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Los renglones torcidos de Dios – Torcuato Luca de Tena

 Sinopsis del libro 

Alice Gould es ingresada en un sanatorio mental. En su delirio, cree ser una investigadora privada a cargo de un equipo de detectives dedicados a esclarecer complicados casos. Según Los renglones torcidos de Dios pdf una carta de su médico particular, la realidad es otra: su paranoica obsesión es atentar contra la vida de su marido.

La extrema inteligencia de esta mujer y su actitud aparentemente normal confundirán a los médicos hasta el punto de no saber a ciencia cierta si Alice ha sido ingresada injustamente o padece realmente un grave y peligroso trastorno psicológico.

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Ficha técnica del  libro

  • Título: Los renglones torcidos de Dios
    Autores: Torcuato Luca de Tena
    Tamaño: 1.72MB
    Nº de páginas: 579
    Idioma: Español
    Servidores: Google drive, Zippyshare, y Onedrive
  • Formato: Pdf,Epub,Mobi y más.

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La diferencia —se dijo— entre el sistema voluntario de ingreso en un hospital
psiquiátrico y el involuntario no estriba sólo en los trámites previos, sino en las
consecuencias posteriores. Y estas consecuencias eran radicalmente distintas en
uno y otro caso.
Cuando el ingreso es voluntario, el así admitido abandona el manicomio con
casi tanta sencillez como entró. Mientras que si la reclusión es por solicitud
familiar a causa de un informe médico que aconseja el internamiento, la salida
ya no es tan fácil, del mismo modo que un encarcelado no puede abandonar la
prisión cuando le plazca, sino cuando la condena se hay a cumplido.
La conclusión a la que llegó Alice Gould era bien triste, pero de una evidencia
cegadora. Si se había seguido con ella para ingresarla en el manicomio el
segundo sistema a pesar de sus complicaciones…, ¡era precisamente para que no
pudiese salir!
El autor material de este secuestro había sido Raimundo García del Olmo con
la complicidad del doctor Alvar y la ingenua, necia y temeraria colaboración de
ella misma. Estaba muy lejos de sospechar las razones. Pero esto era así. Había
sido atrapada en un cepo.

¡El queso que utilizaron como señuelo fue la
investigación criminal de un delito inexistente! ¡Y ella, la más estúpida de las
ratitas de Indias que se cultivan en los laboratorios!
Se puso bruscamente en pie poseída de cólera contra sí misma. Y se lanzó
una sarta de improperios en inglés, costumbre adquirida desde niña, pues era en
este idioma en el que sus padres la regañaban por aturdida. Divisó a lo lejos,
caminando hacia donde ella estaba, a un grupo de tres reclusos: « el Hortelano» ,
« el Albaricoque» y « el Falso Mutista» . Estos dos últimos pertenecían a la lista
de los sospechosos que Alice había confeccionado con la ingenua pretensión de
que el doctor Alvar la informase de a cuál o a cuáles de ellos se les permitió salir
del sanatorio en las fechas en que fue asesinado el padre de Raimundo García del
Olmo. Se llevó ambas manos a la cabeza.

¿No acababa de llegar a la conclusión
de que tal delito era inexistente? ¡Acabaría por perder el juicio si alguna vez lo
tuvo! ¡Aquel crimen sucedió en la realidad! ¡No era por tanto inexistente! ¡Los
periódicos lo publicaron y comentaron! ¡Ella y a estaba en antecedentes de que
había quedado impune cuando conoció a Raimundo!
Los tres hombres se cruzaron con la Almenara. « El Hortelano» se llevó un
dedo a la gorra para saludar a la señora Alicia; ésta le devolvió el saludo,
besándose la mano y soplando en dirección suy a para que el beso le llegase; « el
Mutista» cerró los ojos para no verla, y cada uno siguió su camino.
Las ideas de Alice Gould eran cada vez más confusas. A la incógnita del
crimen del viejo García del Olmo se sumaba la de las causas de su propio
encierro. Y sobre estos pensamientos, el deseo acuciante de comunicarse con su
marido y un imperioso afán de fuga.

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«LL»
EL DIAGNOSTICO DEL DIRECTOR
T AL COMO ESTABA PREVISTO, aquel miércoles se reunieron los doctores
Alvar, Ruipérez y César Arellano en el despacho del primero. Los tres
médicos escucharon, con creciente interés, la cinta en la que estaba grabada la
primera manifestación sobre sí misma que hizo Alicia Gould de Almenara el día
de su ingreso. Concluida la audición, el doctor Ruipérez se dirigió al director y
resumió:
—Los síntomas me parecieron lo suficientemente claros y coincidentes con
el informe que nos hacía el que fue su médico particular. De modo que
encomendé la enferma al jefe de los Servicios Clínicos para que éste la estudiase
y te pasara sus conclusiones a tu llegada. Yo le remití una nota resumiéndole las
mías: « Paranoia pura sin mezcla —al menos apreciable— de otros síndromes» .
—¿Estás de acuerdo, César? —preguntó a éste el director.
—En efecto, los hechos fueron así —respondió el doctor Arellano, eludiendo
lo más importante de la pregunta.
—No me refiero a los hechos —aclaró el doctor Alvar—, sino al diagnóstico
de Ruipérez.
—Tu ay udante no hizo diagnóstico alguno —precisó el jefe de los Servicios
Clínicos—, puesto que no la estudió. Tan sólo me remitió un avance de opinión.
—Eso es lo que te preguntaba. Si estás de acuerdo con su opinión de que nos
encontramos ante una paranoia pura sin mezcla de otros síndromes.
César Arellano humedeció sus nuevas gafas con el vaho de su aliento y
respondió evasivo:
—Estoy de acuerdo en que otros síndromes no hay.

—¿A qué pruebas la has sometido?
—Por tratarse de una envenenadora potencial, el caso de esta mujer me
interesó vivamente desde el primer día. Pero mi interés aumentó al descubrir que
me hallaba ante una personalidad de altos vuelos, distinta y superior al resto de
los enfermos de este hospital; y distinta y superior también al común de los sanos.
Tras mi segunda sesión con ella, tomé estas notas que os voy a leer:
« Personalidad superior. Espíritu exquisito. Altamente cultivada» .
» No sólo advertí que ocultaba algo. Ella misma me lo confesó. Ese “algo”
era un secreto que guardaba exclusivamente para ti, director. Caso de tratarse de
una psicosis delirante, pensé  Los renglones torcidos de Dios epub que en ese secreto estaría la clave de su delirio. Ello
no fue óbice para que la sometiera a toda clase de pruebas.
—Hiciste bien. Vengan los resultados.


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