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La patria de Enriqueta

Genero: Novelas

 Sinopsis

Enriqueta, hija de inmigrantes, lucha con todas sus fuerzas para salir adelante en una Argentina convulsionada: la década infame, la de los años treinta.
Este nuevo libro de Graciela Ramos transcurre durante las primeras décadas del siglo XX en Buenos Aires, en un contexto mundial de entreguerras. Enriqueta, hija de inmigrantes, es apenas una niña cuando queda huérfana y le toca asumir el control de su vida en una época llena de injusticias y también de luchas por defender los derechos básicos.

Los vecinos del conventillo, las amistades de la militancia política, la librería donde consigue su primer trabajo, el peligroso momento del golpe de Estado de 1930, la inesperada suerte que le permite iniciar distintos negocios transitan las páginas vertiginosas de esta historia.
La pasión, la pobreza y las jóvenes instituciones de nuestro país le dan un marco explosivo a esta atrevida historia de amor y coraje en la que nuestra heroína es protagonista de una novela inolvidable.

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Cuando llegué, algo lucía diferente en el ambiente. Me estaban esperando.
Me dijeron que ya no regresara, que no podían seguir pagándome el sueldo.
Estaban nerviosos. Sabían que ese trabajo era todo para mí.
—Apenas las cosas tomen su curso vas a volver…
Los miré con una sonrisa. Ellos no eran culpables, no indagué en los
motivos por los cuales quedaba fuera. Me llevé unos libros, algunos pesos y
una amargura de la gran siete.
Ese día deambulé por las calles mirando la nada. Otra vez me encontraba
en la línea de partida. Ya estaba cansada de retroceder y volver a comenzar.
Desilusionada. Desesperanzada. Sin Lucrecia…

Esa noche, Antón llegó con las manos llenas. Comida, hasta una bermuda y
una camisa para Bautista. Estaba tan hermoso con la ropita nueva. Caminaba
de acá para allá.
—¿De dónde sacaste el dinero?
—Menos pregunta Dios y perdona.
—Por favor.
—Pedí un préstamo a un amigo, para aguantar hasta que aparezca algo…

—Me da miedo, Antón. Hoy, si te agarran, te matan. Dicen que al Lugones,
el hijo del escritor, el que se violaba a los chiquitos en el orfanato, ¿te
acordás?, lo dejaron nomás a cargo de la Penitenciaría. Yo había pensado que
era un rumor, pero no. Es un perverso. Es un torturador. Si te atrapan te llevan
directo a sus manos, ¿te imaginas?
—No te preocupes, mi amor. No me van a atrapar. Ven, vamos a decirle a
doña Irma que hoy nos comemos un asadito en el patio.
La carne asada deshaciéndose entre mis dientes me produjo tanto placer
que casi lloro. Y las batatas asadas. Y los tomates asados. Y la tortilla con

grasa que hizo Antón. Y tomamos vino. Me sentí reconfortada. Bautista se
quedó dormido y nosotros solos.
La bebida tiene esa virtud de atenuar los colores de las emociones. Antón
me miraba, yo lo miraba, nos sonreíamos, nos reíamos. El miedo había
desaparecido.
—Te amo mucho —dijo.
—Yo también.
—Ven.
Me senté a su lado y con su mano guió mi rostro hacia el suyo y me besó.
Mi cuerpo tembló entero. Acaricié su cabello, y nos abrazamos con fuerza.

Nos fuimos a la cama. Chequeamos al mismo tiempo a Bautista que dormía
como un angelito, en el sillón. Nos miramos, nos reímos y caímos en la cama.
Antón comenzó a desvestirme, yo estaba paralizada. Me daba vergüenza y
no sabía qué hacer… Siempre nos besábamos rápido, al pasar, ahora
estábamos ahí, con todo el tiempo disponible.
Empezó a besarme el cuello. ¡Qué lindo se sentía! Solté mi ser a su
merced.
Lo recibí, así, como era él.
Nos fundimos en uno, al compás de sus caderas. Mi cuerpo estremecido
estaba conociendo los placeres del sexo. Me penetró con suavidad y me besó
los pechos, mi ser se descontroló y comenzó a exigir, un sentimiento
desconocido para mí. En un momento pensé que me estaba dando un ataque,
pero cuando mi columna se dobló y mi vagina se llenó de cosquillas me di

cuenta de que no era un ataque, era un orgasmo como nunca había tenido en mi
vida. Nos abrazamos. Esa fue mi primera vez. Quedó el sello de sangre en la
sábana. Antón acariciaba el punto rojo y yo disimulaba mis lágrimas.
—Solo te pido un poco de paciencia, Enriqueta, te juro que las cosas van a
cambiar para nosotros y vamos a vivir como familia, los tres, tranquilos. Te lo
prometo, mi amor.

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