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Ver (Pdf o Epub) – (02)

Ficha

Título: Ver
Autores: Javier de Frutos
Serie: II de Que Dios nos coja confesados
Editorial: Books Factory
Fecha: 16 ene 2020
Tamaño: 3.92MB
Idiomas: Español
ASIN: B07N979ZL3
Literatura: Libros de Historia
Páginas: 378
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

LA REALIDAD ES COMO UN ICEBERG:
DURA, ESCALOFRIANTE
Y, EN SU MAYOR PARTE, OCULTA.

Finales de septiembre de 2014 (Canadá). La agente en formación del programa ViCLAS (Sistema de vinculación de delitos violentos) de la Policía Montada del Canadá, Shania Roy, se encuentra inmersa en la investigación del inquietante caso del «Estrangulador de las Bellas Durmientes», un criminal que ataca a sus víctimas hasta llevarlas al borde de la muerte y dejarlas en coma.

¿Y si la forma de descubrir al criminal
y conocer los motivos por los que actúa
fueran más importantes que atraparlo?

Gracias a la información obtenida de la Policía Montada del Canadá sobre los programas de análisis de crímenes violentos, al material desclasificado de la CIA sobre programas secretos (Proyecto Stargate) e investigaciones científicas del más alto nivel (Universidad de Stanford e Instituto Max Planck), VER nos permite sumergirnos en esa parte de la realidad que, a pesar de ser desconocida, no deja de ser cierta.

¿DÓNDE ESTÁ EL LÍMITE PARA
CONSEGUIR LO QUE SE QUIERE?

Leer el primer capítulo:

Horas después, despertó confundido. Al levantarse, comprobó que se había quedado frío
mientras dormía y tenía todo el cuerpo dolorido. Ni un solo ruido se escuchaba a su alrededor.
Todo en un silencio apabullante que hizo patente aquella sensación de vacío que en más de una
ocasión le había comentado Lola que ella sentía cuando era él el que no estaba. Hasta ese

momento, deambulando por la casa, no se había hecho a la idea de lo vacía que la sentía. Lo
grande que podía parecer cuando nadie más la habitaba. El viejo capitán Spock había
desaparecido el mismo día del ataque a Lola. La casa parecía desierta sin los dos. Aún más fría.
Allan se sentía como si estuviese visitando una casa ajena que le enseñasen para valorar su

compra —tal vez no tardaría en ser él quien acabara por ponerla a la venta—, viendo muebles sin
vida que debería de hacer propios sin serlo.
Salió de la cocina y, como un viejo tranvía unido a la catenaria, subió las escaleras
pesadamente, deslizando su mano por la barandilla que había empezado a acumular polvo.

Desde
el día del asalto a Lola no había podido volver a dormir en la cama de los dos. Hacía semanas
que sobrevivía con lo que encontraba en el neceser de viaje, aseándose en el cuarto de baño de la
planta baja y con la ropa que se había negado a recolocar dentro del armario, y que un día tras
otro iba sacando de su maleta cada vez que salía de casa para ir al hospital.

Distraído, se sorprendió de pie en el recibidor de la planta principal frente al estudio degrabación de Lola. Sin saber cómo, sus pasos habían recorrido un camino que tal vez nunca se
hubiera decidido a tomar de manera consciente. Siempre había respetado aquel pequeño reducto
en el que Lola trabajaba, como respetaba también lo que allí hacía, aunque no lo entendiera.
Antes de abrir la puerta, en un acto instintivo miró el luminoso; el texto ON AIR que ella
instalase seguía apagado como cuando no estaba grabando y podía ser molestada.
Reconocía que aquello de Youtube le resultaba sorprendente.

A él le había llegado demasiado tarde, era demasiado viejo para entender que desde una
habitación con un ordenador portátil conectado a una cámara, alguien pudiera ganarse la vida.
Pero, más aún, que se la pudiera ganar tan bien como lo hacía ella. Lola había intentado

explicárselo miles de veces, pero al final siempre desistía; él era incapaz de entender su decisión
de preferir seguir ocupándose de su canal y de su web, en vez de intentar desarrollar una carrera
profesional a través de alguna de las propuestas de colaboración que le habían ofrecido ya varias
televisiones locales.

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