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Los destellos de Saturnalia (Pdf o Epub)

Ficha

Título: Los destellos de Saturnalia
Autores: Yohana Recio
Editorial: Roca Editorial de Libros
Fecha: 29 dic 2019
Tamaño: 1.22MB
Idiomas: Español
Literatura: Libros de Terror
Páginas: 245
Formato de la descarga: epub y pdf

 Sinopsis

En una pequeña localidad llamada Villanueva de la Rosa alguien acuñó alguna vez que la Navidad no era exactamente eso que todo el mundo conocía, sino que había una época anterior llamada Sarturnalia, donde todo lo que la Navidad había echado a perder con su artificialidad, sus sonrisas falsas, sus encuentros indeseados y su interminable listas de dudas, se transformaba en naturalidad, en deseos compartidos, en ilusiones y en verdadera esperanza.

Es entre estas dos realidades por donde transitan Helena, Tomás y todo su entorno, pisando a veces una sombría realidad, y otras; un lugar casi mágico lleno de luz. Sabiendo que la línea entre un sitio y otro es confusa, deberán tomar algunas decisiones que marcarán su futuro más allá de lo que los destellos de Saturnalia les brinden. Quizás ahora sea el momento para parar de correr y pensar qué es lo que realmente queremos, y si estamos haciendo las cosas bien o no.

¡Feliz Saturnalia para ti también!

Leer el primer capítulo:

Helena, ahí afuera tenemos un nuevo paciente, y esta vez te toca a ti. Tiene pinta de… ya
sabes.
Claudia se llevó el dedo a la frente y comenzó a hacer círculos.
¡Uf! Otro enfermo mental. Bonita forma de empezar el fin de semana.
—Dile que pase —contestó Helena suspirando.

Era viernes, las ocho de la tarde y aún no había terminado de trabajar…
—Siéntense, por favor. Soy la doctora Helena de Angulo.
Siguió el protocolo de siempre. Estrechar la mano, tomar asiento y empezar.
—¿Ha acudido a un psiquiatra previamente? —preguntó al que parecía más cuerdo.
—Sí, de hecho el psiquiatra es el que nos ha mandado aquí —dijo el acompañante,
facilitándole el historial.

Helena lo abrió y lo ojeó. «Esquizofrenia paranoide».
—Alejandro Rivas… —murmuró—. Bien, Alejandro, ¿qué tal te encuentras?
—¡Chss! El enchufe me está hablando…
«Genial, este estaba muy loco».

—¿Ah, sí? ¿Y qué le dice? —preguntó Helena, fingiendo sorpresa.
Le guiñó un ojo a su acompañante, que se había puesto blanco.
—Está calculando… ¡Está calculando!
—¿Ha sido matemático?
—Sí, hasta hace poco que le dio el primer brote. ¿Cómo lo sabe?
—Es normal que los esquizofrénicos deliren con los temas que han tratado en su vida.
«Seguían siendo las ocho de la tarde del viernes y ahora tenía enchufes que hablaban. ¡Genial!».
—¿Cuándo ha tomado la última dosis de medicación?

—Pues lo último fueron cinco gotas de haloperidol y el alprazolam, a las tres de la tarde —
respondió el acompañante, tendiéndole la hoja de las recetas.
—¿Ya mismo le toca de nuevo, no? —dijo Helena un tanto preocupada, observando la evidente
fase aguda de su paciente.

—Le tocaba hace media hora, pero estábamos ya aquí y no he podido dársela…
—¿Cómo? —dijo Helena escandalizada—. No puede olvidarse de darle la medicación, es
sumamente importante. Por su propio bien, y por el bien de todos.
«¡Mierda! ¿Habré sido grosera?», pensó.
—¿Es usted el que se hace cargo de él?
—Sí, soy su hermano mayor. Nuestros padres están demasiado mayores para llevar una carga
tan grande. Yo lo llevo bien.

Un atisbo de tristeza cruzó el rostro de Helena. Era ella la que siempre se quejaba de que
llevaba una vida asquerosamente aburrida cuando la mitad de sus pacientes llevaban vidas
ajetreadas y emocionantes, aunque fuera en el mal sentido. Helena se consideraba afortunada. Sin
problemas. Por eso estaba sola.

—¿Estáis conspirando contra mí, verdad? —preguntó de pronto Alejandro, mirando a su
hermano y a Helena alternativamente con una mirada asesina.
—No, Álex, lo que pasa es que no sabemos qué regalarte por Navidad —dijo su hermano conuna sonrisa fingida y triste.
Helena también sonrió forzadamente. Alejandro los miró una vez más, con desconfianza, pero
finalmente se agazapó en su sillón y dijo:

—Ya sabes que no me gustan las figuritas de Star Trek, prefiero las de Star Wars.
—Nos llevamos bien… —dijo su hermano resoplando.
—Pero usted no tiene vida social, con su hermano en casa —intuyó Helena.
—A mi mujer y a mí no nos importa, no tenemos hijos y no solemos salir, preferimos quedarnos
en casa.

—¡Tu mujer es una zorra! ¡Te engaña! ¡Yo lo vi! ¡No te soporta! ¡No te quiere! —le gritó
Alejandro violentamente.
«Este tipo está peor de lo que aparenta», se dijo Helena tras ver la situación.
Normalmente no aceptaría un caso de tal envergadura, con lo tranquila y sosegada que era su
vida de soltera empedernida en una gran casa a las afueras de la ciudad, pero ver la conducta de
aquel hombre tan valiente, acogiendo a su hermano esquizofrénico en casa y aceptando todas las
consecuencias, le levantó los ánimos.

—¿Quiere que le dé cita para la semana que viene, Alejandro? —le preguntó Helena con tacto.
—¡Claro! —dijo Alejandro sin pudor—. ¿Lo ves? ¡Esta señorita es simpática, no como la
víbora de tu mujer, que intenta matarme cuando duermo!

Helena abrió su carpeta de nuevos casos y apuntó: Alejandro Rivas, y justo debajo y en
mayúsculas: ESQUIZOFRÉNICO PARANOIDE. No le gustaba trabajar centrándose en el
trastorno, pero claro, en esta ocasión estábamos hablando de un caso de extrema gravedad.

Los destellos de Saturnalia – Yohana Recio.epub
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