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La perla rusa: Trilogía Tu + Yo completa

Genero: Ciencias

 Sinopsis del libro 

¡Ya puedes disfrutar de toda la trilogía Tu + Yo al completo! Si te gusta el género de romance erótico; te encantará.

Irina Luciana Komarova es una brillante joven con un futuro prometedor, puesto que algún día heredará el imperio de negocios que creó su padre. Deseosa de demostrar su valía, abandona su Rusia natal para realizar unas practicas en la sede Española que empresas Komarov tiene en la capital, aunque comete el error de enviar una imagen poco adecuada a la persona menos indicada.

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Alejandro Álvarez es socio minoritario de empresas Komarov. Su vida gira en torno a su trabajo, ya que es el director de la sucursal con sede en España y si ha llegado hasta ese puesto es gracias a su dedicación y constancia, sin embargo, todo cambia cuando recibe un mensaje en su teléfono, lo que ven sus ojos hará que ponga todo su empeño en encontrar a la propietaria de ese contenido.

Ambos ocultan grandes secretos.
Los dos esconden sus sentimientos.
Y la pasión que sienten el uno hacia el otro es innegable, hasta el punto de hacerles perder la cordura para dejarse arrastrar por el instinto más fuerte; el deseo.

Sumérgete en el mundo de Alejandro e Irina, acompáñales a través de las tres fases de su vida; La dominación de Alejandro, la seducción de Irina y la rendición de ambos al más absoluto e inaudito placer que sienten el uno hacia el otro.


Ficha técnica del  libro

  • Título: La perla rusa: Trilogía Tu + Yo Completa
    Autores: Phavy Prieto
    Tamaño: 2.21MB
    Nº de páginas: 479
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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Alejandro, ¿Compañera?, ¿Amiga?, ¿Jefa?, ¿Socia?
—¿Cómo te llamas? —susurró uno.
—¿Sabes donde te vas a sentar? —escuché decir a otro.
—Oye, no agobiarla tanto, que no se va a esfumar de la boda, ¿verdad?
—reconocí al mismo chico que me había acompañado hasta allí y que estaba
al otro extremo.
—No… no me iré o eso creo —susurré no pudiendo evitar reírme.
Lo cierto es que eran bastante graciosos con sus comentarios todo el
tiempo, fui descubriendo que eran amigos del novio e incluso supe que era el
primero de todos ellos en caer bajo la “soga” del matrimonio, al parecer el
resto estaban solteros aparentemente o a juzgar por sus comentarios.
Intenté prestar atención a la ceremonia en la medida de lo posible y
aunque no duró mucho, fue bastante bonita. Antes de que me diera cuenta ya
había terminado y al parecer tanto novios como padrinos debían firmar el acta
de casados, así como algunos testigos porque uno de aquellos chicos mencionó
algo de querer firmar dicha acta.

—¡Vamos!, ¡Hay que enterrarlos literalmente en arroz! —exclamó uno de
ellos que no era el me había traído hasta allí, ni tan siquiera sabía sus nombres
así que no tenía como llamarlos. Los siete enanitos desde luego no, porque
salvo uno todos eran más altos que yo y eso que yo no era precisamente muy
bajita que digamos.
Salí hacia el exterior de la iglesia que de por sí estaba quedándose vacía
salvo algunos rezagados que había hablando. Me preguntaba quien sería la
familia de Alejandro, estaba bastante nerviosa, ¿Qué le habría dicho a su
hermana cuando le dijo que llevaría acompañante? Quizás mis nervios eran
más por las explicaciones que él debía haber dado que por el hecho en sí de
estar allí, ahora que sabía que Alejandro nunca había estado con otra al menos
que yo supiera, algo me hacía vibrar de nuevo en mi interior, como si tuviera
un rayito de esperanza ante la negrura que vaticinaba hacía tan solo unos
instantes.
Todos estaban entusiasmados cogiendo paquetitos de arroz y
repartiéndolos entre los invitados, avisando a todo el mundo que estuviera
preparado, al parecer los novios iban a salir en breve de la iglesia.

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Abrí la bolsita vaciando el contenido de ésta en una mano y uno de los
chicos me ayudó para vaciarme el contenido de otra en la otra mano que
apenas podía manejar porque llevaba el bolso agarrado con el brazo pegado a
mi costado al no tener asa.
Justo antes de que los novios salieran y el arroz comenzara a volar por el
aire, sentí aquellos brazos fuertes rodeando mi cintura, ese aroma masculino
potente embriagar mis cinco sentidos y no solo el del olfato, además de
aquella voz ronca susurrando a mi oído.
—Has venido… —dijo tan cerca de mi oreja que me estremecí desde los
pies hasta la cabeza y reconocí inmediatamente esa voz. No pude responder
por la avalancha y los gritos que se vinieron en el momento en el que los
novios salieron por la puerta de la iglesia.
Tiré el arroz con mi mano derecha y después cogí el bolso para poder
tirar el que tenía en la mano izquierda, aunque con ésta fui un poco mas torpe,
sobre todo porque Alejandro no me había soltado la cintura.
—¡Alejandro! —escuché de pronto y se trataba del mismo chico que me
había acompañado al principio.
—¡Que pasa Oscar! —contestó mientras notaba como se saludaban algo
más que formalmente.

—¡Ese padrino! —gritó otro cuando se dio cuenta de que él estaba allí.
De uno en uno fueron acercándose a saludarlo y yo me quedé en medio de
todo mirando como espectadora sin saber dónde meterme.
—Pobrecilla —dijo uno de ellos—. ¿No conoces a ningún invitado?,
¿Solo a la novia? —preguntó uno que si no recordaba mal se llamaba Carlos.
—En realidad aún no conoce a mi hermana, no se la he presentado —
contestó Alejandro captando la atención de todos incluida la mía.
—Espera un momento, ¿La conoces? —exclamó el tal Oscar. Hablaban
de mi como si no estuviera allí presente y me pareció absurdo.
—Un poco —contestó guiñándome un ojo y dejándome atónita por ello
—. Es mi novia. —Soltó delante de todos.

Probablemente si no llevara en aquellos momentos un tanga que por
cierto, estaba casi incrustado en mi piel, estaba segura de que se me habrían
caído las bragas literalmente al suelo, ¿Su novia?, ¿Estaba escuchando bien?
No… probablemente me habría quedado sorda de tantos gritos y no había
dicho aquello, solo eran imaginaciones mías.
—¡Pero serás cabrón! —exclamó uno de ellos mientras le daba un golpe
en el hombro aunque en ese momento Alejandro solo me miraba a mi y yo a él
sin decir nada.


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