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Algo más que una burlona sonrisa irlandesa (Pdf o Epub) noabia teiefono

Ficha

Título: Algo más que una burlona sonrisa irlandesa
Autores: Begoña Gambín
Editorial: Selecta
Fecha: 17 ene 2020
Tamaño: 1.10MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
ASIN: B08248ZXR4
Páginas: 348
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Dicen que el primer amor nunca muere; se puede apagar el fuego, pero no el rescoldo.

Declan, el abogado y socio de la empresa de videojuegos que creó junto con sus amigos Connor y Seán en Dublín, recibe una llamada que cambiará su vida. Su tío le ha dejado en herencia su hotel en la península de Dingle, Irlanda, a medias con Tara, su primer y único amor.

Tara es una mujer con las ideas muy claras: es independiente, ecologista, animalista y vegana, y su deseo más ferviente es tener un hijo por medio de la inseminación artificial. Trabaja en el oceanográfico de Dingle a la vez que ayudaba al tío de Declan en el hotel.

Él piensa vender el hotel y volver a Dublín lo antes posible, pero en el testamento de su tío hay una cláusula que se lo va a impedir: lo obliga a dirigir el hotel, junto con Tara, durante seis meses.

Reencontrarse con ella remueve el pasado de Declan en esas tierras agrestes de Irlanda donde nació, sobre todo su juventud, marcada por el amor que sentía por Tara, cinco años mayor que él.

¿La pasión de su adolescencia renacerá de nuevo?

¿Tara estará dispuesta a que un hombre cambie sus planes de futuro?

Leer el primer capítulo:

Capítulo 1
Primeros de julio 2019
Las pocas neuronas que le quedaban a Declan Campbell sin chamuscar, vagaban perdidas por
su cerebro, ocupadas en buscar un hueco donde colocarse y ser útiles a su poseedor. No podía
comportarse así en un cementerio y menos cuando al que daban el último adiós era su querido tío
Keiran.

Pero es que a pocos centímetros de él estaba ella. ELLA.
Hacía años que no la veía, quince para ser exactos, desde que ella se marchó a estudiar una
carrera, no recordaba cuál, en una universidad, no sabía dónde. Él era demasiado joven para
fijarse en esas cosas.

En cuanto el oficiante del entierro acabó con su cometido, se produjeron unos minutos de
silencio y a continuación la gente comenzó a dispersarse. Sabía que debía saludarla, por eso
volvió a mirarla de soslayo, aunque con eso solo consiguió detectar el color del fuego. Giró su
cuerpo lentamente, como si fuese en cámara lenta y se encontró con su perfil.

Tan solo su bella
silueta aquilina se ofrecía a sus ojos mientras se despedía de algún amigo. Percibió cómo poco a
poco ella también dirigió su cuerpo hacia él, por lo que comenzó a esbozar una sonrisa cordial
que se quedó congelada en cuanto chocaron sus miradas, la apartó, parpadeó, tragó saliva, volvió
a parpadear e intentó de nuevo sonreír a la vez que volvía a concentrar sus ojos en ella.

Por
último, tosió ligeramente.
Patético. Realmente patético.
—Hola —balbuceó pese a todos sus esfuerzos por mostrarse natural. ¡Debía reponerse de
inmediato!

—Hola —respondió Tara con el rostro inexpresivo a la vez que le tendía la mano. Él la miró
como si fuese un bicho extraño a punto de picarlo antes de caer en la cuenta de lo que pretendía la
joven. ¿La mano? ¿En serio que le ofrecía la mano en lugar de la mejilla para darse un casto beso?
No recordaba a Tara tan puritana.
—Ah —exclamó y se la estrechó por

fin—, sí.
—Cuánto tiempo sin verte, Declan —dijo Tara con voz gangosa.
—Es cierto —admitió él mientras observaba su rostro con mayor profundidad—. Oye, ¿te
ocurre algo o tu nariz ha crecido desde que no nos vemos?
Tara hizo una mueca con su boca, con la misma boca que deseó besar durante años.
—Tengo un catarro tremendo que me ha congestionado la nariz.

Daba igual, de todas formas estaba preciosa con ese sonrojo natural en la punta. Desde que
distinguió su hermosa mata de pelo roja nada más entrar en la iglesia junto a sus propios padres,
su mente se había colapsado ante tanto recuerdo que acudía a ella de forma masiva.
Su madre había nacido allí, en Dingle, en la península del mismo nombre, donde él pasaba

todas las vacaciones disponibles. En realidad, Declan vivía con sus padres a tan solo unos
cincuenta kilómetros de distancia, en Tralee, pero para él esa pequeña localidad era otro mundo.
Sus padres lo dejaban en la casa de su tío Keiran O’Sullivan, hermano mayor de su madre, casado
con la tía Arlene Dunne —fallecida hacía unos años— y sin hijos; allí disfrutaba ayudándoles en
su hotel, pero también tenía un grupo de amigos con los que se divertía.

El sentimiento de libertad, a la vez que el de responsabilidad, había ido calando en su forma de
ser con el ejemplo del tío Keiran. Pero también otro sentimiento dejó su primera espinita en su
corazón en aquel lugar.

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Algo mas que una burlona sonris – Begona Gambin.epub
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