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Ocaso rojo (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Ocaso Rojo
Autores: Óscar. A. Vázquez
Editorial: Bóveda
Fecha: 01 ene 2020
ASIN: B081TKZL98
Tamaño: 0.83MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
Páginas: 378
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Sin previo aviso la vida de María de la Luz dará un giro inesperado. Sin saberlo se convertirá en el epicentro de una batalla entre la redención y el perdón. La batalla en la cual estará envuelta será feroz, donde la piedad será diluida entre lágrimas y sangre.
El dolor que miro por años en la ciudad donde creció lo sentirá en carne propia. Sin poder retroceder el tiempo o negar su destino, María de la Luz impaciente tendrá que esperar el desenlace de los acontecimientos a su alrededor.

Todo lo que vivirá María de la Luz será con el único objetivo de atraerla al destino que implícitamente ha tenido desde el momento que llegó al mundo. Al final de su penitencia, encontrará la paz que tanto anhelo.
Adéntrate en el caos donde vive María de la Luz y descubre todos los secretos que acompañan su nacimiento y su posible futuro

Leer el primer capítulo:

A pasado un día desde la llega de María de la Luz a la prisión, donde sólo maltratos ha recibido.
Con las pocas fuerzas que tiene trata de asomarse por la venta para saber que hay detrás de la
celda, pero aunque lo intenta no puede ver nada, sólo el cielo azul y las nubes cruzándolo es
divisible desde su posición.

Sin éxito en su objetivo de ver más allá, deja de estar de puntillas, para regresar la vista a la
celda. Con la mano derecha cubre las costillas del lado izquierdo que le duele. Camina despacio
para alcanzar la bandeja, en la cual le dejan la comida, que consiste en un trazo de pan y un puré
de papa insípido. Al querer morder el pedazo de pan, no puede abrir la boca por completo.

Se
lleva la mano a la mandíbula para sobar la parte que le duele, con lágrimas en los ojos trata de
soportar el dolor que le provoca aquellos movimientos que no aminoran el dolor que siente. Sin
conseguir el objetivo de aliviar el dolor para poder comer mejor, se enjuaga las manos con un
poco de agua que hay en un charco y, con lentitud, seca sus manos con la ayuda de la blusa de
seda. Con los dedos arranca pequeños trozos de pan para masticar mejor.

El sol lentamente se va y el manto estrellado de la noche es visible. María de la Luz sentada se
queda viendo como transita las estrellas por el cielo. La noche es fría la temperatura rápidamente
desciende y sin tener con que taparse se va a un rincón seco de la celda, para acurrucarse y ganar
algo de calor. Al quedarse dormida, fiebre empieza a tener y tiembla sin control, delira, habla
dormida con su madre y le dice: «te amo mamá». El sudor que provoca la fiebre hace que al poco
tiempo este empapada de pies a cabeza.

Al llegar el nuevo día, María de la Luz despierta alterada y de un movimiento se quiere parar,
pero al sentir los dolores agudos recorrer su cuerpo, desiste y se recuesta por un momento. Con la
ayuda de la pared se va incorporando. Lentamente se dirige a la puerta, y al ver a un guardia le
pregunta: “¿Dónde están mi hermanos?” Pero sin hacerle caso el guardia pasa con indiferencia.
La mujer que golpeó a María de la Luz, se acerca con una charola de comida y un balde de agua
fría. Al ver a su agresora, María de la Luz se aleja de puerta. La mujer al entrar deja la charola de
comida en el suelo y sin decirle alguna palabra, le lanza el balde de agua. María de la Luz de
inmediato empieza a temblar. La mujer patea la charola de comida, lo cual hace que el pan ruede
por el suelo y un poco de puré caiga. La agresora de María de la Luz levanta la charola vacía y se
retira verificando que la puerta este bien cerrada al irse.

Al ver la situación por la que atraviesa, María de la Luz se hinca con muchos problemas y
empieza a rezar para que aquel ser omnipresente le ayude a escapar. Inicia con las plegarias, pero
sin pasar mucho tiempo desiste y empieza a llorar. Frustrada por la situación por la que pasa, las
plegarias se transforman en furia y enojo, maldice a Dios. Fúrica le reclama la inacción para
ayudarla. Sin poder sostener la posición en la que está, se recuesta en el suelo para lamentarse por
lo que pasa: «yo lo único que quería era, ¡ser feliz!» se escucha retumbar por la celda.

Pasa el tiempo lentamente, María de la Luz se queda acostada viendo la charola con comida que
le dejaron. Levanta el trozo de pan y lo deja en la bandeja para seguirlo observando. Sin ánimos
para comer o suplicar a los secuestradores para que la dejen libre, mira con desanimo como el sol
cambia de posición en el horizonte. Se seca las lágrimas de los ojos, abre la mano para detener unrayo de luz que entra por una rendija que hay en la celda.

Ocaso Rojo – Oscar. A. Vazquez.epub
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