cría en su primera cita. Si hubiera
tenido un ápice de cerebro, se habría metido en su coche y se habría
marchado. ¿Qué hacía allí invitando a un desconocido a pasar la noche con
ella?
—A tu padre no le gustaría —repuso él.
Hayley enderezó los hombros.
—¿Y qué? Soy una adulta, no una niña. Y esta casa es mía, no suya.
—Es posible, pero a mí me contrató él —dijo Bram con suavidad.
Hayley vaciló. ¿Debía quedarse o irse? Miró a su alrededor con
nerviosismo.

No recordaba haber visto nunca Heartskeep vacío. Cuando no estaban su
madre o su abuelo, siempre estaban Kathy o la señora Walsh. ¿Dónde se
hallaban ahora? El ama de llaves y su hija eran prácticamente miembros de la
familia.
El timbre de un teléfono rompió el silencio. Hayley se sobresaltó y sonrió
débilmente a Bram, aliviada por aquel sonido familiar.
—Disculpa un momento.
Corrió a la biblioteca, abrió una de las pesadas puertas de madera,
encendió la luz y comprobó con alivio que la estancia estaba tal y como ella la
recordaba. El resto de la casa podía parecer fría y extraña, pero de aquella
habitación tenía sólo recuerdos entrañables.
Se lanzó a por el teléfono, temerosa de que dejara de sonar antes de que
contestara. Notó entonces que Bram la había seguido y estaba al lado de la
puerta.

—¿Diga?
Alguien respiró con fuerza al otro lado.
—¿Quién es? —preguntó una voz.
Hayley reconoció inmediatamente el tono nasal de Eden.
—Soy Hayley.
—¿Qué haces ahí?
—¡Caray, Eden! Hasta donde yo sé, ésta es mi casa.
Eden había trabajado como enfermera de su padre desde antes del
nacimiento de Hayley y, aunque nunca se había mostrado especialmente
amigable, tampoco había sido hostil hasta la desaparición de su madre.
—Pásame a la señora Norwhich —exigió.
—¿A quién?
—A la nueva ama de llaves.
—¿Dónde están la señora Walsh y Kathy?
Eden carraspeó.

—Se marcharon. ¿Está ahí la señora Norwhich, sí o no?
—¿Cuándo se marcharon? ¿Adónde fueron?
—No tengo tiempo para esto, Hayley. Pásame a la señora Norwhich.
Hayley procuró reprimir su rabia.
—Hasta donde yo sé, aquí no hay nadie aparte de mí.
—¿Dónde está tu hermana?
—Leigh sigue en Inglaterra.
—¿Ha vuelto la luz?
—Sí.

—Bien, Marcus se ha acostado ya y no pienso despertarlo. Me ha costado
mucho convencerlo de que nos quedáramos esta noche en la posada. Es
imposible saber cuánto tiempo durará la electricidad esta vez. Hay problemas
con un transformador o algo así y nos hemos venido aquí porque la posada
tiene generadores propios. Te aseguro que todo esto ha sido muy molesto. Es
posible que Odette también haya decidido quedarse en el pueblo.
—¿Quién es Odette?
—La señora Norwhich —explicó Eden con brusquedad—. Tu padre y yo
volveremos después de desayunar.
—¡Espera! ¿No hay nadie durmiendo en la casa?
—No.

Es una pesadez, pero de momento la señora Kerstairs sólo viene a
limpiar por el día. Aunque esta semana no ha hecho gran cosa. No se puede
trabajar sin luz.


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