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Zapatitos mojados (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Zapatitos Mojados
Autores: Antonio Sánchez Cozar
Editorial: Independently published
Fecha: 31 dic 2019
ASIN: B082R8GXR4
Tamaño: 0.85MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Historia
Páginas: 267
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Cuando nacemos, un mundo nuevo se abre ante nosotros; desconcertados por los olores que percibimos que inundan nuestros sentidos, por las caricias recibidas por toda esa gente que ya nos quiere sin apenas conocernos.
Cuando tenemos hambre o necesitamos que nos cambien los pañales, lloramos, y sonreímos soñando, posiblemente, con nuestra madre; sintiendo sus besos y oyendo palabras bonitas que nuestro conocimiento no entiende todavía, pero sabiendo que, en nuestro interior, ese sonido nos hace sonreír. Es un sonido de amor. Posiblemente, en eso seamos todos iguales.

Pero esos seres inocentes crecen, y el tiempo y las vicisitudes los transforman haciéndoles perder la inocencia y obligándolos a adaptarse al entorno que les ha tocado vivir, intentando parecerse a sus mayores para ser iguales a todos ellos. El amor que nace impregnado en nuestro ser, por desgracia, en muchas ocasiones se ve abocado a transformarse en egoísmo, haciendo que una sola persona pueda llegar a decidir el destino de millones sin preocuparle las vidas que queden por el camino.

En este relato, la locura de un solo hombre abocará a toda una nación a huir de su hogar en busca de una oportunidad para sobrevivir. Dos familias se encontrarán uniéndose para poder escapar del genocidio y la destrucción de todo lo que hasta el momento fue su mundo.

Leer el primer capítulo:

Me tapaba la cabeza esperando que no me llamara: «Por favor, que no me llame; por favor,
que no me llame», pero ese momento siempre llegaba, día tras día, hasta llegar el fin de semana.
—Tomi, cariño, es hora de levantarse. —Mi madre, como siempre, bostezando y con el pelo un

poco revolucionado, me despertaba dulcemente. Y, a continuación, yo siempre le decía lo mismo:
—¡Por favor, mamá, cinco minutos más! —Sabía que me diría que no, pero debía intentarlo. Y
casi siempre conseguía dormir esos cinco minutos, mamá me los regalaba.
—Ni uno más, cariño, o llegareis tarde.

—Sí, mamá. —La verdad es que ese tiempo no te soluciona nada, pero, aun así, se convirtió en
una costumbre para mí, ya que estudiaba hasta tarde y me faltaban horas de sueño.
—Tomi, hijo, ya han pasado los cinco minutos… Levanta y ayúdame con tus hermanas.
Ya no me quedaba más remedio que asomar los pies por la cama.

Fui al dormitorio de las
pequeñas, debía despertarlas como cada día de colegio. Abrí la puerta medio entornada y me
acerqué lentamente a Desi. Era la mayor de las dos. Por entonces tenía siete años. Tenía el pelo
negro, liso y a la altura de los hombros, y unos ojos azules como el cielo: era la niña más guapa de
siete años de todo el mundo. Recuerdo la mirada tímida y profunda. Y luego estaba Ana, mi

pequeña Ana. Con su pelo rubio y rizado, y los ojos almendrados y negros como el carbón más
puro. Tenía tan solo cinco años. Yo soy una mezcla entre ambas, con los ojos azules de Desi y el
pelo de Ana. Por suerte, soy el mayor de los tres. Ya cerca del oído de Desi y en voz baja, dije:
—Cariño, es hora de levantarse, tenemos que ir al cole.

Abrió los ojos lentamente, me miró sonriendo y, medio dormida y estirando el brazo hasta mi
cara, entonces me empezó a acariciar con sus deditos. No esperaba algo así.
—¡Hoy no me apetece ir al cole, Tomi! —Al momento, se puso muy seria y, haciendo una
mueca con los labios, dijo—: ¡Dile a mamá que no voy! —Al constatar su negativa a levantarse,

levanté las manos y se las puse sobre los hombros. Y mirándola seriamente, le dije:
—Desi, si no te levantas, le diré a mamá que venga ella a decírtelo, y ya sabes qué hace para
levantarte. —Su expresión cambió por completo, al igual que su rapidez en apartar el edredón y
sacar los pies por el borde de la cama.

—¡No, no, ya me levanto, Tomi! —Siempre daba resultado, cuando mi madre se enfadaba era
mejor salir corriendo. Cuando se sentó en la cama, le dije:
—Llama a tu hermana, e id al baño a lavaros la cara. —Me aseguré de que despertara a Ana, o
no llegaría yo a la taza del váter. Cuando acabé fui a ver qué hacían, pues la liaban a menudo. Me
acerqué al otro baño y toqué a la puerta, pero sin llegar a abrir la.

—Desi, Ana, daos prisa o llegaremos tarde. —Algo me alarmó, no hacían ningún tipo de ruido
y eso no era bueno, ¿qué pasaba? Estaban demasiado calladas y decidí entrar. Siempre utilizaban
el mismo baño, de hecho, iban una con la otra a todas partes—. ¡Voy a entrar! —Ahí estaban las
dos, cuando miré una de las paredes, me sorprendió lo que estaba viendo—. Pero ¿qué has hecho,
Ana! —exclamé.

Zapatitos Mojados – Antonio Sanchez Cozar.epub
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