Saltar al contenido

La reina de los helados

 Sinopsis del libro 

Quién iba a decir que algo tan delicioso como un helado podría esconder tantos secretos agridulces? Unas memorias divertidas, conmovedoras y muy, muy refrescantes.
Cuando a comienzos del siglo xx la pequeña Malka y su familia ponen rumbo a Nueva York, no pueden sospechar que no solo dejan atrás su Rusia natal, sino también el mundo tal y como lo habían conocido hasta entonces. La familia no superará los embates del destino, y Malka acabará siendo adoptada por la familia Dinello, que le ofrecerá, además de un hogar, un nuevo nombre y una receta para el éxito.

La niña que llegó a América con la cabeza llena de sueños acabará convirtiéndose en Lillian Dunkle, la reina de un imperio forjado sobre una vieja receta de helado italiano. Lillian, ya anciana, pasa revista a su vida y desgrana sus recuerdos sin pelos en la lengua…

Descarga aquí los libros originales y apoya a los autores.


Ficha técnica del  libro

  • Título: La reina de los helados

    Tamaño: 2.16MB
    Nº de páginas: 658
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive

  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

Descargar libro Gratis La reina de los helados – Susan Jane Gilman

Era Carmella, que había aparecido detrás de mí con un trapo en la mano.
Tenía el pelo recogido con un pañuelo.
– ¿Qué ha pasado? -dije-. ¿Dónde está todo el mundo?
– En Canal Street. -Se encogió de hombros. No dijo nada más. Se me
quedó mirando con sus ojos oscuros y pequeños. Me fijé en que tenía los
antebrazos mojados, brillantes de jabón-. Ah -dijo como si acabara de
acordarse-, ¿has pasado buena luna de miel?
– Carmella… -Hice gestos a mi alrededor-. ¿Dónde está todo?
– Lo hemos vendido. -Lo dijo como si fuera la respuesta más normal del
mundo-. Bueno, la verdad es que hemos unido fuerzas.
– ¿Qué dices?
– Con los Cannoletti. -Frunció el ceño al reparar en una línea de polvo en
las baldosas de la pared, que limpió con el trapo-. Dice Vito que mejor dos
que uno.

Pasé a su lado para entrar cojeando en la cocina. En un rincón había una
fregona dentro de un cubo de agua con jabón. En la encimera había un montón
de trapos y un bocadillo a medias en un plato descascarillado. Por lo demás,
estaba vacía. En la despensa, entreabierta, había desaparecido todo el
inventario, salvo un tarro cerca del suelo, en el que flotaban unas cuantas
guindas al marrasquino, y una trampa oxidada para ratones en el suelo. En el
pequeño despacho del fondo quedaba solo la lámpara, desenchufada, y una
caja con papeles tirados de cualquier manera. Se habían llevado el escritorio
y el reloj de la pared, incluso el crucifijo. Recogí bruscamente los papeles.
– La verdad, ya no creo que sirvan de nada –dijo Carmella en la puerta.
Cuando hojeé los fajos de recibos, las listas, páginas de calendario,
etiquetas y facturas vi los contratos que había renegociado para Dinello &
Sons Fancy Italian Ices & Ice Creams para conseguir a mejor precio la leche,
la gelatina, los aromatizantes y la recogida de basuras. Vittorio no había
firmado ni uno solo.

C
uando llegué a Canal Street, oí su voz antes de verlo: el frenesí de los
martillos, la madera astillándose con ruidos angustiosos en Cannoletti’s Ice
Cream Company. Dentro parecía una demolición, aunque se habían olvidado
en la acera un cartel de colores chillones donde ponía ¡El HELADO N° l DE
AMÉRICA! ¡8 SABORES DELICIOSOS!
– ¿Qué teníais previsto? -grité cuando Vittorio me sacó a la calle para
hablar-. ¿Que me presentara el lunes al trabajo y no encontrase a nadie?
– ¿Qué? No, claro que no -dijo con irritación, como si hubiera dicho algo
irracional-. Pensábamos ir a verte mañana, al acabar. Si el 31 no están vacíos
los dos locales, tendremos que pagar un mes más de alquiler. Además… –
Frunció el ceño-. ¿Tú no estabas de luna de miel?
– ¿Dónde está todo?
– En Brooklyn.

-Miró el local por encima de mi cabeza y le hizo señas a
alguien-. Tenemos el doble de espacio a la mitad de precio. Podremos
triplicar la producción.
– ¿Nos habéis vendido a los Cannoletti?
Del local salió Rocco, que nada más verme se cruzó de brazos y clavó la
vista en el suelo.
– Vamos a medias. Nos hemos cambiado de nombre.
Ahora somos la Candie Ice Cream Company, por Cannoletti y Dinello –
dijo Vittorio.


Leer  ebook en online dando clic abajo

Si  lo que quieres es leerte   el libro en  linea  pues dejame decirte  que lo puedes hacer  dan clic en el  botón de abajo  y te redirige  hacia  donde podras  leerlo  sin ningún  problema  y ya muchos  lo   lo tiene  o lo están leyendo en este momento.

 online


PDF


EPUB


Más  libros del mismo autor

Descarga aquí los libros originales y apoya a los autores.

Si en verdad te gusta nuestros libros comparte con un botón de abajo nos ayudará a seguir creciendo muchas gracias por compartir!!!