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Un millonario despiadado (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Yvonne Lindsay
Autores: Un Millonario Despiadado
Editorial: Páginas de Espuma
Fecha: 07 ene 2020
Tamaño: 0.46MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
Páginas: 320
ASIN: B0068AEAKM
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Durmiendo con su enemigo

La venganza lo había movido durante más de una década y, ahora que por fin tenía su objetivo al alcance, Josh Tremont se descubrió deseando más. Su nueva asistente, Callie Lee, era guapa, sensual y aparentemente inocente. Sin embargo, se la había ganado al enemigo… ¿podía fiarse de ella por completo?

Acostarse con un millonario no estaba entre los planes de Callie, pero Josh Tremont era sencillamente irresistible. Se había metido en aquello sabiendo que traicionaría a su jefe, pero no había esperado engañar al hombre de quien se había acabado enamorando.

Leer el primer capítulo:

Capítulo 1
—No me siento cómoda con esto, Irene.
En cuanto las palabras salieron de su boca, Callie se dio cuenta de que se había
equivocado. Un cambio inapreciable en el gesto de Irene fue todo lo que vio. Un
cambio casi imperceptible, pero lo suficiente para ser consciente del disgusto de su

jefa, disgusto que normalmente hacía huir a ocultarse a la mayoría del personal de
Palmer Enterprises.
—¿Por qué, Callie?
—Bueno —dudó un momento—. ¿Es legal? Seguro que quiere que firme un
acuerdo de confidencialidad.

—¿Y eso te preocupa? —replicó Irene—. Como una de nuestras empleadas
mejor valoradas, deberías saber que nos ocuparemos de ti si hubiera algún problema.
El énfasis en la palabra «valoradas» hizo que un escalofrío le recorriera la
espalda. Se lo debía todo a los Palmer, en especial a Irene Palmer. Sin ella no tendría
nada: ni educación, ni empleo ni dónde vivir; ni siquiera los zapatos de diseño que
llevaba.

—Todo esto va a nuestro favor —interrumpió Irene sus pensamientos.
—¿Qué quieres decir?
Callie miró a su jefa y mentora, la primera persona adulta que le había dado
esperanzas. La mujer que le había hecho creer que podía hacer con su vida algo
mejor que desaparecer en una alcantarilla víctima de las drogas y el crimen.

Sólo que nadie le había dicho nunca que asociado a eso iría una deuda que
tendría que pagar. Después de doce años, empezaba a preguntarse cuándo seria
suficiente.
—Evidentemente, en cualquier otro momento echaría de menos tenerte aquí
como asistente, pero el cargo de cónsul honorario de Guildaria se anunciará en

Navidad. Eso, qué son… ¿nueve semanas?
Callie asintió sin dejar de mirar a Irene.
—¿No lo ves, Callie? Es la oportunidad perfecta. Todo el mundo sabe que eres
mi asistente y toda Nueva Zelanda sabe que el anuncio del nombramiento de Bruce
es cuestión de tiempo. Y aunque está perfectamente documentado lo leal que me

eres, cuando Bruce y yo nos mudemos a Guildaria, tendrás que buscarte otro empleo
—agitó una mano con una perfecta manicura al ver que Callie se quedaba sin
aliento—. Sí, sé que esperabas dirigir el equipo de nuevos desarrollos, pero si no
identificamos al topo de Tremont, y no cortamos de raíz el sabotaje de nuestra

empresa, no habrá un equipo de desarrollos especiales que puedas dirigir, porque en
dos años no habrá Palmer Enterprises —se inclinó hacia delante y en sus ojos
brillaron las lágrimas—. Haré lo que sea necesario para proteger esta empresa y tú
vas a ayudarme. Es la situación ideal para que se te vea buscando otra cosa.

Callie sintió que se mareaba. Sabía que las actividades de Josh Tremont habían
afectado a los Palmer, pero no que podían llegar a acabar con su negocio en un par
de años. Las cosas estaban peor de lo que pensaba.

—¿Así que se supone que tengo que ir allí y espiarle? —Trató de mantener el
control en la voz.
—Bueno, lejos de mí sugerir algo así —parpadeó para contener las lágrimas y
sonrió.
Nadie que la mirara pensaría que tenía sesenta y cinco años. Tenía la clase de

elegante belleza por la que no pasaba el tiempo, intemporal, aunque había alrededor
de ella un aire que no invitaba a las confidencias. No mucha gente era cercana a
Irene. Callie era una de esas pocas personas elegidas.
—Claro que no.
La sonrisa de Callie que acompañó a su respuesta era igualmente carente de
humor. Irene jamás se rebajaría a dar semejante orden, pero las implicaciones estaban
claras.

—Querida, sabes lo agradecidos que te estaremos —dijo con una elegante
inclinación de cabeza—. Esencialmente, tú seguirás trabajando para nosotros, sólo…
que de un modo distinto. Eso es todo. Sabes que no soy dada a dramatizar las cosas,
pero ahora mismo eres nuestra única esperanza.
De pronto, llena de energía fruto de los nervios, Callie empujó la silla, se puso
de pie y paseó por la alfombra.

—Ni siquiera sabemos si me va a ofrecer un trabajo —espetó—. Sólo me ha
pedido que coma con él.
—No seas ingenua, Callie. Te he enseñado bien. Claro que va a ofrecerte un
puesto. Así es como funciona. Ha invitado primero a comer a todas las personas hoy
claves de su equipo que nos ha quitado.

—¿De verdad se cree que sólo tiene que chasquear los dedos y todo el mundo
hará su voluntad?
—Por desgracia, querida, suele ser así —observó irónica Irene recostándose en
el sillón de cuero.
—Bueno, pues yo no.

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Yvonne Lindsay – Un Millonario Despiadado.epub
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