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Poniente (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Poniente
Autores: Álber Vázquez
Editorial: La Esfera de los Libros
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 2.93MB
Idiomas: Español
ISBN-10: 8491646574
Literatura: Libros de Aventuras
Páginas: 216
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Esta novela narra una de las aventuras más increíbles de la historia de la Humanidad: la primera circunvalación al globo terráqueo. Un viaje único donde las distancias asombran, la voluntad triunfa sobre las limitaciones y el tiempo deja de ser relevante cuando de alcanzar la gloria se trata.

Álber Vázquez da voz al puñado de audaces que navegó hacia territorios completamente desconocidos y descubrió la auténtica dimensión del mundo. Injustamente olvidados, por primera vez, hablan en primera persona en estas páginas vibrantes en las que brillan la capacidad humana, el sacrificio, el compañerismo y la lealtad.

Así, Juan Sebastián Elcano y sus hombres, a bordo de la Victoria, logran demostrar que la materia prima de la que se construyen los héroes de la historia es el compromiso, la obstinación y un deseo irrefrenable de ir siempre más allá

Leer el primer capítulo:

Mesquita se estiró en su taburete. Puso la cara más digna que
pudo y, sin ser plenamente consciente de la responsabilidad que se
depositaba en él, repuso:
—No lo haré, primo.

La destitución de Antonio de Coca estuvo lista diez minutos
después. Magallanes apartó los platos y la escribió de su puño y letra
sobre un papel que acabó manchado de restos de comida. Mandó
llamar al alguacil Espinosa, quien se presentó de inmediato. Él era su
auténtico hombre de confianza. Su hombre para todo. Espinosa sabía
mandar y no dudaría en utilizar la fuerza en caso de que fuera
necesario. Se alegraba de tenerlo a su lado.
Cuando le contó sus planes, Espinosa no pudo reprimir un breve
comentario:
—¿Mesquita?

—Lo sé, pero ahora mismo es nuestra mejor opción. Tenemos
que actuar. Debemos dejar claro que no nos mantendremos de brazos
cruzados.
Espinosa no le daba demasiadas vueltas a los asuntos. Era leal a
Magallanes y, en lo que a él respectaba, sus decisiones constituíanórdenes. Adelante, pues.
—¿Cuándo lo haremos? —preguntó.
—Ahora mismo. Toma un bote y lleva a Mesquita a la San

Antonio. Hazte acompañar de cuatro marineros armados. Elígelos de
entre los de más confianza. Y que lleven escopetas cargadas. Quiero
que se empiecen a ver armas. No las uséis salvo que peligre vuestra
vida, pero llevadlas.
* * *
La Concepción levó el ancla, izó una vela y, muy lentamente, se
dirigió hacia la entrada del puerto. Ponían en marcha el movimiento
del peón distraído que había anunciado el capitán Cartagena. La
estrategia no servía para nada efectivo, pero contribuía a sembrar la
impaciencia y el desconcierto en el otro contendiente. Se trataba de
un movimiento ineficaz, sin consecuencias, aunque válido si servía

para que la otra parte mostrara sus propósitos. Magallanes podía
ordenar a la Santiago que fuera tras la Concepción. Si estaba, como
parecía, tratando de huir, podía cortarle el paso y hasta lombardearla.
Frente a la ligerísima y rápida Santiago, la Concepción no tenía nada
que hacer. Por ello, no se pensaba ir tan lejos. No abandonarían el
puerto natural. Simplemente, estaban moviendo un triste peón.

Nada enfurece más a un buen jugador de ajedrez que perder el
tiempo en una jugada estúpida pero necesaria: estúpida porque hace
perder el tiempo a ambas partes y necesaria porque si alguien no hace
lo que debe, ese alguien acaba pagándolo caro.
Magallanes supo, desde el principio, que la Concepción no estaba
desertando. Y actuó, a regañadientes, como se esperaba de él: envió a
la Santiago.

Diego García de Trigueros recibió las órdenes de su
contramaestre. El maestre había mandado largar velas, así que tanto
Trigueros como los ocho marineros restantes de la Santiago se
encaramaron a las vergas y aguardaron la indicación delcontramaestre. En cualquier otra situación, la mitad de los marineros
habría esperado sobre la cubierta y cuatro o cinco grumetes habrían
ocupado su lugar en las vergas, pero el contramaestre no quería
errores en esta maniobra y mandó subir a lo mejor que tenía a bordo.
Cuando gritó que largaran las velas, estas cayeron casi al unísono. El
viento las hinchó de inmediato.

La actividad en cubierta se tornó frenética y la Santiago pronto
tomó velocidad. Juan Serrano, capitán y piloto al mismo tiempo, trazó
un rumbo que pretendía envolver a la Concepción. El puerto de San
Julián tenía más de tres leguas de profundidad y una y media en su
punto más ancho, de manera que las diminutas naos parecían moscas
perdidas en aquella inmensidad.

Aqui abajo les dejare los enlaces directos para su descarga gratis:

Poniente – Alber Vazquez.epub
Poniente – Alber Vazquez.pdf