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La piedra de siete ojos (Pdf o Epub) (01)

Ficha

Título: La piedra de siete ojos
Autores: Miriam Conde
Editorial: BOOKET
Fecha: 01 ene 2020
ASIN: B01NAGZH02
Tamaño: 1.16MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Terror
Páginas: 267
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

LA PIEDRA DE SIETE OJOS relata la historia del más sensacional hallazgo arqueológico de los últimos tiempos, el candelabro de siete brazos del Templo de Jerusalén, la Menorah de oro descrita en la Biblia.
La aventura comienza en la Roma imperial del siglo IV, a punto de sucumbir a la invasión bárbara. El candelabro, llevado allí por el general Tito tras la conquista de Jerusalén, comenzará un nuevo viaje que lo conduce a la península ibérica.

Pasan los años y es olvidado, hasta ser descubierto en el siglo XIV por el tesorero del rey Alfonso XI de Castilla, Micer Jucef, de origen judío.
Un descendiente del tesorero, un médico llamado Ben Leví, lo reencuentra en Valladolid, en el incierto año de 1492. Perseguido por una fanática hermandad se verá obligado a esconderlo de nuevo. Tras la expulsión de los judíos de Castilla y Aragón, se pierde toda noticia de la sagrada reliquia…
Amelia Galván, una joven arqueóloga, ve interrumpidas sus vacaciones por la súbita muerte de su inquilino. Entre los objetos del muerto encuentra unas fotos con un extraño grabado, que hacen que comience a investigar.

Se suceden así una serie de descubrimientos señalados por la piedra de siete ojos. Pistas halladas por internet, arcanos de la Cábala y pergaminos con textos secretos nos conducen por las rutas de la antigua mesta a distintas capitales del reino de Castilla.
En esos mágicos lugares, Amelia, junto con sus colaboradores, va encontrando nuevos fragmentos del enigmático rompecabezas, hasta llegar a un final sorprendente.

Leer el primer capítulo:

Las vacaciones de Navidad pasaron sin pena ni gloria. Lo único relevante fue una larga
charla con mi padre, aunque el entorno no fuera el más apropiado: en mitad del cotillón de Año
Nuevo, acompañando a mis padres a una de las fiestas que se celebraban en un hotel de la ciudad.
Observaba de pie el jolgorio, con una copa de champán en la mano, pensando que no

merecía la pena el frío que soportaba con mi vestido de noche, con toda la espalda al descubierto,
a la vista de los pobres resultados. En el fondo, no me importaba mucho, pues mi corazoncito
permanecía templado al pensar en Álvaro, pobre, pasando las fiestas en el hospital. Estaba
acabando de enviarle «¡Feliz Año Nuevo!» con el móvil, cuando se me acercó mi padre.
―Amelia, cariño, estás aquí. ¿No bailas?

―Pues, papá, el único chico que se me ha acercado ha sido Alejandro, el novio de mi
amiga Paula, para darme una palmadita en la espalda porque me he atragantado con las uvas. Pero
no te preocupes, que estoy viva ―dije sonriendo.
―Hija ―me dijo mi padre―, te estoy notando un poco triste. ¿Va todo bien?
―Mira, papá, voy a contarte algo. Son dos cosas, en realidad, pero no se lo digas a mamá,
¿vale? Se pondría pesadísima y no quiero que me dé la lata.
Me dio su palabra, así que le hablé de mi incipiente relación con Álvaro y me escuchó sin
preguntas.―¿Y la segunda parte?

Le expliqué, ya más animada, el descubrimiento de las catacumbas de Santa Olalla, en San
Esteban de Gormaz. Como a esas alturas ya no podía contenerme, le conté lo de mis hallazgos y
que mi jefe había cortado mi entusiasmo de raíz. Se mantuvo en silencio durante unos instantes.
―¡Ay, Amelia, qué adulta te has hecho! Tienes que luchar tus propias batallas. ¿No te irás

a rendir ahora, verdad? ―me dijo con un abrazo. En ese momento nos interrumpió mi madre.
―¡Ah!, estabas aquí, te andaba buscando. Ven, que te voy a presentar a un chico.
Más aliviada por la confesión, no opuse resistencia alguna. Mi madre me condujo a la
mitad de la pista y me abandonó allí, junto al hijo de una conocida. Resultó ser un tipo agradable.
Nos reímos mucho y bailamos toda la noche.

Una vez de vuelta a la rutina del trabajo, fueron pasando los días. Me encontraba cada vez
más molesta con Álvaro porque hablábamos muy poco. No entendía su tardanza en volver a Soria.
¿Qué pasaba con su trabajo? Me dijo que estaba consumiendo las vacaciones que le quedaban, y
que me hiciera cargo, que era un tío muy querido, el único hermano de su madre, y tenía un cáncer
terminal, pero que la enfermedad se alargaba. No podía objetar nada a eso.

Le arranqué su palabra
de que me llamaría más a menudo, y tengo que dar fe de que la cumplió a su manera. En vez de
llamarme, todas las noches recibía mensajes suyos en el móvil con las declaraciones de amor más
disparatadas y absurdas que había oído en mi vida. Un detalle tan sencillo como ese logró
levantar bastante mi maltrecho ánimo. Incluso tuve que reconocer que, algunas veces, los
mensajitos eran lo mejor del día.

Seguí matando el tiempo libre con Asun y Luis, pero se notaba la ausencia de Álvaro y la
presencia del frío, que no invitaba a caminar y sí a refugiarnos como hurones en los bares para
tomar caldos y cervezas en feliz hermandad.

La piedra de siete ojos – Miriam Conde.epub
La piedra de siete ojos – Miriam Conde.pdf

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