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La noche más oscura (Pdf o Epub)

Ficha

Título: La noche más oscura
Autores: Ana Alcolea
Editorial: Páginas de Espuma
Fecha: 02 ene 2020
Tamaño: 0.76MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
Páginas: 324
ASIN: B01MAZ9HI7
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

A Valeria este año le esperan unas vacaciones muy especiales, o al menos eso es lo que dice su madre, una auténtica especialista en buscar lugares originales para desconectar de la rutina. Un lugar solitario y peculiar en el norte de Noruega será el elegido, y allí el presente se mezclará con el pasado en

los sueños de Valeria.Una historia ocurrida durante la ocupación nazi en el país, un faro en medio del mar y los ojos de Valeria, como nexo. Y así, lo que en un principio parecía que sería un verano aburrido, se convierte en un verano inolvidable.

Leer el primer capítulo:

Mercedes y Valeria también se habían acostado enseguida. Lo que tardaron en quitarse la ropa y
ponerse los pijamas. Mercedes se quedó dormida antes de que William y Lars llegaran a tierra.
Valeria tardó más tiempo. Su habitación daba al este, así que los rayos del sol le dificultaban
el sueño. Cerraba los ojos, pero la luz le entraba a través de sus párpados casi transparentes.
Además, tenía la cabeza llena de imágenes y de pensamientos: el rostro de William, que era un

chico bastante guapo a pesar de su manera de andar tan poco correcta, y de su tatuaje. El hecho de
estar metida dentro de un faro del que no podía salir tampoco la ayudaba a conciliar el sueño. Y
luego estaba aquella estatuilla china, con las manos en la extraña posición que a ella le era tan
familiar. Y el retrato del viejo farero. Todo ello se agolpaba en su mente y no la dejaba caer en los
brazos de Morfeo. Unos brazos en los que solía mecerse sin dificultad desde hacía años.

Concretamente desde que cumplió los seis y se le pasaron aquellos terrores nocturnos que tanto
habían preocupado a su madre, y que a ella la hacían vomitar una noche sí y la otra también. Unos
terrores de los que no se acordaba cuando, a la mañana siguiente, se despertaba relajada, tranquila
y con una sonrisa de oreja a oreja como si hubiera soñado con aves del paraíso y con tortillas de
calabacines que, en aquellos años, era lo que más le gustaba comer.

No habían cenado nada, tenía hambre, y se levantó sin hacer ruido. No tenía que pasar por el
dormitorio de su madre para ir a la cocina, así que no la despertaría. Fue hasta la nevera y cogió
un trozo de queso. Cortó una rebanada de pan y se sentó frente a la ventana para comer su medio
bocadillo. El pan estaba lleno de pipas de girasol y le supo delicioso. Al otro lado de la ventana,
le pareció que había luces en algunas casas junto al muelle. Paseó su mirada hacia el norte,

recorriendo la costa y le llamó la atención una casa solitaria junto al mar. Miró el reloj. Eran las
dos y diez de la mañana. Era blanca, pero con el sol que se reflejaba en ella, parecía una perla.
Una perla blanca, pensó, bellísima, allí lejos, junto a la orilla. Terminó de comer y se acercó a la
ventana. No, no había luces en las ventanas de las casas como le había parecido unos minutos
antes. Era el sol que se reflejaba en los cristales y los iluminaba. En la casa blanca pasaba lo

mismo. Los rectángulos dorados parecían adornos de oro en una perla, pensó. Y enseguida dejó de
pensarlo porque le pareció una asociación tonta, hortera, incluso. Volvió a su habitación, sacó el
monito amarillo de la maleta y lo acarició sin apretarle la tripa. Pensó que ya era un poco mayor
para seguir aferrada a aquel viejo y descolorido muñeco. Se acordó de la estatuilla china, que
también había perdido parte de sus colores y se metió en la cama. Cogió el libro que había dejado
en la mesilla y lo abrió. Había tanta claridad que no necesitó encender la luz.

Se quedó dormida con el libro abierto. Soñó con viejos marinos en viejas naves de velas
amarillas. Marinos que compraban monos enanos en mercados de algún remoto país más allá del
mar. Soñó con damas de largos vestidos verdes y ojos delgados como cuchillos.
Se despertó cuando su madre pasó por su habitacion para ir a la cocina a preparar el

La noche mas oscura – Ana Alcolea.epub
La noche mas oscura – Ana Alcolea.pdf

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