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El resto de la vida (Pdf o Epub)

Ficha

Título: El resto de la vida
Autores: Ángeles Caso
Editorial: Planetalector Chile
Fecha: 26 dic 2019
Tamaño: 0.61MB
ISBN-10: 9788408099390
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Aventuras
Páginas: 234
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Emma está enamorada de Michael, un amigo de su madre. En una de sus últimas conversaciones Michael le dice que al igual que Orfeo, si muriera, volvería a por su amada. Poco después llega la noticia de su muerte que es un duro golpe para Emma. Tras quince años y cuando Emma ya mayor tiene su vida resuelta cree reconocer a su viejo amor en un aeropuerto.

Leer el primer capítulo:

Aquella noche el cometa brilló hasta el amanecer, hacia el noroeste, con su larga cola de hielos y
gases estelares perdiéndose sobre los bosques negros y el gran río. Ellos apenas llegaron a darse
cuenta. Tal vez lo vieran desde el coche, en el camino del aeropuerto a la Prinz Eugen-Straβe, la

estrella maravillosa del mes de marzo dibujándose como la ilustración de un cuento de niños por
encima de los tejados de Viena. Pero, a decir verdad, sus ojos no acertaban a mirar nada que
estuviese más allá del cuerpo del otro, el cuerpo tan deseado desde hacía semanas —aunque tal
vez desde hacía años, y acaso, quién puede saberlo, siglos—, el cuerpo que ella y él habían

imaginado tanto y que ahora, en seguida, en cuanto llegasen a casa de Emma, tocarían, lamerían,
amarían, el cuerpo del que gozarían al fin arañándolo y mordiéndolo y sorbiéndoselo al otro,

dejando que se derritiese el suyo propio, la carne endurecida por el deseo tantas veces aplazado.
La estrella maravillosa del mes de marzo brilló en el cielo como el presagio de toda la
fortuna, pero ellos apenas la entrevieron por las ventanillas del coche, mientras sus manos se
entregaban ya a su propia fortuna, la de amar al otro, la dicha inolvidable para el resto de los
tiempos de amar al otro tan deseado, así sea que acabes en el cielo o en el infierno. Aunque tal
vez sólo en la nada.

JULIO-NOVIEMBRE DE 1982

El río bajaba indolente y melodioso aquel día de verano, pero no era difícil imaginarlo terrible

una mañana de diciembre, una de esas mañanas del fin del mundo, cuando la lluvia cae
haciéndonos creer que toda el agua eternamente posible dentro de las nubes se ha concentrado en
unas horas, y el viento azota los árboles desnudos y ruge entre las cortadas del desfiladero, y el
rastro de la luz dorada parece

haberse borrado de la faz del mundo, dejando sólo una leve huella
que apenas alcanza a desvelar las formas de las cosas, fundiendo las unas dentro de las otras,
desalojándolas de la materia sólida. Una de esas mañanas en las que se diría que la realidad no
existe.

Pero aquél era un hermoso día de sol del mes de agosto, y el río bajaba indolente y melodioso
y limpio. A su vera crecían alisos y fresnos, y los castaños se amontonaban ruidosos sobre las
laderas, al otro lado del agua, castaños entremezclados con carvallos y algún sicomoro llegado

hasta allí por los caminos ignotos de los aires. En lo alto, un caserío de relucientes tejados rojos,
y hortensias y calas floreciendo contra los muros blancos. Más allá, recortándose en el cielo de un
azul desvaído, asomaban las cumbres altísimas, hermosas torres de minerales primigenios,
asombrosos restos del comienzo del mundo.

El coche circulaba tranquilo por la carretera vecina al río. Malo y viejo, parecía uno de esos
coches de tercera o cuarta mano que a veces adquieren los estudiantes si han logrado ahorrar algo
de dinero dando clases particulares, vendiendo juguetes en Navidad o cuidando niños. Un coche
destartalado, que circulaba por la carretera llena de curvas amenazadoras como si no hubiera
hecho otra cosa en toda su existencia.

Y ella, la muchacha, lo conducía igual que si ése fuera su único cometido en la vida, apenas
presionando el volante en las revueltas, tocando suavemente los pedales mientras movía el cuerpo
al sonido de la música de Police, Every move you make, I’ll be watching you… Tan guapa, con su
largo pelo oscuro agitándose en el aire arremolinado entre las ventanillas abiertas, y el vestido
lleno de flores, igual que las cortinas de cretona en el salón de una vieja dama inglesa.

Vista así, parecía una chica feliz. Una más de las muchas chicas felices y despreocupadas del
mundo. Pero observándola de cerca, fijándose en el color incierto de sus ojos, en la leve sombra
bajo los pómulos, en la tensión reflexiva de su frente todavía tan lisa, mirándola por dentro, muy
dentro de los recovecos de su cerebro,

se sabía que era uno de esos seres humanos que deben
sufrir. Que la vida le sea benigna, eso le deseaban —sin remedio— quienes se acercaban a ella,
por más que supiesen que la vida nunca lo es.

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El resto de la vida – Angeles Caso.epub
El resto de la vida – Angeles Caso.pdf

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