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Habana año cero (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Habana año cero
Autores: Karla Suárez
Editorial: Editorial Comba
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 0.94MB
Idiomas: Español
ISBN/ASIN: 9788494962332
Literatura: Libros de Historia
Páginas: 345
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Cuba 1993, año cero. Es la crisis, no se encuentran casi nada, falta la electricidad, todo el mundo rueda en bicicleta. Hay cinco personajes. Julia es una científica frustrada que enseña matemáticas en un liceo. Euclides, su antiguo profesor de la universidad y ex amante, un hombre destruido a causa del exilio de sus hijos. Ángel, hermoso y desocupado vive en un apartamento de lujo en el centro de la ciudad.

Leonardo, un escritor que ya no publica debido a la crisis, amante del ron y gran fabulador. Bárbara, una periodista italiana recién llegada a la ciudad. Todos están fascinados por la historia de un cierto Antonio Meucci, italiano emigrado a La Habana en el siglo XIX que inventó el teléfono antes de Graham Bell, pero que una serie de infortunios le impidieron tener el reconocimiento histórico. Todos desean encontrar un documento original que les permitirá demostrar esta tesis y para lograrlo: vale todo.

Contada como un enigma matemático, donde los deseos convergen hacia un punto en común: encontrar el manuscrito y divergen en el uso que cada cual quiere hacer del él, esta historia pone en escena una sociedad desgastada donde todos se aferran a lo único que no cuesta miles de fatigas: sonreír, hacer el amor y soñar.

Leer el primer capítulo:

Sé que aquella noche apenas pude dormir. Cerraba los ojos y, sintiendo los
ronquidos de Ángel a mi lado, sólo conseguía ver imágenes de Euclides. Su
cara escuchando mis explicaciones durante la tesis, su sonrisa en Las Cañitas,
su mano tomando la mía para besarla antes de acercar el rostro y alcanzar mi

boca, sus miradas, sus elogios a mi inteligencia, sus preguntas, su cuerpo
desnudo. Todo era Euclides, mi admirado profesor, mi buen amante, mi gran
amigo. Euclides, el mentiroso, que seguramente reposaba tranquilo en su cama,
mientras yo daba vueltas escuchando roncar a los ángeles. Euclides, el ladrón,
porque eso era, un miserable ladrón y en esos momentos me era

completamente indiferente el drama de telenovela entre padre e hija, hombre
que engaña a su mujer, hijos que toman partido, divorcio, depresiones, llantos,
todo eso era una reverenda mierda ante lo otro, porque él había robado mis
ideas, me había traicionado publicando con su nombre algo que no le
pertenecía, ganando dinero a mi costa. ¿Te das cuenta? Tan sólo con

recordarlo me pongo furiosa. Qué va, así no podía dormir. Me levanté, me
serví un vaso de agua y fui a recostarme al balcón de la sala desde donde
podía verse la calle que me gusta tanto. Necesitaba meditar.

De todo lo que había contado Ángel algunas cosas no me quedaban claras,
pero no había querido preguntarle, no era prudente en esos momentos. Ángel
era un buen tipo que se había enamorado hasta los huesos de una mujer y que
mantenía fija la idea de que sólo cerrando el ciclo de esa relación lograría
estar limpio para enfrentarse a otra historia. La otra historia era yo y,

lógicamente, el cierre de su círculo me interesaba sobremanera. Para que esto
sucediera era absolutamente necesario que mi ángel recobrara la reliquia
familiar que incluía el dichoso documento de Meucci. Una vez recobrada ésta,
Ángel podría proceder a la última parte de su plan, enviar todo a Margarita,sentirse limpio y dedicarse a mí que, sin duda, lo primero que haría sería
mudarme al Vedado con él e inaugurar de esa forma un nuevo período en mi
vida, más interesante y con muchas más perspectivas que el que llevaba

viviendo. Según había dicho aquella noche, su mayor preocupación era que
Euclides se había apropiado de la reliquia, porque le interesaba el documento.
Él no podía adivinar qué fin quería darle su exsuegro a aquellos garabatos
escritos en un viejo papel, pero de lo que sí estaba seguro era de que Euclides
nunca lo soltaría porque llevaba años tras él. Por tanto, a Ángel se le hacía
muy difícil imaginar cómo recuperar la reliquia.

A mí tampoco me parecía fácil recuperarla. Sin embargo, no era muy
complicado sospechar qué fin quería darle Euclides al manuscrito. Alguien
que es capaz de robarle las ideas a una alumna para publicarlas bajo su
nombre y ganar méritos y dinero, ¿qué no sería capaz de hacer con un
documento original sobre la invención del teléfono? Piensa que en aquel

entonces, salvo en Italia y para unos pocos interesados en el tema, Meucci era
un perfecto desconocido, incluso en su época algunos periodistas lo habían
tildado de italiano loco por intentar usurpar una invención que claramente
pertenecía a Graham Bell, como reflejaban los documentos legales y los libros
de historia. No hay dudas de que Bell inventó el teléfono, el único problema

es que lo inventó unos años después de Meucci. Para ser más exacta, en 1876
Bell obtuvo su patente y pronunció lo que quedó para la historia como la
primera frase telefónica: “Por favor, venga, señor Watson, le necesito.” Pero
era a Meucci a quien debió haber llamado, porque ya en 1849 el italiano había
hecho su primer experimento, sólo que de esto, hasta ese momento, no había
pruebas escritas. La prueba, como había dicho Euclides,

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Habana ano cero – Karla Suarez.epub
Habana ano cero – Karla Suarez.pdf