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Sean Cote es irresistible (Pdf o Epub) – (02

Sean Cote es irresistible (Pdf o Epub) – (02

Ficha

Título: Sean Cote es irresistible
Autores: Iris T. Hernández
Serie: II de Sean Cote
Fecha: 08 ene 2020
Tamaño: 1.22MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
Páginas: 213
ASIN: B082RGT4VC
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

o puedo apartarlo de mi mente… Sabía que un día u otro ocurriría, aunque me hubiera gustado ser yo quien le dijera la verdad. Ahora ya es tarde. Me ha dejado muy claro que no quiere ni verme, y siento que lo he perdido para siempre.

Fui demasiado ilusa al creer que entendería que estoy casada con su socio, que nuestro matrimonio es atípico, pero si no deja que me acerque no se lo puedo explicar.

Regresé de Quebec desolada y con la firme determinación de no desistir hasta que tuviera la oportunidad de ser sincera con él. Sin embargo, no esperaba descubrir que mi verdad era una nimiedad respecto a la suya. Lo que Sean ocultaba era más de lo que jamás hubiera podido imaginar, algo que despertó millones de dudas y que me llevó a temer por mi vida, por la suya y por la de cuantos nos rodean.

Y ahora me preguntarás por qué no lo dejé en cuanto me enteré. Yo misma me he hecho varias veces esa pregunta, pero es que cuando está cerca de mí, Sean Cote es irresistible…

Leer el primer capítulo:

Veo cómo sube la escalera, supongo que hacia el baño de su habitación, y me dirijo al que hay
al lado del inicio de la escalera. Cierro con pestillo y me apoyo en el mármol mientras mis ojos
miran, alegres, mi reflejo. Tengo cara de recién… no lo digo ni para mí misma; es obvio lo que
acaba de pasar, pues mis mejillas están sonrojadas, mis ojos brillan de un modo especial y mis
pelos, no sé cuándo ni cómo, se han despeinado por completo. Paso la mano por el sensor y me

empapo las manos para mojarme la nuca y, de paso, la cara. Intento arreglarme la melena con los
dedos y me aseo un poco antes de salir. Nada más abrir la puerta, lo veo bajar. Me escanea de
arriba abajo, con esa cara de provocador nato que no puede disimular. Se muerde el labio inferior
cuando me estrecha la cintura y vuelve a besarme… y de pronto oímos unos pasos que ascienden
la escalera.

Sean me guía hacia la mesa y nos sentamos como si no hubiera ocurrido nada. Hugh aparece en
la estancia y mira, extrañado, los platos.
—Creía que ya habrían acabado.
—Nos hemos distraído… pero, tranquilo, ya comeré más tarde.
No voy a ponerme a comer mientras él habla con los empleados de seguridad, así que lo agarro
de la mano y, en respuesta, Sean me observa, asombrado.
—Comeré luego contigo.

Él asiente y me acaricia la mejilla, y entonces me doy cuenta de que ninguna de las nueve
personas que tengo frente a mí nos miran.
—Pueden sentarse. —Sean los invita a hacerlo en el sofá y me señala el sillón individual que
hay justo al lado de la chimenea, frente a ellos—. Avery, te presento al personal de seguridad que
hemos contratado. Como ya habrán deducido, ella es a quien hay que proteger, y toda estavigilancia, básicamente, es para velar por su seguridad. —Todos lo miran muy serios; están

siendo testigos de que, cuando Sean habla de protegernos, no está para bromas; su voz es grave y
potente, lo suficiente como para intimidar a esos armarios empotrados que están escuchando su
explicación—. Tenemos sospechas de que quieren acceder a nosotros para hacernos daño, y no
voy a permitir que nadie lo consiga. Deben andarse con mil ojos y tener muy claro que están en
riesgo nuestras vidas, y las suyas. No es un juego, así que les pido el máximo compromiso. Si

alguno duda o no está dispuesto a poner su vida en peligro por nosotros, puede marcharse ahora
mismo. ¡Ustedes deciden! —Sean y Hugh los analizan, esperando la conformidad de cada uno de
ellos, y uno a uno asienten en silencio, muy circunspectos. Me horroriza pensar en el mero hecho

de que puedan estar arriesgando su vida por nosotros. Sé que es su trabajo, pero en el fondo no me
parece justo, pero yo no puedo hacer nada, así que me limito a observarlos—. Bien. Ahora sólo
tenemos que darles las instrucciones y, esta misma noche, algunos de ustedes ya ocuparán sus
posiciones. —

Los mira a todos, que están pensativos, y camina frente a ellos—. Dan, ¿verdad? —
Al decir su nombre, sé que se trata del hombre que me van a asignar para que me acompañe a
todas partes. Creo que incluso me esperará tras la puerta del baño; conociendo lo protector y lo
obsesivo que puede llegar a ser Sean cuando se trata de mi seguridad, no me cabe duda de que
tendré que hacer pis con él muy cerca.
—Sí. Dan MacGregor, señor.

Sean Cote es irresistible – Iris T. Hernandez.epub
Sean Cote es irresistible – Iris T. Hernandez.pdf

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