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Un lugar donde perderse (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Un lugar donde perderse
Autores: Caridad Bernal
Editorial: HarperCollins Ibérica
Fecha: 29 dic 2019
Tamaño: 1.94MB
ASIN: B081V84HZ9
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Aventuras
Páginas: 256
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Ella fue hasta allí para perderse, no para encontrarlo.Nora Jones decide aceptar un traslado para olvidar el infierno que ha sufrido los últimos meses en el trabajo. Ese pueblo de vaqueros suena lo bastante lejos como para poder olvidar a cierto tipo de Londres…

Sin embargo, su vida allí no será un camino de rosas. En Whipeca, Arizona, ella es una forastera y enseguida se convierte en el objetivo principal de los chismorreos por ser una mujer que ha ido a ocupar el puesto de un hombre.

La sargento Jones, como terminarán llamándola, deberá adaptarse poco a poco a ese modo de vida tan diferente. Donde todo el mundo se conoce por su nombre de pila, solo se escucha una emisora de radio y ni siquiera hay un restaurante en el que se pueda comer sushi.

A pesar de su fuerte carácter, Nora descubrirá en esas tierras lo que no había ido a buscar: el amor de su vida. Pero también, lo que más deseaba: el reconocimiento a su trabajo.
Nora sabía que huir era de cobardes, y ella se tenía por una mujer valiente. Aun así, escapó a aquel lugar para perder de vista su pasado, sin imaginarse que su futuro la iba a sorprender.

Leer el primer capítulo:

Claire sujetaba las cervezas mientras Nora se sentaba a su lado con cuidado, para dejar
después los pies colgando como su amiga. Ambas se sonrieron al verse otra vez en aquel lugar,
refrescando así viejos recuerdos ya olvidados. Estaban en el ocaso del día y aquella ciudad
alemana les quería regalar a las chicas una maravillosa puesta de sol como despedida: un cielo
garabateado de nubes rosas y rojas anunciaba ya el final de esa cita acordada.

De nuevo habían
compartido otra jornada estupenda juntas, la cual no querían que terminase nunca —desde que se
conocieron, jamás se habían separado tanto tiempo ni tan lejos—. Nora sacó su móvil y fotografió
aquella preciosa estampa para que se fijara por siempre en su retina.

—Parece un cuadro, ¿verdad? —preguntó Nora sin esperar respuesta.
Habían tenido una gran idea al elegir este famoso puente de hierro para despedirse, aunque no
dejaba de ser un tanto peligroso estar ahí subidas como dos adolescentes. Ellas ya no tenían edad
para hacer ese tipo de locuras.

Cuando Claire quiso reanudar por fin la conversación que mantenían, el viento despeinó los
rubios cabellos de su amiga, dándole un aspecto aún más alocado:
—¡Jolines! —resopló Nora, algo desesperada. Aquel lugar tendría unas magníficas vistas, pero
también estaban más expuestas al vendaval que se avecinaba. Al final, terminaría por hacerse con
destreza una trenza, improvisando un peinado para recoger su larga melena, como casi todos los
días—, menos mal que decidimos hacernos un tatuaje en lugar de ir a la peluquería, ¿no crees? —
preguntó a su amiga con ironía.

—Aún no sé cómo me has podido convencer. ¡Mañana seguro que me arrepiento! —se lamentó
Claire mientras volvía a levantarse la cinturilla del pantalón vaquero, viendo de nuevo el pequeño
dibujo que ambas se habían grabado en la piel: dos gaviotas volando en un círculo, símbolo de su
amistad.

—Mañana ya no estaré a tu lado —pensó Nora en voz alta mientras Claire levantaba la vista
hacia ella.
Claire Linstead seguía sin poder creer que se fueran a separar después de tantos años juntas,
compartiendo buenos y malos momentos. Quería a esa rubia patilarga como si fuera su hermana,
aunque tuviese un genio del demonio.

—¿Te acuerdas…? —preguntó Nora mirándola con tristeza. Esos ojos aguamarina, que tantas
veces la habían entendido, ahora se humedecían al desviarse hacia el pasado.
—¡Pues claro que me acuerdo! Imposible olvidarlo, ¿no crees? —respondió Claire con una
mirada fija y sincera, tras poner una mano sobre el enjuto hombro de su amiga.Nora y Claire se habían conocido allí mismo, en Friburgo, hacía algo más de quince años.

Aquel día, una jovencísima Claire buscaba muy alterada algún modo de volver a casa. Llevaba
meses preparando el viaje que acababa de hacer para darle una sorpresa a su novio y, nada más
llegar a su piso, lo había descubierto en la cama con su compañera de estudios escocesa;
¡precisamente él, un afiliado al partido independentista británico!

Del tremendo disgusto, Claire olvidó por completo por dónde había venido. De modo que, al
salir del edificio donde vivía su ya exnovio, tiró del brazo de la primera chica que pasaba por la
calle y le preguntó a la desesperada:

—¡Perdona! ¿Sabes dónde está la estación? —Esa frase, formulada en un precario alemán,
impactó a la que después se convertiría en su gran amiga: Nora Jones.

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