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La rebelión de los niños (Pdf o Epub)

Ficha

Título: La rebelión de los niños
Autores: Cristina Peri Rossi
Editorial: 13insurgentes
Fecha: 01 ene 2020
Tamaño: 0.69MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Terror
ISBN-10: 843220580X
Páginas: 213
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

La rebelión de los niños encarna, en el mundo de la infancia, el espacio de la subversión y transgresión poética, que pone al descubierto la cara oculta de lo cotidiano, ya que los principales horrores no han estado siempre en la imaginación

Leer el primer capítulo:

Leda desnuda, al borde del lago, maravillosamente inerme, deslumbradoramente vencida,
trémula entre las alas blancas, su delicado cuello torneado por el cuello largo del cisne, Leda
indefensa y engañada, poseída en un rapto de plumas y el peso rosado de la carne del animal —la
carne bajo el envoltorio espumoso y alado—, fascinó su imaginación infantil, hace muchos años, y
propició sus primeras fantasías masturbatorias. (Le agradeció, de paso, su silencio algo distraído,
que evitó las alusiones más o menos psicoanalíticas al posible sadomasoquismo de la imagen o a
una cultura —no muy diferente a la nuestra— que transformaba a las mujeres en objetos y al deseo
en un animal, aunque se tratara del leve cisne, el menos animal de todos los animales, una

categoría o especie desconocida, quizá una forma de la espuma, un elemento de la naturaleza
diferente a los sólidos, a los líquidos y a los gases; el cisne, materialización del sueño o
solamente forma). El dibujo a pluma de Leda poseída por el cisne, encontrado en un libro de
mitología cuando era niño (y conservado a través de los años, ahora amarillento y arrugado,
conservado milagrosamente —no, de manera deliberada— a pesar de los viajes, de las
alteraciones del tiempo y del espacio) fue una manera de intentar disimular la turbación que él
también experimentó cuando vio —en la esfera de sus ojos azules— la mirada miel del animal
dirigida intensamente hacia Ana, el movimiento brusco y decidido del cuello del tigre en

dirección a Ana, la feroz manera con que rugió —desolador rugido, lamento de saxo y de sexo,
grito desgarrador, mugido, vagido, ulular de sirena, queja de quena, como un salteador de
caminos, como un animal en ciudad extraña, como un niño extraviado en la noche, bandido herido,
mujer abandonada, barco que aúlla en medio de la niebla, hace señales, grito de viudo—, cómo,
veloz, lleno de expectativas, en un salto acrobático cruzó el corto espacio de la jaula, devorando

el aire, hasta quedar en el justo ángulo donde Ana —entre la fascinación y el espanto— dio el
paso atrás necesario para crear otra distancia, que no la intimidó, esta distancia no propiciada por
los barrotes sino por el miedo de la mujer que se siente acechada y asediada.
No fue posible ya, esa mañana, mirar a las águilas reales, sus curvas garras, ni contemplar el
vuelo sometido de los cóndores, ni las grandes ojeras de los ágiles mapaches. Ana se refugió
instintivamente en él, dio un paso hacia atrás, escondió su cara en el pecho del hombre y quiso

huir de aquella mirada perturbadora, del rugido doloroso, del salto audaz que la estremeció con el
intenso olor del cuerpo del tigre (paja, hierba, carne cruda, huesos triturados, excrementos, el
rancio olor a orín y el olor revuelto del semen). Se refugió en él, como si huyendo del macho,
buscara la protección de una amiga. Como si sus brazos fueran los de un padre (por la edad, quizá,
podría serlo), como si sus ojos, su cuello, sus movimientos y su andar, no fueran los de un macho,

sino los de un mutante asexuado. Y él la condujo a través de la galería de senderos del zoo, la
llevó por la sabana, bordearon los canteros plantados y las fuentes de piedra, buscó con ella del
brazo la salida, no sin antes volverse, no sin antes volverse y comprobar que a la distancia la
mirada del tigre —fija en ella como en un astro que lentamente se desvanece, fija en ella como en
una figura que se va perdiendo en el lente— se tornaba melancólica y desesperada, la mirada de
alguien que regresa a su soledad luego de un instante de dicha, la mirada de un huérfano recluido,
de alguien que contempla remotamente, sin poseer.

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La rebelion de los ninos – Cristina Peri Rossi.epub
La rebelion de los ninos – Cristina Peri Rossi.pdf