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Buenos dias, Princesa (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Buenos días, Princesa
Autores: Blue Jeans
Editorial: Harlequin Iberica
Fecha: 09 feb 2020
Tamaño: 2.88MB
Genero: Libros de amor
Páginas: 367
ISBN-10: 6070712366
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Han pasado algo más de dos años en la vida de los chicos que forman “el club de los incomprendidos”. Las cosas han cambiado desde que uno tras otro se fueron encontrando en el camino. Nuevos problemas, secretos, amores, celos… Sin embargo, hasta el momento, su amistad ha podido con todo y con todos.

Raúl, se ha convertido en un atractivo joven y en un líder nato; Valeria, derrocha simpatía por donde pisa, aunque no ha vencido del todo a su timidez; Eli, es la que más se ha transformado de todos y se los lleva de calle; María, vigila y sueña tras sus gafas de pasta de color azul; Bruno, no consigue olvidar lo que siente y en lo más profundo de su corazón espera ser correspondido; y Ester, es la nuera que toda madre querría tener aunque no es tan inocente como todos piensan.

Son seis chicos que sienten, sufren, aman, creen, ríen, evolucionan… como otros chicos de su edad. Pero los seis son especiales. Al menos, para el resto del grupo.

¿Conseguirán superar todas las pruebas que se le van a presentar?

Sólo puedes averiguarlo leyendo, ¡Buenos días, princesa!

Leer el primer capítulo:

La tímida luz de la pantalla de su smartphone naranja ilumina el frasco roto
de perfume de vainilla que él le ha regalado. Sólo quedan cristales envueltos en
papel, impregnados del dulce aroma que tanto le gusta. Habría sido un detalle
precioso.

Nunca había recibido por su cumpleaños nada de alguien a quien
amara. Porque él es la primera persona de la que está enamorada.

¿Debe olvidarse de su amor?
Esperaba una disculpa, una llamada, un mensaje, al menos, en el que le
pidiera perdón. En caliente se hacen cosas de las que luego uno se arrepiente.

Se cometen errores. Sin embargo, su teléfono no ha sonado. Ni siquiera tanto
tiempo después de que haya acabado el estúpido partido de voleibol.

Ella lo perdonaría. Sin duda. Sabe cuánto carácter tiene Rodrigo y lo en
serio que se toma los partidos. Pero es una buena persona. Está segura de ello.

Y también de que la quiere y de que esto sólo ha sido un arrebato pasional por
haber perdido un encuentro tan importante para el equipo. Un pronto tonto. Y
ella ha sido quien lo ha pagado.
Y es que, a pesar del dolor que siente por dentro, desearía escucharlo,

volver a verlo. Besarlo de nuevo.
Como aquel día…
—Ester, cuando acudas al bloqueo, tienes que hacerlo con más decisión. No me
vale con que llegues a la red y saltes. Tienes que hacerte grande.

Estirar mucho
los brazos y poner las manos fuertes, como si un tren se dirigiera hacia ti y
necesitaras pararlo para salvar la vida. La adversaria tiene que ver en ti un muro
infranqueable, no una ventana que poder romper con su remate.

La chica asiente con la cabeza. Le encanta cuando le habla de esa manera.
Es muy duro en los ejercicios, pero no cabe duda de que es un grandísimo
entrenador.

Desde hace unos días, se queda un rato más después de terminar para
practicar el saque, la recepción, los bloqueos… Y él lava corrigiendo en cada
acción. Pero lo hace con mesura. Más sosegado que cuando está con el resto
del equipo.

—Comprendo.
—Muy bien. Probemos otra vez.
—Sí.
Cada uno se dirige a un lado de la red. Se miran fijamente y toman
posiciones para hacer la jugada.
—¿Preparada?
—Sí. ¡Vamos!
Rodrigo lanza la pelota hacia arriba y se eleva. Ester salta al mismo tiempo.

Cuando el chico va a rematar, ella está a su altura. Sigue la indicación que su
entrenador le ha dado antes y estira los brazos todo lo que puede; aprieta los
dientes y se concentra en poner la máxima fuerza posible en sus manos. Se
produce el remate. Y el posterior bloqueo. El balón golpea en las muñecas de la
chica y cae al otro lado.

—¡Genial! ¡Estupendo punto!
—¡Gracias!
—Otra vez.
—¡Vale!
El entrenador coge otro balón y repite la acción con similares consecuencias.

Ester vuelve a bloquearlo con éxito. Y así hasta en veinte ocasiones
prácticamente consecutivas.
A la vigésima, la chica se tumba boca arriba en el parqué, exhausta.

Sonriente y también cansada, mira hacia el techo del pabellón. Su abdomen sube
y baja, agitado por el esfuerzo.

—Muy buen trabajo. Así es como tienes que hacerlo en los partidos.
Es él. Ha pasado por debajo de la red y ha puesto la cara justo encima de la
de ella. Ya se había fijado antes, pero hoy le parece más guapo que nunca. ¿Es
normal que la atraiga un chico tan mayor?
—Muchas gracias. ¿Repetimos? —pregunta tras incorporarse y sentarse en
el suelo.

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