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Aurora Leigh (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Aurora Leigh
Autores: Elizabeth Barret Browning
Editorial: Alba editorial
Fecha: 25 dic 2019
Tamaño: 2.06MB
Idiomas: Español
ISBN/ASIN: 9788490656334
Literatura: Libros de amor
Páginas: 321
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Tras la muerte de sus padres, la joven Aurora Leigh se traslada desde su hogar de adopción, Florencia, a Inglaterra, donde será tutelada por una tía rígida y severa que pretende casarla con su primo Romney, destinado a heredar el patrimonio familiar. En una escena reivindicativa y protofeminista,

Aurora rechaza a su pretendiente y proclama su decisión de entregarse a la poesía. Años después, Aurora se reencuentra con su primo, que está a punto de casarse con Marian, una joven de vida trágica e incierto futuro. Lady Waldemar, una noble rica, también pretende a Romney y urde una maliciosa trama que desatará una espiral de pasión y cambiará el destino de los protagonistas. La ética y la política, la teoría literaria, el primer feminismo reivindicativo y decimonónico, las tramas victorianas y dickensianas, y el exotismo florentino se dan cita en esta prodigiosa novela de Elizabeth Barrett Browning.

Escrita en 1856, Aurora Leigh es una notabilísima novela en verso que reúne el interés de una trama exquisitamente medida con la belleza de la expresión poética, además de una gran variedad de ambientes: desde los círculos de la alta sociedad hasta los bajos fondos. El lector dispone por primera vez en español de una novela-poema que Virginia Woolf consideraba en plano de igualdad con los mejores logros de Jane Austen, George Eliot y las hermanas Brönte.

Leer el primer capítulo:

El componer libros es tarea sin fin,
y yo, que he escrito mucho en prosa y en verso
para cumplir con fines de otros, escribiré ahora para los míos…
escribiré mi historia por mi lado bueno,

como cuando uno pinta su propio retrato para un amante
que lo guarda en un cajón y lo mira
mucho después de que ha dejado de amarte, solo
para recordar lo que fue y lo que es.

Yo, escribiendo así, soy aún lo que la gente llama joven;
no he dejado tan lejos las costas de la vida
para viajar tierra adentro, que no pueda oír
ese murmullo del Infinito exterior
al que los niños lactantes aún sonríen en su sueño
y nos maravillan por sonreír; no tanto,

pero todavía puedo ver a mi madre
junto a la puerta del cuarto de los niños, con el dedo en los labios:
«Sssh, sssh… ¡no hagáis tanto ruido!», mientras sus dulces ojos
resplandecen, y niegan sus palabras
en la algarabía de los niños. Todavía lo pienso y siento
la suave mano de mi padre, cuando ella nos abandonó a ambos,
acariciando mis rizos infantiles sobre sus rodillas;
y puedo oír el chiste diario de Assunta (ella sabía
que a él le gustaba más que el mejor chiste)
preguntando cuántos escudos de oro valía
hacer esos tirabuzones. Oh, la mano de mi padre,
acariciando aquellos rizos con torpeza,
¡estrecha fuerte la cabeza de la niña contra tus rodillas!
Soy todavía demasiado pequeña, demasiado pequeña para quedarme sola.

Escribo. Mi madre era florentina,y sus improbables ojos azules me fueron arrebatados
cuando yo apenas tenía cuatro años; mi vida,
una leve chispa que se desprende de un candil caído
que luego se apagó. Ella era débil y frágil;
no pudo soportar el gozo de dar la vida…

El éxtasis maternal la mató. Si sus besos
hubieran durado más sobre mis labios
podrían haber calmado esta respiración inquieta
y haber calmado y fraternizado mi alma
con la nueva situación. Pero lo que sucedió, en efecto,
fue que sentí la ausencia materna en este mundo
y aún la sigo sintiendo, como un cordero que bala
cuando lo abandonan fuera y de noche, y le han cerrado el redil…tan inquieta como un
pájaro en un nido vacío,
pasando frío por algo que ha perdido, aunque
no sepa lo que es. Yo, Aurora Leigh, nací
para hacer más infeliz a mi padre, y a mí misma
no muy alegre, desde luego. Las mujeres saben
cómo criar a los niños (para ser justos),

poseen ese sencillo, feliz y tierno don
para poner pañales, atar los zapatitos infantiles
y ensartar dulces palabras que no tienen ningún sentido,
y besar con todos los sentidos en palabras vacías;

esas cosas son cuentas de coral para ensartar la vida
aunque sean pequeñeces: los niños aprenden con ellas,
el amor sagrado y sincero en frívolos juegos
y a no ser excesivamente solemnes a temprana edad…
sino viendo, como en un rosal,[2] el Amor Divino
que arde y no quema -no tiene ni una sola flor-
se torna consciente y confiado ante el Amor.
Así lo hacen las buenas madres. Los padres aman también
-el mío sí, lo sé-, pero con pensamientos más severos,
y deseos más conscientemente responsables,

y no tan sabios, porque son menos frívolos;
por eso las madres tienen el permiso de Dios para marcharse.

Aqui abajo les dejare los enlaces directos para su descarga gratis:

Aurora Leigh – Elizabeth Barret Browning.epub
Aurora Leigh – Elizabeth Barret Browning.pdf

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