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La memoria de los vivos

 

 Sinopsis

Los personajes que recorren estas páginas son representantes de esa Belle Époque que asimismo llegó a México pese a que el país vivía abismado en las continuas luchas por su independencia y por una guerra civil. Mientras este definía su porvenir, fueron capaces de hacer una gigante fortuna que pasearon por Irlanda, Santander, Londres, París o bien Nueva York, y que en tan solo 3 generaciones conoció su nacimiento, su apogeo y su caída. La memoria de los vivos es una novela de vanguardistas y es asimismo una novela que se adentra en el frágil tejido

compuesto de tramas y de nudos que urden las familias. Fiel a las palabras de Cicerón: ‘La vida de los fallecidos está depositada en la memoria de los vivos’, la autora ha trenzado esta historia extrayendo el material narrativo de cartas, de fotografías y de historias oídas de generación en generación, con los que ha dado forma literaria a la saga de los Myagh-Trápaga. ‘La traca final de un baile que desde ese instante iría perdiendo fuelle, hasta dejar un indicio de confetis mojados y sucios. Sus descendientes solo recogerían las migas. Y la historia de leyenda de la gloria.’

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Ficha técnica

  • Título: La memoria de los vivos
    Autores: Phil Camino
    Tamaño: 1.01MB
    Nº de páginas: 467
    Idioma: Español

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Las noches en el campo se llenaban con esas conversaciones mientras que el
cielo y las nubes impávidas arrastraban hasta la quinta las sonatas que
llegaban de las casas de los arrieros. Eran familias enteras que habían ido
desde la Huasteca hasta allá para trabajar unas tierras que todavía no habían
conocido el arado. Sus voces anegaban como una fiebre temperada el porche
de la casa, las letras de El caimán o bien de El Sacamandú volaban hasta allá,
arrastradas por los vientos que las hacían viajar por las ramas de los ficus,
dando a las sonatas una armonía como de brisa fresca. Las tonadas se
mezclaban a los aromas del árbol de la guayaba y al del azahar de los naranjos
mexicanos. Y en esa amalgama de olores medraban felices y saludables Haroldo
y sus hermanos, tal y como si más que proceder de la tierra, los olores que llegaban
hasta sus pulmones y regaban sus vísceras y sus propósitos manasen de Fanny
y de Emily, de sus tíos y de la nana Ixchel, de una suerte de orden natural y
perfecto que reinaba en la hacienda y cuya génesis procedía de sus moradores.
En 1864, tras perder nuevamente los mexicanos una guerra, esta vez contra

los franceses, llegó a México el emperador Maximiliano para regir el
país.—
Una impostura. Ahora resulta que somos peones de Napoleón III. Un
gobierno liberal apoyado por los Estados Unidos es lo que hace falta si
México desea medrar —se lamentaba Richard.
Juárez había salido de urbe de México, se refugiaba en San Luis, sus
ideas eran peligrosas, mas ¿no había, cuando menos, luchado contra el francés?
—¿Me dirás ahora que defiendes las ideas de Juárez?
—No, claro que no son mis ideas, y lo sabes, Denis, mas no es una
cuestión de ideas. Es una cuestión de supervivencia.
Si en algo estaban conforme los hermanos era en que la república era
lícita.
—Pero ¡respaldar a Juárez es respaldar a los que se rebelan contra el orden!

—clamaba Denis.
Richard se viró cara la ventana y tocó el cristal. Estaba frío.
El mismo papa se había opuesto a la Constitución mexicana, a las leyes de
la Reforma. Y mientras que se forjaba el carácter nacionalista de una nación,
Richard cuajaba un nuevo patriotismo que iba contra las ideas de su
hermano. Ese Napoleón III pretendía eliminar a los mexicanos su tierra. Richard
había bregado ya mucho para no proteger a los que consideraba suyos.
Además, esos conservadores incompetentes, apoyando a los franceses, si lo que no
deseaban era que las intenciones de Juárez avanzaran, se lo ponían
en bandeja con su cerrazón al desarrollo.
Richard se volvió cara su hermano:
—No somos hombres de política. Deja la política para los que no han
cruzado miles y miles de quilómetros como . Para los que no se han dejado las
suelas en los caminos. Para los que no saben, como , qué es pasear
con cadáveres por el suelo y terminar pasando de largo pues sabes que de no
hacerlo lo que te juegas es tu vida. Somos hombres de negocios, Denis. Y de
esos siempre y en toda circunstancia van a hacer falta. Este es un país para nosotros. Asume que somos unos
emigrantes. Ya lo he asumido. ¿Tenemos nuestras raíces en Irlanda? Pues
es posible que las hayamos perdido. Ahora están acá. Y no me solicites que me case

con las ideas políticas de absolutamente nadie. No lo voy a hacer. Salvo que defiendan lo que
defiendo: el trabajo, el trabajo, el trabajo.
Cuando acabó de charlar tosió y después se cayó sobre la alfombra
mullida que recogió su forma larga amortiguando el golpe.

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