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Tiempo de silencio (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Tiempo de silencio
Autores: Luis Martín-Santos
Editorial: Ediciones Alféizar
Fecha: 03 feb 2020
Tamaño: 1.54MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Historia
Páginas: 356
ISBN-13: 978-8420521848
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

El protagonista de la novela es Pedro, un joven médico investigador en Madrid a finales de la década de los 40. La paupérrima situación económica y social impiden el avance de las investigaciones sobre el cáncer que realiza en una cepa de ratones. Estos ratones habían sido traídos desde Estados Unidos y no se había podido mantener un ritmo de reproducción superior al de su muerte.

Su ayudante en el laboratorio, Amador, había regalado meses antes algunos ejemplares a un pariente suyo, el Muecas. Este ha logrado criar estos ratones en su chabola con ayuda de sus hijas. Pedro y Amador acuden a esa chabola para recomprar algunos de esos ratones y poder continuar con las investigaciones. Tras esa visita Pedro entra en contacto con los bajos fondos de Madrid y el Muecas acude a él en su condición de médico cuando su hija mayor,

Florita, se desangra debido a un aborto que le ha practicado en casa su padre. La chica muere cuando Pedro, que no ejerce la medicina, intenta salvarla. El protagonista se encuentra entonces perseguido por la policía, que acaba por detenerle y solo le libera cuando la esposa del Muecas explica lo ocurrido. Lo interesante de Tiempo de silencio no es su trama, que entronca con otras novelas de corte realista —especialmente con Baroja y su trilogía La lucha por la vida—,

sino la forma de narrar. Martín-Santos se alejó de un estilo propio de la época, sencillo y árido, para armar un libro de resonancias clásicas, con un lenguaje cultivado y complejo, de prolijas descripciones, excursos culteranistas y diálogos empapados de clasicismo. Huelga decir que es una novela difícil en tanto al lenguaje se refiere, si bien la historia que se cuenta es tan sencilla (en su desarrollo narrativo, no en otros planos) como directa.

Leer el primer capítulo:

Pedro se hunde sin poder apenas distinguir lo que es cuerpo de lo que es tibieza
acogedora. Pero la conciencia de la mujer (siempre vigilante, aun en la hora de la
violación en la alta madrugada a manos de un borracho irresoluto) le hiere exigiendo
contestación a la pregunta esencial y previa:
—¿Me quieres?

«Te quiero.» «Te quiero.» «Te quiero.» «Te quiero.» «Te quiero», siente Pedro
que va su boca pronunciando, prometiendo, deslizando mientras que lejos de sí
mismo y lejos de ella, desde algún resquicio lúcido del espíritu, contempla lejanas,
abandonados, solos o automáticos, no poseídos por él sino por algún demonio, los:
dos cuerpos que se estremecen íncubo-sucubinalmente tan lejanos, tan ajenos y
perdidos sin que no por eso el placer más violento al hombre concedido no irradie y
no le queme, a través de la distancia, allí mismo donde se refugia, en el pequeño
espacio donde lo más libre de su espíritu se defiende todavía un momento para
entregar luego —como una hostia a un perro negro— inevitablemente la libertad y
caer rendido.

Y hasta del vacío largo en que se sumerge y flota y se hunde de nuevo buscando
el fondo de un sueño que no llega. «Tienes que irte», le despierta inexorable,
devolviéndole a la náusea del coñac que le llena toda la boca de una baba salada. Pero
aún debe interrogarle. Le pone los dos brazos calientes sobre la nuca, lo besa, exige:
—¿Me querrás siempre?

«Siempre.» «Siempre.» «Siempre.» «Siempre», mientras se va bamboleando
hacia la oscuridad del pasillo lleno de objetos familiares y de los olores que se
derraman por las puertas entreabiertas de las alcobas donde los cuerpos sin gloria de
los ancianos siguen expeliendo el aire respirado a intervalos regulares.

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