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Nos vemos en el museo (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Nos vemos en el museo
Autores: Anne Youngson
Editorial: Maeva Ediciones
Fecha: 29 dic 2019
Tamaño: 0.96MB
Idiomas: Español
ASIN: B07VFG4WV7
Literatura: Libros de Aventuras
Páginas: 253
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

A veces hace falta que un extraño te muestre quién eres… Una novela epistolar sobre las pequeñas alegrías y las sorpresas cotidianas, pero también sobre la pérdida y las vidas que no elegimos.

Tina, una granjera inglesa, esposa y madre, acaba de perder a Bella, su mejor amiga; Anders, conservador de un museo arqueológico en Dinamarca, enviudó hace años. Aunque no se conocen, su

nexo de unión es el hombre de Tollund, un hombre prehistórico que se exhibe en el museo donde trabaja Anders y que Tina siempre quiso visitar junto a Bella. Tina envía una carta al museo sin esperar una respuesta, pero sorprendentemente esta llega, y así empieza una correspondencia en la que Anders y ella compartirán reflexiones y sentimientos y en la que pondrán al descubierto cómo es la vida que llevan. De un modo pausado y lleno de delicadeza, Tina y Anders se hacen amigos.

Leer el primer capítulo:

Querido señor Larsen:
Es muy amable por su parte que siga escribiéndome. He descubierto que es
una de las ventajas de hacerse mayor, la gente tiene tendencia a ser amable
contigo: recogen cosas que se me caen, por ejemplo, o aguardan tranquilos
detrás de mí en la cola mientras yo no consigo quitarme los guantes para abrir
la cartera y pagar los artículos que intento comprar. Pero usted no me puede
ver; está siendo amable con una desconocida que le escribe

. De modo que
gracias. También me ha contado algunas cosas que yo no sabía, y me siento
avergonzada. Llevo toda la vida rodeada de este paisaje y nunca había
comprendido su naturaleza, más allá de aspectos superficiales como su
humedad, su desolación, su capacidad para dar frambuesas o su incapacidad
para dar azaleas. Nunca he visitado ruinas de la Edad del Hierro; y pienso
hacerlo. De verdad. Tengo una fecha marcada en el calendario en la que estaré
libre y pienso ir entonces, pase lo que pase.

Sabiendo tanto como usted sabe sobre las personas que vivieron mucho
antes que nosotros en unas circunstancias inconcebiblemente diferentes, y que
dejaron tan pocas cosas, pero tan significativas… Sabiendo todo esto, ¿no es
consciente de su propia insignificancia? Me gustaría que el inglés tuviera
algún pronombre impersonal, como «uno»,

que ya nadie usa, porque esta
última frase podría interpretarse como si yo estuviera afirmando que usted no
es importante. Usted, Anders Larsen, conservador del Museo de Silkeborg,
cuando lo que quiero decir es, ¿no sería uno consciente de lo insignificante
que es la vida si supiera lo que usted sabe? (y aquí me refiero, en efecto, a
usted).

Ha mencionado que la muerte de Bella me afectó. Es cierto, así fue. Todavía
la echo de menos y me aflige su pérdida, pero ¿sabe?, ella se ha ido del todo,incinerada, como dijo que hacían los coetáneos del hombre de Tollund. Y sus

cenizas fueron esparcidas sin dejar rastro. Al contrario que Bella, la gente de
la turbera parece que acabe de morir, o que no estén realmente muertos. Es
como si estuvieran descansando a la vista de todos, atestiguando que han
existido, que han vivido.
Estoy escribiendo cosas sin sentido, así que voy a dejarlo aquí.

Con mis mejores deseos,
Tina Hopgood

Silkeborg
21 de febrero

Querida señora Hopgood:
Que no se le pase por la cabeza que debe dejar de escribir. Sus cartas me
hacen pensar, y me lo paso bien pensando, así que, por favor, no deje de
escribir. En particular, he estado pensando en qué cosas son las que hacen
historia, el tipo de historia que constituye mi campo de especialización. ¿Lo
que permanece? ¿Y qué determina lo que permanece?

Primero pensé en la violencia. El hombre de Tollund y el resto de personas
de las turberas sufrieron muertes violentas. Si no hubiera habido violencia, sus
cuerpos habrían sido incinerados, como los de sus coetáneos. Además, si
observo los artefactos de la época que han llegado hasta nosotros, veo cómo

muchos de ellos servían para matar. Quizá por eso nos sentimos (yo también,
como usted se imaginaba en su carta) insignificantes. Porque no vivimos de la
violencia, y es improbable que vivamos de ella. Esto debe de ser algo bueno.
Aceptaré la insignificancia a cambio de una vida tranquila.

Mi segundo pensamiento es la belleza. Entre los otros objetos que han
sobrevivido, algunos son cotidianos y ordinarios, y se han conservado por
casualidad. Pero la mayoría son hermosos. Los depositaban en las tumbas
porque eran los mejores. O se conservaban como objetos de importancia
religiosa que habían sido creados con el mayor esmero y atención a la belleza
como tributo a los dioses.

Creo que la conservación de un objeto bello transmite un significado más
allá de su apariencia, a aquellos que lo contemplan y lo manejan cuando
quienes lo hicieron y poseyeron ya no están. He llegado a esta opinión no solo
por lo que siento, y veo que sienten los visitantes del museo, al mirar una
torques o un amuleto de fertilidad. Cuando falleció mi esposa, me dejó un
brazalete que compramos juntos en nuestra luna de miel en Venecia, unsencillo aro de plata con un delicado diseño grabado en la superficie; algo que

sostener, tocar y estudiar atentamente para comprender su belleza. Lo analizo
ahora que ella ya no está porque no tengo un lugar que visitar para sentirme
más cerca de ella. Ni tumba, ni urna, ni un sitio donde estén esparcidas sus
cenizas

Aqui abajo les dejare los enlaces directos para su descarga gratis:

Nos vemos en el museo – Anne Youngson.epub
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