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Besos con sabor a piruletas (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Besos con sabor a piruletas
Autores: Carlota Manzano
Fecha: 25 feb 2020
Tamaño: 0.73MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Aventuras
ASIN: B085473CX
Páginas: 278
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Anais busca la noticia, pues es colaboradora de uno de los espacios televisivos del corazón más famosos de Manhattan. Mark es la noticia pues, a pesar de ser un afamado hombre de negocios, siempre está en el punto de mira de los medios.

Los destinos de ambos se cruzan, pero lejos de lo que pudiera esperarse, lo hacen en la esfera personal y no en la profesional. Mark lo tiene meridianamente claro: va a por todas con la joven periodista. Anais se convierte en un mar de dudas: no ve claro que ella pueda suponer para el seductor millonario más que un juguete.

Pasión, intriga y sentido del humor en grandes dosis en una novela que invita a plantearse hasta qué punto el amor es capaz de unir a los polos opuestos. Sumérgete en esta historia de besos con sabor a piruletas.

Leer el primer capítulo:

Capítulo 1
—Mamá, estoy a punto de entrar al programa, ya va a comenzar, luego te llamo.
—Vale hija, pero recuerda que mañana tienes que venir.
—De acuerdo, no te preocupes —negué, sonriendo.

Era el cumpleaños de su novio y quería que tanto mi hermano con su pareja, como yo, fuéramos
a cenar a su casa, así que dedicaría la mañana siguiente a buscarle un regalo. Lo bueno era que mi
programa se emitía de lunes a jueves, de modo que yo ya estaría el viernes libre para acudir a la
celebración.

Ya estábamos en el aire y comenzó todo un debate sobre una de las parejas más relevantes del
mundo del cotilleo, un cantante y su mujer actriz. Habían conseguido material fotográfico que
demostraba que él estaba liado con otra cantante. Les pillaron entrando juntos en un hotel y
saliendo a la mañana siguiente.

La presentadora tenía cuarenta y tres años. Se llamaba Erika, una codiciada periodista del país
que reunía todo lo necesario para conducir un programa de nuestro calibre. Conmigo empatizaba
mucho, ya que era la más joven.
El director del programa era de lo mejor. Sabía cómo decirnos

por el pinganillo hasta dónde
llevar la información o qué dejar en suspense. Lino era un profesional como la copa de un pino.
Me caía muy bien, tenía cuarenta y cinco años.
Como compañeros tenía a tres colaboradores, periodistas igual que yo.

Por un lado, estaba Cinthia, la más modosita, la que más se controlaba en esas guerras que se
declaraban en el plató por diversidad de opiniones. Tenía treinta y cinco años y se llevaba
fenomenal con todo el mundo.
Por otro, estaba Pedro, el terror del programa, homosexual y que se jactaba de que siempre la

andaba liando. En realidad, era muy gracioso, pero le gustaba mucho tocar la llaga y liarlas
pardas. Tenía treinta y siete años y nadie negaba que era una de las caras más importantes del
programa.
Por último, Blanca, la pija, la que siempre quería

llevar la razón en todo, pero también contaba
con su parte entrañable. Tenía treinta y cinco años.
En total se trataba de tres horas en directo de total intensidad, además en español ya que el
programa era latino. Yo lo hablaba a la perfección, desde pequeña estuve

en un colegio bilingüe,
por lo que hablaba ambos idiomas a partes iguales, hasta me salía algún que otro acento de por
allí. En casa, mi padre también nos habló siempre en el idioma de mis abuelos paternos.
Cuando terminó el programa a las siete de la tarde me fui a buscar a mi mejor amiga, Marlene,
tenía tres años más que yo, veintinueve, una YouTuber muy

prestigiosa con un canal con millones
de seguidores. Trataba casos de crímenes y desapariciones, de los que eran más sonados en
Latinoamérica.
—Te juro que no puedo con Pedro —se refirió a mi compañero—, hoy no entré por la pantalla
y lo cogí del cuello de milagro. ¡Qué cabezón!

—No sabes la que nos dio durante toda la tarde —negué con la cabeza.
—Lo vi, por eso te digo, vaya tío —pasé para su cocina—. Te juro que no sé cómo tenéis la
santa paciencia de aguantarlo sin tirarle una botella de agua a la cabeza.
—Es nuestro trabajo, aguantar gilipollas —solté una carcajada—. Pedro me cae bien a ratos,
ya sabes.

—El tío tiene don, las cosas como son, para lo bueno y lo malo lo tiene.
—Por cierto ¿Qué tal con Erik?
—Pues lo mismo de siempre, cuando viene a hacer algún concierto o trabajo por New York
pues quedamos y nos acostamos, pero desde que se fue a Miami todo se enfrió mucho.
—Ya, se veía que lo vuestro no era una relación,

además nunca me gustó para ti.
—Ni a mí, pero para pasar un rato me encantaba, para qué voy a mentirte. Ya me saldrá un
príncipe azul que enamore mi corazón —reía mientras ponía unos sándwiches con unas patatas
chips para acompañar a los refrescos.

—Mañana es el cumpleaños del novio de mi madre y va a preparar una cena fiesta en el jardín
¿Te apuntas?
—Por supuesto, a mí no me dejas sola un viernes, además ya sabes que me quieren más a mí
que a ti —reía.

—Por eso, ve y los haces felices —negué riendo.
—¿Le has comprado algo?
—No, iré mañana por la mañana, que saldré un rato.

Besos con sabor a piruletas – Carlota Manzano.epub
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