Saltar al contenido

Una pasión tan peligrosa que pocos se atreverían (01) (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Secretos Inconfesables (Libro 1)
Autores: Mercedes Franco
Serie: I de Secretos Inconfesables
Editorial: 13insurgentes
ASIN: B082C28NW61
Fecha: 27 dic 2019
Tamaño: 0.46MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de amor
Páginas: 254
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

André Ackermann es un prestigioso psiquiatra berlinés que sin querer termina atrapado en una vorágine de política cuando se enamora de la hermosa y misteriosa esposa de un oficial de la SS, el terrible y peligroso general Otis Furtwangler.

La bella Dorota, conquistará su corazón desde el primer momento.

André se adentra en su mente tratando de encontrar una respuesta a su malestar, sospechando que es su esposo quien la maltrata.

Todo esto, al mismo tiempo, que trata de sobrellevar el malsano ambiente de la Alemania Nazi. Pero descubre que todo lo que ha pensado no es más que una mentira, y pronto se verá envuelto en una pasión intensa y peligrosa, además en un asunto de Estado tan trascendental del cual dependerá la vida de miles de personas.

Él descubrirá que Dorota guarda un secreto que jamás hubiese sospechado y que cambiará el curso de sus vidas para siempre.

¿Podrá manejar tanto peligro y pasión?

Leer el primer capítulo:

Capítulo I. Las verdaderas traiciones

Cuando el Führer tomó el poder no sabía las consecuencias que esto traería para el país, y
mucho menos en sus vidas. Hasta entonces la fuerte crisis económica en que se habían visto
sumidos con la derrota alemana en la Gran Guerra, como se le llamaba hasta entonces, les llevó a
buscar una esperanza, algo a lo cual aferrarse entre tantas desgracias y todos los malditos
cadáveres pudriéndose en las calles.

Ese día 30 de enero de 1933 muchos fueron a ese lugar simbólico para celebrar la toma de
posesión del Canciller, el desfile era impresionante, ver como miles de antorchas pasaban por las
Puertas de Brandenburgo. La sensación era electrizante, emocionante, nadie fue inmune a ello,
incluyendo el doctor André Ackermann.

Al asistir a ese evento también, al igual que los demás,
tuvo que reconocer que ese hombre ejercía sobre todos un magnetismo inexplicable.
La emoción que se respiraba entonces era algo inexplicable, éste aún se erizaba de sólo
recordarlo. Los jóvenes, especialmente, estaban vibrantes de la emoción, muchos lucían sus recién
adquiridos uniformes de la SA, y existía un buen ánimo general, así como una sensación de
esperanza. Todos gritaban a coro la consabida consigna, mientras él proclamaba su discurso lleno
de palabras altisonantes sobre la supremacía de los arios.

Sin embargo, Ackermann era lo suficientemente inteligente para no dejarse influenciar por ese
hombre que ni siquiera era alemán, sencillamente no le inspiraba confianza. Y aunque quería
mantener el bien ánimo no mostraba muchas esperanzas que esto fuese la verdadera solución para
su querida Alemania.

También fue testigo de las atrocidades a las cuales algunas recurrían para sobrevivir, incluso a
costa de la vida de otros. Entonces llegó este hombre, les prometió salir de las sombras y
recuperar la supremacía alemana que había sido robada por los franceses, y todos aquellos paísesque fueron tan culpables como ellos de toda esa terrible matanza, pero que se lavaron las manos
en medio de tanta miseria. Él representó la esperanza para todos, con esa manera de hablar, tan
enérgica los hizo sentir orgullosos nuevamente de ser alemanes.

A sus 28 años tenía la madurez y los conocimientos necesarios para entender de forma temprana
que todo eso no era más que un gran error, ese hombre no representaba libertad, sino que era el
arquetipo de su propia justicia, de una sociedad que lo había orillado al ostracismo, de la cual se
vengaba a costa de todos, por puro y simple capricho, con las motivaciones más mezquinas del ser
humano, es decir, por ego. Por su profesión no podía dejar de analizarle, dándose cuenta que era
una persona profundamente enferma.

No era una persona interesante, ni mucho menos, no era un héroe de guerra, ni un gran militar o
estadista. Era nadie, uno más entre el montón de alemanes que sólo formaban un tumulto anónimo,
un profesional sí, aunque destacado, pero eso para el Partido Nacional Socialista no representaba
mucho. Pero el destino le orillaría hacia ese sistema sucio para hacer algo sobresaliente, aunque
aún no lo sabía.

Recordaba esa sensación de adormecimiento en la lengua, de cómo la guerra se había llevado
todo, menos su esperanza. Pero ese día 10 de agosto de 1950 se había propuesto escribir un
testimonio de cómo había sobrevivido a esa guerra, de cómo estuvo en medio del huracán y logró
superar al holocausto más grande que el hombre moderno haya podido contemplar. Y de qué
manera dentro de él aun habitaba un rescoldo que no se pagaba jamás.
– Ackerman, cómo está.

– Muy bien y usted señor Scholtz.
– Qué le parece, al fin con este hombre podremos ser libres, esos malditos franceses tendrán
que comerse sus palabras y sus sanciones.

– Así es, le respondió sin mucho entusiasmo, no estaba seguro que opinión dar al respecto,
pero sus instintos le decían que lo mejor era mantenerme neutral.- Y bien, este hombre Hitler es el líder que estábamos necesitando, ahora sí saldremos de
este desastre del cual todos esos políticos no nos han podido sacar, esos comunistas y toda
esa lacra, incluso Hindenburg con sus posturas recalcitrantes e intolerantes.

– Eh, sí, bien señor Scholtz lo dejo, tengo que hacer algunas cosas, le dijo para salir de la
molesta conversación, después podemos tomarnos un café.
– Sí claro Ackermann, cuando guste.

Subió los 200 escalones que lo separaban de su departamento, sin ganas abrió la puerta para
descubrir el lugar solo y oscuro. Cuatro años atrás había perdido la alegría de vivir cuando murió
su esposa Helga, aún tenía su foto en la mesita de la sala, era hermosa, un verdadero portento de
belleza germana, su cabello rubio y ondulado, sus ojos profundamente verdes y su piel blanca
como la porcelana.

– Me haces falta, le dijo, mucha falta, amor.
Y el silencio le respondió con su aterrador eco, profundo y solitario, el oscuro apartamento
parecía un reflejo de sus propios sentimientos, la luz se había perdido entre los resquicios de las
cosas amontonadas en los rincones. Si Helga hubiese visto eso se habría molestado mucho,
imaginó su cara de desaprobación al ver las pilas de libros de medicina amontonados en uno de
los rincones de la sala.

Aqui abajo les dejare los enlaces directos para su descarga gratis:

Secretos Inconfesables (Libro 1 – Mercedes Franco.epub
Secretos Inconfesables (Libro 1 – Mercedes Franco.pdf

Si te a gustado el libro de Una pasión tan peligrosa que pocos se atreverían (01) (Pdf o Epub) ala mejor te pueden gustar estos otros: