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La vida de las mujeres (Pdf o Epub)

Ficha

Título: La vida de las mujeres
Autores: Alice Munro
Editorial: Duomo
Fecha: 07 ene 2020
Tamaño: 1.29MB
ASIN: B009DAG49E
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Historia
Páginas:278
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

En el centro de esta deliciosa novela hallamos a Del Jordan, una chiquilla que vive con sus padres en el pueblo de Jubilee y nos narra su día a día, su relación con la familia, los vecinos y los amigos. A través de sus ojos observamos el mundo y compartimos el provecho que saca de lo que ve. Del compadece la

poquedad del padre, admira el arrojo de la madre y comprende que tarde o temprano llega el momento en que hay que elegir entre una risueña mediocridad -hogar, iglesia, matrimonio, hijos- y otras opciones más interesantes y arriesgadas. Ese descubrimiento es también el de la vocación literaria, una suerte de llamada, de deber para con el mundo.

Leer el primer capítulo:

Me puse a pensar en los sufrimientos de Cristo. Junté las manos clavándome una uña con toda
la fuerza posible en una palma, y la hundí y retorcí, pero no logré sangrar siquiera; me sentí
avergonzada, sabiendo que eso no me habría hecho participar del sufrimiento. Dios, de haber

tenido algo de gusto, habría despreciado esa tontería (pero ¿tenía gusto? Solo había que ver lo que
los santos habían hecho, con Su aprobación). Él sabría lo que en realidad estaba pensando e
intentaba derribarlo a golpes en mi mente. Era: ¿tan terribles fueron realmente los sufrimientos de
Cristo?
¿Podían haber sido tan terribles cuando sabías, y Él y todo el mundo lo sabía, que resucitaría
íntegro, radiante y eterno, y se sentaría a la derecha de Dios Padre Todopoderoso, y desde allí
vendría a juzgar a los vivos y a los muertos? Muchas personas, tal vez no todas, ni siquiera la

mayoría, pero unas cuantas someterían su carne a un sufrimiento similar si estuvieran seguras de
que iban a alcanzar después lo que Él alcanzó. De hecho, muchos lo habían hecho: los santos y los
mártires.

De acuerdo, pero había una diferencia. Él era Dios; para Él era más bien una humillación, un
acto de sumisión. ¿Era Dios o solo el hijo terrenal de Dios en ese momento? Yo no conseguía
comprenderlo. ¿Entendió Él que todo eso obedecía a un propósito y que al final todo saldría bien,
o su condición de Dios había sido temporalmente eclipsada y solo vio el fracaso? «Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

Después del largo salmo con las profecías sobre las vestiduras y el reparto de la túnica, elclérigo se subió al púlpito y dijo que iba a dedicar un sermón corto a las últimas palabras que
Cristo había pronunciado en la cruz. Precisamente en lo que había estado pensando yo. Pero
resultó que había pronunciado más palabras de las que yo conocía. Empezó con «Tengo sed», que

demostraba, dijo el pastor, que Cristo había sufrido corporalmente tanto como sufriríamos
nosotros en su misma situación, nada menos, y que no le avergonzaba admitirlo, pedir ayuda y dar
a los pobres soldados una oportunidad para obtener la gracia, con la esponja empapada en

vinagre. «“Madre, he aquí a tu hijo.” “Hijo, he aquí a tu madre”», demostraba que sus últimas
palabras y casi sus últimos pensamientos habían sido para los demás, disponiendo que fueran un
consuelo el uno para el otro cuando Él se hubiera marchado (aunque nunca llegaba a marcharse).
Ni siquiera en la hora de Su agonía y pasión, olvidó las relaciones humanas, lo hermosas e

importantes que eran. «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» demostraba, por supuesto, su constante
preocupación por el pecador, el malhechor proscrito por la sociedad y colgado en la cruz de al
lado. «Oh, Dios, tú no aborreces nada de lo que has creado, y… no deseas la muerte del pecador
sino que se convierta de su mala conducta y viva…»

https://www.filecad.com/ebQ9/La-vida-de-las-mujeres—Alice-Munro.epub
https://www.filecad.com/inZc/La-vida-de-las-mujeres—Alice-Munro.pdf