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33 razones para volver a verte (Pdf o Epub)

Ficha

Título: 33 Razones para volver a verte
Autores: Alice Kellen
Editorial: Harlequin Iberica
Fecha: 26 dic 2018
Tamaño: 1.29MB
Genero: Libros de amor
Páginas: 345
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Mike, Rachel, Luke y Jason han sido amigos inseparables desde pequeños. Pero sus caminos se alejaron cuando Rachel cometió el error de enamorarse del chico equivocado, Mike, que terminó traicionando a la única persona que siempre estuvo dispuesta a arriesgarlo todo por él.

Cinco años después, el destino vuelve a unirlos; pero ahora Rachel ha cambiado, es tan arisca como su gato Mantequilla y ya no se permite confiar en nadie. Por eso, a pesar de estar a punto de ser desahuciada, lo último que desea es dejarse convencer para mudarse con ellos. ¿Cómo podría mantener su corazón intacto y a salvo viviendo bajo el mismo techo que Mike?

Sabe que esconde secretos y que su mirada gris es capaz de despertar todos los recuerdos que ella lleva tanto tiempo intentando olvidar

Leer el primer capítulo:

todo.
—No explica lo rara que estás, pecosa.
—Parece mentira que todavía te sorprendan mis rarezas —farfulló nerviosa y luego, mientras él reía, le empujó con suavidad invitándole a salir.

Puso el pestillo y recostó la espalda contra la puerta.
Suspiró con los ojos cerrados y finalmente comenzó a desvestirse.

Dejó la ropa empapada en el suelo y se metió bajo el chorro de agua
caliente. Necesitaba esa ducha, la sensación calmante; Mike tenía razón.
Mike…
Intentó no pensar en él, pero fue en vano porque le resultaba imposible ignorar que en ese instante él estaría haciendo lo mismo que ella a
tan solo unos metros de distancia.

Desnudo. Enjabonado. Con esa sonrisa insolente que conocía de memoria, hasta el punto de poder dibujarla
con los ojos cerrados.

Se reprendió a sí misma, cogió la esponja y dejó de recrear en su cabeza un montón de fantasías tontas cuando se concentró en lavarse. Salió
de la ducha tiritando y solo entonces advirtió que no tenía ropa seca a mano.

Genial. Se enrolló una toalla blanca alrededor del cuerpo, conectó el
secador, y cuando terminó se peinó un poco con las puntas de los dedos antes de salir dejando una nube de vapor a su espalda.
La cama estaba sin hacer. Colocó bien las cortinas. Seguía temblando tras vestirse con unos pantalones de pijama con un estampado de
huellas de gatito y un viejo suéter azul oscuro que le había robado a Jason.

Conocer aquello que Mike tanto se había esforzado por esconder tan solo había conseguido derrumbar del todo la barrera que ella había
construido entre ellos. Poco a poco. Con esfuerzo. Y ¿para qué? Para que finalmente sus palabras lo redujesen todo a un montón de escombros.

Ya no había barrera. No quedaba nada. Y tenía tanto, tanto miedo…
Ahora lo entendía.
Si entendía, sentía…
Y si sentía, se perdía…

—¿Estás tejiendo tu propia ropa o algo?
Mike irrumpió en la habitación de golpe y ella se giró sobresaltada.
—¡Joder! A riesgo de que te irrites los nudillos, podrías llamar de vez en cuando —protestó—. ¿Y si no llego a estar vestida?
—No veo el problema —sonrió.

Rachel puso los ojos en blanco y lo siguió por el pasillo hasta su habitación. Mantequilla se unió a la fiesta y decidió acompañarlos; se subió de
inmediato en la cama y comenzó a masajear la manta.
Mike se puso de puntillas y cogió un paquete rectangular que guardaba sobre el armario de madera. Se lo tendió. Estaba repleto de polvo y
era más que evidente que no lo había envuelto él, porque los trocitos de celo y la forma en la que estaba doblado el papel marrón desprendían
cierta delicadeza.

—¿No deberías dármelo en Navidad? —Rachel lo miró dubitativa.
Él inspiró hondo y se frotó la nuca lentamente.
—En realidad pretendía dártelo en cuanto te encontrase —confesó—. Lo compré hace bastantes años, pecosa. —Se inclinó hacia ella—.

Porque te juro que sabía… sabía que volveríamos a vernos. Estaba convencido.
Dejó los dedos quietos sobre el primer trozo de celo despegado y se miraron en silencio durante unos eternos instantes.

Solo se escuchaba el
suave ronroneo de Mantequilla al otro lado de la habitación.
—Pero no lo hiciste. No me lo diste cuando nos encontramos.
—Vale, te confesaré un secreto: me daba miedo que me lo lanzases a la cabeza.

—¡Venga ya! —negó mientras sonreía.
—Ábrelo de una vez.
Fue desdoblando lentamente el rugoso papel hasta que la cubierta de un libro antiguo apareció ante sus ojos. El título estaba bordado en
color dorado y formaba un marco precioso e increíble que ella recorrió rápidamente con la yema de los dedos. Era una edición antigua de Orgullo y
prejuicio.

El lomo de las páginas estaba un poco amarillento y el ejemplar olía a viejo, a muchas, muchas vidas pasadas.
—Mike… —susurró. Se había quedado muda.
—Es una primera edición.

O eso me dijeron —aseguró—. No preguntes qué hacía allí, pero lo compré en una subasta de antigüedades en
Haight Ashbury. Cuando lo vi me acordé del día que dijiste que no tenía sentimientos por no enamorarme de Darcy.

33 Razones para volver a verte – Alice Kellen.epub
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