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El sueño de Orión (Pdf o Epub)

Ficha

Título: El sueño de Orión
Autores: Begoña Ameztoy
Editorial: 13insurgentes
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 1.01MB
ISBN-10: 8498774381
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Terror
Páginas: 256
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Tras una inusual entrevista de trabajo, Olga es contratada por Víctor Motta para viajar a Berlín y traducir un manuscrito copto. Pero las peculiares circunstancias que envuelven esta tarea no son más que el principio de una cadena de extraordinarias vicisitudes, tanto por la naturaleza del manuscrito,

que parece custodiar un mensaje intemporal sobre el destino del ser humano, como por la personalidad de Victor Motta, que a partir de ese momento quedará vinculado al destino de la propia Olga. Secretos ancestrales y el enigma no menos insondable del ser humano —como especie y como individuo— se entremezclan en esta nueva y cautivadora novela de Begoña Ameztoy.

Leer el primer capítulo:

Regina se volvió al escuchar el sonido del pesado encendedor de plata.
—¡Deja ya de fumar! Me pones nerviosa —exclamó dirigiéndose a su hermana.
—Estás insoportable —respondió Gaby impasible derrumbándose en un sillón.

—No entiendo por qué no viene. Es raro —Regina comenzó a pasear por la enorme biblioteca
—, hace una hora que ha salido del despacho.
—Mejor si fumaras tú en lugar de comerte el coco de esa manera.
—¿De qué manera? ¿Eh? ¿A ver… Qué quieres decirme? —se cuadró frente a ella frunciendo
los labios.

—Nada, que estás histérica. Hace días que no se te puede decir nada —se irguió levemente—.
¿De qué tienes miedo? —preguntó—. Somos las únicas herederas.
Regina respiró profundamente.
—Es un momento delicado, Gabriela.
—Debe serlo. Hacía años que no me llamabas Gabriela.
Regina se frotó los brazos.

—Hace frío en esta casa, ¿no?
Gaby seguía fumando con indolencia, como si quisiera tranquilizarla con su actitud.
—No hace frío, estás nerviosa.
—¡¿Cómo quieres que esté?! ¿Cómo tú? ¡Entérate que si nos falla esto nos quedamos en la
puta ruina!

Gaby se adelantó en el asiento con gesto ofendido.
—Querrás decir si nos falla Germán, ¿no? —apagó el cigarrillo compulsivamente—. ¿Sabes
lo que pienso, verdad? No tenías que haberle dado ese poder para actuar. ¡Estamos en sus manos!
—¡Cállate! Lo tengo todo controlado.
—Eso es lo que tú te crees.
Regina se detuvo frente a ella con mirada amenazante.
—Dime ahora mismo lo que estás insinuando.
Gaby se replegó de nuevo en su asiento.
—¡Déjame en paz!

—¡Qué me digas lo que estás insinuando! —repitió Regina deletreando cada sílaba.
Gabriela levantó el rostro hacia ella.—No me asustas. Ya sabes tú a qué me refiero.
Inesperadamente, Regina la agarró por los hombros y comenzó a zarandearla.
—¡Dime a qué te refieres!

—¡Suéltame, imbécil! —gritó Gabriela, poniéndose en pie—. ¡Sabes mejor que yo que
Germán Uriel es un hijo de puta y te la juega con cualquiera!
—¡Mentira! —gritó Regina fuera de sí.
—¡A mí hace dos días intentó seducirme! ¡Qué lo sepas!
—¡No es verdad! —gritó Regina.

—¿Qué no es verdad? ¡Pregúntale a Berta, que lo vio todo!
—¡Seguro que tú le provocaste! ¡Zorra! ¡Eso es lo que eres!
—¿Por qué no llamas a Berta y le preguntas, eh? ¿A que no le preguntas?
Con paso rápido Regina se acercó al timbre junto a la puerta y lo presionó. Después, sin
volverse a mirar a su hermana, se arregló el pelo frente al espejo de la chimenea. De nuevo
respiró profundamente y esperó.

Después de unos suaves nudillos, Berta apareció en el umbral.
—Señorita Regina —anunció con gesto solemne— ha llegado el señorito Germán.
Las dos hermanas se miraron.

—¡Que pase ahora mismo! —exclamó Regina.
—¡¿Cuándo ha llegado?! —preguntó Gabriela al mismo tiempo.
—Hace unos minutos… Pero como ustedes estaban… —se detuvo un momento sin saber cómo
seguir.
—¡No me interesa tu comentario Berta! ¡Dile que pase! —repitió Regina. Esa era su manera
de zanjar todas las dudas.
Después se volvió hacia su hermana—. Espero que no digas ninguna estupidez.
—Señorita— insistió Berta desde la puerta.
—¿Qué quieres? —gritó Regina.

—Cuando llegue la señorita Olga, ¿le aviso, verdad?
Gabriela sonrió irónicamente.
—¡Qué emocionante! Se van juntar el príncipe y la cenicienta. Seguro que le prueba el
zapatito.
—Eres una subnormal, Gabriela, y tú Berta —añadió dirigiéndose a la criada—, ¡pues claro
que me tienes que avisar o tengo que repetirlo todo cien veces en esta casa!
Berta desapareció cerrando la puerta.
—No debes tratarla así —dijo Gabriela con el mismo aire burlón— casi te han salido gratis
los favores que te ha hecho.

—Vaya favores de mierda. No ha conseguido ninguna información.
—Entonces no entiendo lo de Canogar.
—¡Olvídate de Canogar! Estamos buscando lo que estamos buscando. Canogar ha sufrido un
infarto, y punto.

La puerta se abrió de nuevo y Germán Uriel apareció detrás de la criada.
Regina se acercó para besarle.
—Germán, querido, cuánto has tardado en llegar. Necesitaba verte.
Gabriela ahogó una carcajada inspirando con fuerza el humo de su cigarrillo.—Hola —respondió Germán con gesto displicente— a ver —añadió colocando un maletín
negro sobre la mesa— tenemos algunos ajustes que tratar.

—¿Por qué te has retrasado? ¿Ha ocurrido algo? —insistió Regina.
—Sí. Acércate por favor, Gaby —dijo Germán dirigiéndose a ella.
Se sentaron los tres alrededor de la mesa central de la biblioteca. Germán extrajo del maletín
un grueso dossier. Parecía nervioso. Me ha llamado mi contacto en Berlín. Tengo que ir
urgentemente.

Aqui abajo les dejare los enlaces directos para su descarga gratis:

El sueno de Orion – Begona Ameztoy.epub
El sueno de Orion – Begona Ameztoy.pdf