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El vuelo del petirrojo: Tres mujeres luchan por sobrevivir en una ciudad sitiada (Pdf o Epub)

Ficha

Título: El vuelo del petirrojo: Tres mujeres luchan por sobrevivir en una ciudad sitiada
Autores: José Luis Jimeno Zarza
Editorial: Letra Minúscula
Fecha: 25 dic 2019
Tamaño: 0.67MB
Idiomas: Español
ISBN/ASIN: 9788494970979
Literatura: Libros de amor
Páginas: 234
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

¿Puede una niña de once años sobrevivir sola en un conflicto bélico?
Ángela apenas ha salido de la niñez cuando mira de frente al hambre, el frío y la represión de los vencedores; no obstante, el amor y la solidaridad de algunas personas que aún conservan la pureza de los inocentes, dulcificarán esa mirada de niña que ha tenido que contemplar tantas tragedias.
Esta es la historia de tres mujeres fuertes que luchan solas en un mundo que parece haberse vuelto loco. La historia de Julia,

madre coraje que no está dispuesta a renunciar a sus ideales. La de la dulce María, segada su juventud solo por haber nacido mujer y hermosa. Y la de Ángela, la adolescente que conseguirá doblegar los barrotes de esa ciudad sitiada y emprender el vuelo hacia la madurez.
Y en el recuerdo, como un espejismo entre el horror, las tardes felices de un jardín cordobés y las figuras de dos hombres, que aunque ya no estén, siguen presentes en los corazones.

Leer el primer capítulo:

Capítulo 1

Ayer vinieron otra vez, no sé a qué hora, todavía era de noche. Mamá entró en la habitación para
llamarnos, pero yo tenía mucho sueño y no me quería levantar.
—Ángela, venga, nos tenemos que ir, las sirenas llevan un rato sonando. No sé cómo no las oyes.
Tu hermano ya está levantado.
Mi hermano Andrés trajinaba por la habitación ya vestido con el abrigo encima del pijama, estaba
doblando una manta.

Mi hermano Andrés tiene ocho años, es casi dos años más pequeño que yo que ya tengo nueve y
pronto cumpliré los diez.
Mi tía María dice que mi hermano Andrés es un niño muy inteligente, pero demasiado serio y
retraído… Eso dice mi tía.

—Pero, Ángela, ¿todavía estás así? Date prisa, por favor, tenemos que irnos ya.
Mamá estaba otra vez en la puerta de la habitación con la niña en brazos envuelta en una manta.
—Y tú, Paquito, termina de ponerte los zapatos.
Mamá tenía el abrigo de Paquito en la otra mano y se lo estaba poniendo encima del pijama
mientras hablaba.

Mi hermano Paquito tiene tres años; duerme en la cama de Andrés, a los pies, pero algunas veces,
cuando tiene mucho miedo, se sube con él a la cabecera y Andrés siempre le deja un sitio.
Por fin me levanté y empecé a hacer las cosas que me decía mamá: me puse el abrigo y cogí la
manta y la almohada y las sirenas no dejaban de sonar cada vez más fuerte.
Salimos todos corriendo con las mantas y las almohadas en los brazos, pero yo en la puerta de—¿Pero adónde vas ahora?
—Se me ha olvidado la muñeca, mamá.
Mi muñeca se llama Mae, como Mae West, la chica de las películas que tanto me gustaban cuando
papá nos llevaba al cine en Bravo Murillo.
Mi muñeca es de trapo, pero tiene la cara de porcelana y el pelo rubio y suave y yo la quiero
mucho porque solo tengo esa muñeca y le pongo su vestido rosa y el abrigo azul cuando hace frío.
—Deja la muñeca, ya la cogerás cuando volvamos.

Y mamá cerró la puerta y bajamos corriendo las escaleras.
Al salir a la calle hacía mucho frío, nevaba un poco, el ruido de las sirenas lo llenaba todo. La
gente subía corriendo por Reina Victoria para refugiarse en el metro de Cuatro Caminos.
Yo escondía la cara detrás de la manta para refugiarme del frío, mamá iba delante con la niña en
brazos y mi hermano Paquito de la mano. Detrás íbamos mi hermano Andrés y yo, con las mantas y
los almohadones.

La gente corría y nos adelantaba, nos íbamos quedando los últimos y yo tenía mucho miedo porque
ya se oían los motores de los aviones. A Paquito se le salió un zapato, pero Andrés lo recogió
enseguida y lo guardó en el bolsillo del abrigo. Paquito corría con sus piernas cortitas intentando
seguir el paso de mamá, tenía todo el calcetín mojado. Mi hermano Paquito tiene tres años, creo
que ya lo he dicho.

«Este niño no sabe llorar», dice siempre mi tía María, porque Paquito no llora nunca. Ni siquiera
la otra noche cuando le dolía tanto un oído, yo me desperté y los vi a los dos sentados en la cama.
Andrés le pasaba el brazo por los hombros, Paquito apoyaba la cabeza en su pecho, yo me asusté
mucho cuando vi su cara tan triste, pero no lloraba; fui corriendo a llamar a mamá que enseguida
se levantó y se encargó de todo.

—Mamá, a Paquito se le ha salido un zapato —dije sin dejar de andar.
—Cogedlo, por favor, y daos prisa que ya vienen los aviones.
Mamá cogió también a Paquito c on el brazo que tenía libre y aceleró el paso y nosotros
corríamos detrás de ella porque ya no quedaba nadie en la calle. Nosotros éramos los últimos y
estaban llegando los aviones, yo me acordé de mi muñeca, que se había quedado sola en casa, y
empecé a llorar en silencio mientras corría detrás de mamá, pero me callé enseguida porque nadie
me hacía caso.

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El vuelo del petirrojo_ Tres mu – Jose Luis Jimeno Zarza.epub
El vuelo del petirrojo_ Tres mu – Jose Luis Jimeno Zarza.pdf

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