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Un recuerdo navideño (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Un recuerdo navideño
Autores: Truman Capote
Editorial: Ediciones Alféizar
Fecha: 28 dic 2019
ISBN-10: 0812978913
Tamaño: 0.50MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Historia
Páginas: 234
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

«Y esa es la razón por la que, al atravesar el campus sigo mirando al cielo como si esperara ver, como si fueran corazones, dos cometas perdidas elevándose en el firmamento»

No hay una Navidad en la que no regrese, de la mano de Truman Capote, al sur de los Estados Unidos, a Alabama, para volver a disfrutar de este relato corto tan lleno de sentimiento y honestidad. Se lo comentaba a @MientrasLeo, en su blog, en la entrada en la que nos presentaba el Cuento de Navidad de Charles Dickens como uno de los clásicos imprescindibles de temporada.

No sé si será porque esta época nos toca de lleno la sensibilidad; pasamos más tiempo con la familia recordando momentos compartidos en la niñez, pensando en los que ya no están, tomando conciencia del inexorable paso del tiempo marcado por el final del año… Por estos y por otros motivos una lectura acorde con los sentimientos se convierte en un rito más, que se repite, que se espera y que forma parte de la tradición. Por esto cada año acudo a la cita con un tomo ya muy gastado que contiene el genial relato Un recuerdo navideño, de Truman Capote.

Leer el primer capítulo:

La persona con la que habla soy yo. Tengo siete años; ella, sesenta y tantos. Somos primos, muy
lejanos, y hemos vivido juntos, bueno, desde que recuerdo. En la casa también viven otras
personas, parientes; y aunque tienen poder sobre nosotros y nos hacen llorar frecuentemente,

en general, apenas tenemos en cuenta su existencia. Los dos somos el mejor amigo del otro. Ella
me llama Buddy, en recuerdo de un chico que había sido su mejor amigo, hace ya mucho tiempo.
El otro Buddy murió de pequeño, en los años ochenta del siglo pasado. Ella sigue siendo
pequeña.

-Lo sabía antes de levantarme de la cama -dice, volviéndole la espalda a la ventana y con una
mirada de excitación determinada-. La campana del patio sonaba fría y clarísima. Y
no cantaba ningún pájaro; se han ido a tierras más cálidas, ya lo creo que sí. Mira, Buddy, deja de
comer galletas y ve por nuestro carricoche. Ayúdame a buscar el sombrero. Tenemos que preparar
treinta tartas.

Siempre ocurre lo mismo: llega cierta mañana de noviembre, y mi amiga, como sioficialmente inaugurase esa temporada navideña anual que le dispara la imaginación y reaviva el
fuego de su corazón, anuncia:
-¡Ya es hora de preparar las tartas! Ve por nuestro carricoche. Ayúdame a buscar el sombrero.
Y aparece el sombrero, que es de paja, bajo de copa y muy ancho de ala, y con un atado de rosas
de terciopelo marchitadas por la intemperie: antiguamente era de una parienta que vestía muy a la
moda. Guiamos juntos el carricoche, un destartalado cochecito de niño, por el jardín, camino de la
arboleda de pacanas. El cochecito es mío; es decir que lo compraron para mí cuando nací.

Es de
mimbre, y está bastante destrenzado, y sus ruedas se mueven como las piernas de un borracho.
Pero es un objeto fiel; en primavera lo llevamos al bosque para llenarlo de flores, hierbas y
helechos para las macetas de la entrada; en verano, amontonamos
en él toda la parafernalia de las meriendas campestres, junto con las cañas de pescar, y

bajamos hasta la orilla de algún riachuelo; en invierno también tiene algunas funciones: es la
camioneta en la que trasladamos la leña desde el patio hasta la chimenea, y le sirve de cálida
cama a Queenie, nuestra pequeña terrier anaranjada y blanca, un pachorriento animal que ha
sobrevivido a mucho malhumor y a dos mordeduras de serpiente de cascabel. En este momento
Queenie anda trotando detrás del carricoche.

Al cabo de tres horas nos encontramos de nuevo en la cocina, descascarando una carga de
pacanas que el viento ha hecho caer de los árboles. Nos duele la espalda de tanto agacharnos a
recogerlas: ¡qué difíciles han sido de encontrar (pues la parte principal de la cosecha se la han
llevado, después de sacudir los árboles, los dueños de la arboleda, que no somos nosotros) bajo
las hojas que las ocultaban, entre los pastos engañosos y helados!

¡caaracrac! Un alegre crujido, fragmentos de truenos en miniatura que resuenan al partir las
cáscaras mientras en la jarra de leche sigue creciendo el dorado montón de dulce y aceitosa 2
Librodot
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Un recuerdo navideño
Truman Capote
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fruta marfileña. Queenie comienza a relamerse, y de vez en cuando mi amiga le da furtivamente un
pedacito, pese a que insiste en que ni siquiera nosotros las probemos.
-No debemos hacerlo, Buddy. Si empezamos, no habrá quien nos pare. Y no tenemos suficientes,
ni siquiera con las que hay. Son treinta tartas.
La cocina va oscureciéndose. El crepúsculo transforma la ventana en un espejo: nuestros reflejosse mezclan con la luna ascendente mientras seguimos trabajando junto al hogar y a la luz de la
chimenea. Por fin, cuando la luna ya está muy alta, echamos las últimas cáscaras al fuego
suspirando al unísono, observando cómo van encendiéndose. El carricoche está vacío; la
jarra, llena hasta el borde.

Un rcurdo navidño – truman.epub
Un rcurdo navidño – truman.pdf

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