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El designio de los dioses (Pdf o Epub)

Ficha

Título: El designio de los dioses
Autores: Alfonso Solís
Editorial: Umbriel
Fecha: 28 dic 2019
Tamaño: 1.64MB
ASIN: B008QPHPJA
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Historia
Páginas: 489
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Kalam, un joven médico procedente de la ciudad de Assur, emigra con su esposa Damkira y su hijo Nabui a Nínive, capital del imperio asirio. Gracias a sus habilidades médicas, consigue salvar la vida del todopoderoso rey Assarhaddon. Éste, como agradecimiento, le nombra su médico personal y Kalam se traslada con su familia al palacio real.

Pero poco le dura la felicidad al joven médico. Assarhaddon se encapricha de Damkira e intenta alejarle de ella enviándole a la guerra contra los temibles cimerios. Comienza así un largo peregrinaje que le llevará desde el Egipto de los faraones hasta el Kushan de los yuezhi. El odio y los deseos de venganza guiarán sus pasos de nuevo hasta Nínive con el objeto de hacer justicia y asesinar al hombre que le había separado de su amada familia.

El Designio de los Dioses es una interesante novela histórica ambientada en la Asiria del siglo VII a. C. Se trata de una historia de guerras, una historia de venganza, pero, sobre todo, se trata de una historia de amor. Nos sumerge en una época de extrema crueldad y ambición, donde la superstición se confunde con la religión y en la que la ciencia lucha por abrirse paso en un mundo sumido en la más profunda oscuridad

Leer el primer capítulo:

Nínive era la capital del reino más poderoso del mundo conocido. Situada en la confluencia
de los ríos Tigris y el Khosr, era ruta obligada para los comerciantes que cruzaban ambos ríos, ya
se dirigieran tanto a Fenicia como a la India. Fue construida bajo la supervisión del rey
Senaquerib y se trataba de un verdadero oasis en medio del desierto. Las amplias calles

desembocaban en hermosas plazas decoradas con obeliscos y estatuas majestuosas. Sus
monumentos conmemorativos, sus zigurats, los parques que rodean las lujosas villas y sobre todo,
el palacio real, la convertían en la ciudad más hermosa del imperio. Nínive estaba surcada por
dieciocho canales que le abastecían con agua fresca de las colinas y regaban los innumerables
parques y jardines, proporcionando a toda la ciudad, el aroma del jazmín y del cardo. Quince

grandes puertas franqueaban el paso a sus sólidas murallas, cada una de ellas escoltada por una
pareja de toros alados de cinco metros de altura, que con su solidez y su fuerza, protegían a la
ciudad y a sus habitantes de sus no pocos enemigos. La prosperidad del imperio se veía
claramente reflejada en los ciudadanos de su capital. Mercaderes, sacerdotes, soldados y cientos
de artesanos, eran los habitantes de la ciudad que se erigía como el centro del mundo.

Kalam paseaba por la calle principal de Nínive, acompañado por su esposa Damkira y su hijo
Nabui. Se dirigían hacia la plaza del mercado, más para disfrutar del bullicio de la gran ciudad
que por la necesidad de realizar alguna compra. Tenía menos de treinta años y había conseguido,
gracias a sus artes curativas, ser nombrado médico personal de Assarhaddon, el todopoderoso rey
de Asiria. Kalam era un hombre alto, joven y apuesto. De tez morena, tenía los ojos verdes muy
claros, revelando sus orígenes fenicios. Su barba finamente recortada y una nariz recta, le

proporcionaba un aire distinguido. Vestía una túnica clara y una cinta de seda azul, le ceñía la
cintura. El anillo de oro con el escudo de la casa real, le distinguía como empleado personal de
Assarhaddon, lo que le proporcionaba un status elevado dentro de la sociedad asiria. Su esposa,

Damkira, era una mujer de extremada belleza. De origen semita, tenía el pelo negro y liso hasta la
cintura. Sus ojos, de un intenso color negro, emanaban misterio y sensualidad. Tenía la nariz fina y
sus blancos dientes eran comparados con las perlas del mar arábigo. Tenía el porte de las antiguas
sacerdotisas y una mirada suya era suficiente para desarmar al más audaz de los guerreros.
Kalam aprendió los secretos de la medicina de su padre Alamkar, médico en Assur, que leinstruyó en tan noble arte durante años. El asirio, en busca de nuevas oportunidades, emigró a

Nínive, la capital del imperio, donde cualquier joven con experiencia y ambición, podría
conseguir las más altas metas. Durante más de tres años, ejerció su profesión con total diligencia y
pronto su fama de gran asu, se extendió por toda la ciudad, sobre todo en las capas menos
favorecidas. Finalmente, dicho prestigio llegó a oídos de Nigirsu, gobernador de la capital asiria.

El designio de los dioses – Alfonso Solis.epub
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