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La musa intrusa (Pdf o Epub)

Ficha

Título: La musa intrusa
Autores: Gonzalo Suárez
Editorial: 13insurgentes
Fecha: 29 dic 2019
Tamaño: 0.95MB
Idiomas: Español
ISBN/ASIN: 9788439735823
Literatura: Libros de Terror
Páginas: 278
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

Reflexiones biográficas y ficticias de un cineasta mítico.

Tras unos años de silencio, el gran Gonzalo Suárez nos entrega otra de sus memorables obras, un libro donde confluyen una serie de textos de corte autobiográfico que conforman una suerte de retrato del mítico cineasta y escritor, y una nouvelle, esta vez sí de pura ficción, que nos propone una relectura de la tragedia de Hamlet en la que sobrevuela la duda de si los personajes podrán cambiar sus destinos, dictados cientos de años atrás.

«La víctima siempre vuelve al lugar del crimen», afirma el autor. Pero en La musa intrusa es el propio Suárez quien regresa al lugar de un asesinato donde el adulterio y el incesto confluyen con el poder de la ambición, el deseo de venganza y un amor que sobrevive a la muerte.

En este libro, la vida y los sueños, las reflexiones y los más íntimos recuerdos, transitan a través de anécdotas autobiográficas, no exentasde humor, antes de que la más intrusa de las musas nos abra las puertas de una historia inmortal.

Leer el primer capítulo:

La noche del 4 al 5 de agosto de 2015, soñé que estaba en un paraje de falsas rocas. Un decorado
de cartón piedra donde los que entraban se perdían. Producía angustia, aunque se supusiera que
sólo se trataba de una atracción de feria. Algunos gritaban. Yo estaba cada vez más inquieto
porque andaba y no encontraba la salida. De pronto, comprendía que era el decorado, y no yo, lo
que se movía dándome la sensación de que avanzaba sin saber hacia dónde. Al día siguiente, me
sorprendía estar en casa entre muebles y paredes de mi entorno familiar, ¿acaso el sueño es sólo
un cambio de decorado?

Mañana cumpliré sesenta y siete años y, de repente, hoy cumplo ochenta y cuatro. Hace sol en la
playa y tormenta en la montaña. Pongo el reloj a las 5.20. Retumba el trueno. Las hojas se mecen
bajo la lluvia. Apago las luces y cierro los ojos. Somos un rumor que surca la memoria. Cuando
voy y vuelvo, ¿dónde queda el camino? Acostúmbrate a morir en cada instante, me digo, puesto
que cada instante mata, y deslízate por el tiempo como un niño por un tobogán. O deja que las
huellas precedan a los pasos y la palabra al pensamiento.

La noche del 30 de agosto de 2014, a los ocho años de edad, mi nieto Gonzalo tuvo un sueño
que podía equipararse a los terroríficos cuentos infantiles de antaño. Así me lo contó:
–Había invitado a un amigo y, como nos acabábamos de mudar, mi amigo tenía mucha

curiosidad por conocer mi nueva casa. Se puso a abrir cajones hasta que uno lo absorbió y lo
transportó al mundo de los muertos. Como teníamos el poder de teletransportarnos, regresó al
mundo de los vivos y me dijo que era muy divertido el mundo de los muertos, y me pidió que fuera
con él. Entonces, me armé de valor y, utilizándolo como guía, entré en el cajón. Después de varias

horas en el mundo de los muertos, pregunté a mi amigo cómo se volvía a casa. Y me dijo que nos
teletransportásemos…
–¿Y cómo era el mundo de los muertos? –le pregunté.
–Mejor no describirlo, sobre todo la parte del diablo –respondió.
–¿Cómo era el diablo?

–Grande y negro, ojos rojos, voz de ultratumba.
–¿Y os teletransportasteis?–Lo intentamos, pero no funcionaba… Nos vimos atrapados. Después de medio mes al otro

lado, nos encontramos con un viejo sabio que podía ir al mundo de los vivos cuando quisiera. Le
pedimos que abriera el cajón por donde habíamos entrado. Lo abrió y, cuando estábamos saliendo,
el diablo nos cogió por los pies y nos volvió a meter.

–¿Y qué pasó?
–Después de otro medio mes, pedimos ayuda a Dios, que era una chica…
–¿Guapa?
–No le vimos la cara, era muy alta. Nos dijo que abriría el portal general. Pero más tarde,
cuando el diablo estuviera dormido. Y cuando el diablo se durmió, ella nos lo abrió. Y volvimos a
casa con mi bisabuela, Pauline, a la que había encontrado en el mundo de los muertos…
Su bisabuela, Pauline, madre de Hélène, había muerto el 30 de julio de 2010 en un hospital de
las afueras de París, ¡oh, sarcasmo!, llamado Plaisir. En sus últimos días, la recluyeron en una

zona de tratamientos paliativos donde, como zombis, merodeaban por los pasillos pacientes con
alzhéimer. A veces, entraban en su habitación y la miraban desde un cuerpo a la deriva
emancipado para siempre de la memoria.
Pauline era una mujer de fuerte carácter y mucho sentido del humor. La noticia de su muerte, a
los noventa y seis años, había impresionado mucho a mi nieto. Intenté infundirle ánimos y valor.
–Pero yo tengo miedo –respondió.

Le dije que el valor consistía precisamente en tener miedo y superarlo. No le convenció. Me
vinieron a la mente, entonces, las últimas palabras de Pauline en su agonía: «Tengo miedo de tener
miedo». Por supuesto, eso no era algo que pudiera tranquilizar a un niño. Aunque yo considerara
esta confesión como un fidedigno testimonio de verdadero valor. Le dije entonces que todos

habíamos estado muertos muchos siglos antes de nacer y que no recordábamos nada malo. Eso le
tranquilizó. A mí no tanto. Porque ¿quién o qué puede estar encerrado en ese cajón del que es tan
difícil salir? ¿Un diablo grande y negro de ojos rojos? ¿Una chica alta cuya cara nadie alcanza a
ver? ¿O unos calcetines y un par de zapatos?

La musa intrusa – Gonzalo Suarez.epub
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