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Cuarentonas (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Cuarentonas
Autores: Begoña Ameztoy
Editorial: Ediciones Versátil
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 0.95MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Aventuras
Páginas: 267
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Con un humor negro, se plantea el ritual que acompaña al hecho de cumplir los cuarenta. Una mujer, divorciada y con una hija intenta encontrar el amor de su vida aunque haya personas empeñadas en que sea infeliz.

Cuarentonas habla de la pareja, la modernidad, el paso del tiempo en un libro a caballo entre parodia y autoayuda. Ameztoy deja traslucir en su libro que las diferencias entre los sexos aún son grandes.

Leer el primer capítulo:

C
HA LLEGADO EL GRAN DÍA

reo que lo más correcto será comenzar por el principio. Y el principio en este caso es una
presentación eficaz, sencilla y sin pretensiones, que vaya directamente al grano, al meollo o,
si usted lo prefiere, al nudo gordiano de la situación. Demasiado tiempo perdemos cada día
haciendo y diciendo cosas estúpidas.

Me llamo Ofelia Vilallonga y soy abogada matrimonialista. Tengo una hija de quince años,
llevo divorciada algo más de dos y acabo de atravesar la barrera del sonido.
No me negarán que decir «barrera del sonido» es una forma elegante y original de referirse a
la cuarentena, porque para cualquier mujer, pasar de los treinta y muchos a los cuarenta es una
prueba y un reto, además de un drama indisimulable, una catástrofe irreparable y una putada. ¿Por
qué negarlo? No es lo mismo decir treinta y no sé cuántos que cuarenta.

No, señora, y quien diga
lo contrario miente. Y si pone en duda esta afirmación, sólo tiene que preguntar en la librería de su
barrio quién es el comprador tipo de libros de autoayuda; seguro que la amable dependienta le
dará una respuesta inequívoca y contundente. «Cuarentonas desahuciadas y compulsivas»,
responderá sin vacilar. Ésta es la cruda realidad.

Y exactamente igual de cruda e indigesta es la realidad que tengo ahora entre mis manos.
Porque utilizando como centro gravitatorio mi propia experiencia, van a conocer ustedes la

historia de una pasión que iluminó fugazmente el tenebroso ecuador de mi cuarentena, una pasión
tardía —que son las peores—, una pasión arrebatada, enloquecida, desesperada. Van a penetrar
—con perdón— en la más profunda intimidad de una mujer herida, que siente ya en sus carnes la
dentellada implacable y feroz de la madurez. Prometo no ocultar ni un solo destello del caudal de
conocimientos que atesora mi memoria, incluida la existencia de mi hermana Berta, que es lo
primero que deben conocer.

Hermanas como ésa sólo hay una, y me ha tocado a mí.
Mi hermana Berta es delgada, rubia y tiene los ojos azules y rasgados. Yo soy morena, de

rasgos normales y tengo una extraordinaria tendencia a engordar. Mi hermana se parece a mi
madre. Yo me parezco a mi padre. Mi madre adora a mi hermana. Mi padre murió cuando yo era
una adolescente acomplejada y espantosamente necesitada de cariño. Mi hermana está divorciada;
yo, también (junto con los apellidos, ésta es la única circunstancia que compartimos). Mi hermana
no tiene hijos, y toda la pasta que le sacó a su ex marido —que es una fortuna— la invierte en su

único y exclusivo beneficio: viaja constantemente por todo el mundo, se hace operaciones de
estética y reposa en los mejores balnearios de Europa. El resultado es un físico espectacular y una
expresión de total serenidad. Respira bienestar por todos sus asquerosos y revitalizados poros.Yo jamás he ido a un balneario, trabajo como una cabrona, tengo un ex marido petardo que

comparte los gastos de manutención de mi hija un mes sí y el otro no, y una hija de quince años,
Cristina, ya lo he dicho, tan sensible, acomplejada y conflictiva como yo. Mi hermana no se puede
sacudir los novios de encima. Yo, desde que me separé, el único hombre que he visto en bolas es
Boris Izaguirre en «Crónicas Marcianas» y encima es gay. Y por último, mi hermana cree en Dios
—no me extraña—; yo, no.

Tal vez por eso, desde que tengo uso de razón, mi hermana Berta es mi cruz. Ella siempre ha
sido la culpable de todas mis desgracias; desgracias apocalípticas, bíblicas, interminables, que se
remontan a la más tierna infancia, probablemente a la cuna o incluso al estado fetal. Me pregunto
qué mal de ojo me echaría mientras yo me chupaba el dedo confiadamente en el vientre de mi
madre

Aqui abajo les dejare los enlaces directos para su descarga gratis:

Cuarentonas – Begona Ameztoy.epub
Cuarentonas – Begona Ameztoy.pdf