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Las edades de Lulú (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Las edades de Lulú
Autores: Almudena Grandes
Editorial: Editorial Planeta, S.A.U.
Fecha: 04 mar 2019
Tamaño: 2.16MB
Idiomas: Español
Páginas: 289
ASIN: B00AEFHEU0
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Una historia de amor y de sexo que no se resigna a dejar de serlo. Sumida todavía en los temores de una infancia carente de afecto, Lulú, una niña de 15 años, sucumbe a la atracción que ejerce sobre ella un joven, amigo de la familia, a quien hasta entonces ella había deseado vagamente.

Después de esta primera experiecia, Lulú, niña eterna, alimenta durante años, en solitario, el fantasma de aquel hombre que acaba por aceptar el desafío de prolongar indefinidamente, en su peculiar relación sexual, el juego amoroso de la niñez. Crea para ella un mundo aparte, un universo privado donde el tiempo pierde valor.

Pero el sortilegio arriesgado de vivir fuera de la realidad se rompe bruscamente un día, cuando Lulú, ya con 30 años, se precipita, indefensa pero febrilmente, en el infierno de los deseos peligrosos.

Leer el primer capítulo:

No me daba miedo.

Nos agarramos del moño. Nos agarramos del moño, era divertido. El olía a
Opium. Yo no olía a nada, supongo, no uso nunca colonia.
Forcejeamos un buen rato, abrazados el uno al otro. Los espectadores le animaban
a que me matara, escuchaba sus gritos, gritos de odio, violentos, me llamaban de
todo, pero él no quería hacerme daño, me di cuenta de que no quería pegarme fuerte,

y abandoné la idea de soltarle una patada en los huevos. Al final, todo terminó en un
par de bofetadas.
Pablo nos separó. Estaba serio. Me agarró por los codos y me apretó contra sí,
para que no me moviera. Seguí pataleando un par de segundos, por inercia.

Entonces mi contendiente dijo algo, exactamente lo último que yo podía esperar,
pero es que entonces no sabía que coleccionaba frases de John Wayne. Le fascinaban
los sheriffs de las películas del oeste.

—Cuídala tío, tienes suerte, no es una mujer corriente.
Sus asombrosas palabras me tranquilizaron. Pablo se desenvolvía muy bien en
este tipo de situaciones, con este tipo de personajes.
—Eso ya lo sé —trataba de parecer sereno—.

Perdónanos, ha sido todo culpa
nuestra, pero es que ésta es como una niña pequeña, le gusta jugar a juegos crueles.
—Culpa vuestra desde luego, más que culpa, es una cabronada vamos, lo que
hacéis… —nos miraba con curiosidad, no parecía enfadado, el corrillo se disolvía ya,

decepcionado—. Me llamo Ely, con y griega.
Alargó la mano. Pablo la tomó, sonriendo, le había gustado lo de la y griega,

un error muy frecuente. La mayor parte de la gente que me había
conocido con Pablo pensaba que Lulú era un nombre reciente, que había sido él quien
me había bautizado así, nadie parecía dispuesto a creer que se tratara en realidad de
un diminutivo familiar, derivado de mi propio nombre, involuntariamente impuesto
en mi infancia.

Yo también le di la mano, y le pedí perdón. Era todo muy divertido.
Pablo le dijo que íbamos a cenar, en realidad esa noche habíamos salido a
celebrar uno de los infrecuentes pero generosos donativos espontáneos de mi suegro,

y le invitó a venir con nosotros. Dudó un momento, en realidad estaba trabajando,
dijo, pero al final aceptó.

Las edades de Lulu – Almudena Grandes.epub
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