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Pagaría por no verte (Pdf o Epub) (03)

Ficha

Título: Pagaría por no verte
Autores: Juan Sasturain
Serie: III de Detective Etchenique
Editorial: Ediciones Versátil
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 1.10MB
ASIN: B007KDBSM4
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Historia
Páginas: 215
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Se ambienta a principios de los ochenta. Tres brujas urden el telón de fondo: paranoia, arbitrariedad y demencia homicida. Etchenique se reencuentra con el pasado, con El Pájaro Saldívar, una vieja y sórdida relación. El tipo es hoy un próspero empresario bien conectado con la Curia y las Fuerzas Armadas.

Un cáncer lo está matando. Su yerno, un pelafustán con diploma universitario, contrata al investigador privado para confirmar que el socio de Saldívar maquina vaciar la fábrica de pinturas. Los asesinatos no tardan en sucederse. Algo oscuro, excesivo y penoso corroe el sentido de los hechos, la lógica de las relaciones. Por fortuna, Etchenique tiene un amigo fiel en la Policía Federal. Por fortuna, el curso principal de la trama no se aparta del ámbito privado.

Leer el primer capítulo:

Reitero: su testimonio fue asaz elocuente. Reconoció el selecto Volvo y firmó una
declaración en que habla de un hombre de talla mediana, que dejó el coche sin anteojos y lo retiró
antes de la media hora, de anteojos negros.
—No es nada, eso. ¿Reconoció a Peloso?
—Lo reconocerá.

—Sos un hijo de puta.
El joven agente Barilari frunció el entrecejo y Etchenike lo advirtió:
—¿Qué carajo le pasa ahora a tu alcahuete letrado?
Macías se volvió:
—¿Barilari?
—El tratamiento, señor…

—Rectifico —se animó el veterano—: son unos hijos de puta.
Esta vez Barilari se abstuvo de gesto alguno.
—No tenés nada —se ensañó Etchenike—. ¿Qué otro testigo?
—También me lo marcaste vos: el boga de al lado.
—Gómez Guiñazú… Si no vio nada, me dijiste.

—Sí que vio: vio y oyó. No quería declarar pero ahora aceptó —Macías sacó un block,
punteó con la birome—. Mañana a las once está citado a declarar. Somos prolijos, al menos en
este caso, que piden garantías, formalidades… No quiero problemas.
—¿Y si no va?
—Va a ir. Sabe que le conviene.
—No entiendo.

—El tipo, vos lo viste, es un tarado que anda poniendo la cara en los medios, presentando
hábeas corpus… Le tiene alergia a la policía, se hace el loco, pero no es boludo: sabe que con
nosotros puede hablar y hay ciertas garantías. Pero si lo suelto y se los marco a los que te dije, es
boleta.
—¿Se lo dijiste así?
—Sí. Y entendió. Como vos tendrías que entender.
—¿Como yo?
El inspector se puso de repente didáctico:
—¿Qué pasó esta noche, Julio?
—Me cagaron a trompadas.
—¿Y por qué?

—No me vas a convencer de que me hice pegar… Soy grande.
—Ellos llegan hasta ustedes por el episodio anterior, cuando espiaban a Peratta.
—Por el gallego y el otro idiota…
—Eso es lo de menos. A estos tipos les pagan para pensar mal, Julio.
—No entiendo.

—Sí que entendés. Para ellos, todo el que espía es un presunto subversivo. Pero no son
idiotas, aunque se dediquen a disimularlo. Por eso les pagan, para pensar mal. Por los resultados
que consigan pensando mal. Y saben que ustedes pueden ser cualquier cosa y estar en cualquiera,
pero no en la pesada… No les sirven. Pegan un par de ladridos, se cruzan un par de piñas; en el
fondo, entrenan con ustedes.—Suena feo.
—Pero es así: juegan, van y vienen a las trompadas con los dos boludos que te secundan. Se
cascan, se citan, se mojan la oreja. Hasta que lo matan a Peratta.
—La segunda boludez.
—¿Qué?

—Lo que esgrimieron como excusa Mendoza y Garay.
—Claro. Mendoza y Garay, como vos les decís, ven que ahí puede haber algo, que esos
boludos (por ustedes) por ahí tienen algo que ver y sólo es cuestión, como siempre, de pensar mal,
de buscar cómo dejarlos pegados. Y entonces es cuando descubren la denuncia de Peratta
dormida.
—Ellos.
—No, más arriba.
—Y te aprietan.
Macías se demoró un par de segundos:

—A mí nadie me aprieta. Pero me piden explicaciones, con razón. Peratta tenía muchos
contactos con ellos. ¿Para quién lo espiaba este amigo tuyo que protegiste?, me dicen. No será un
idiota útil de los subversivos, ¿no? Idiota, sí; útil, no estoy seguro, les digo.
El agente Barilari no pudo evitar su tercera sonrisa de la noche.
Etchenike lo miró con fastidio y Macías siguió la mirada del veterano, se volvió:
—¿Qué pasa, Barilari?

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